Hay algo que suele pasar cada regreso a clases: aparece una lista de útiles y, de pronto, parece que necesitamos comprar media papelería.
Pero antes de salir corriendo por una mochila nueva, colores, tijeras, reglas y hasta recipientes para el lunch, vale la pena hacer algo mucho menos emocionante, pero bastante útil: revisar la casa.
¿Cuántos colores del ciclo pasado todavía sirven? ¿La mochila realmente necesita cambiarse? ¿Quedaron cuadernos sin usar? ¿Hay uniformes que todavía pueden aprovecharse? ¿El termo y el recipiente del lunch siguen en buenas condiciones?
La Profeco recomienda precisamente revisar y reutilizar los artículos escolares que todavía sean útiles antes de comprar nuevos, además de establecer un presupuesto para evitar que los gastos del regreso a clases se conviertan en deudas.
Haz inventario antes de ir a la tienda
Una forma sencilla es dividir todo en tres montones:
Sí sirve: se queda.
Puede aprovecharse: se limpia, se repara o se reutiliza.
Ya no funciona: entonces sí entra a la lista de compras.
Esto puede parecer una cosa mínima, pero evita comprar por impulso y ayuda a saber exactamente qué hace falta.
También conviene comparar precios antes de comprar y evitar adquirir productos que no estén en la lista solo porque tienen un diseño bonito o porque el personaje favorito de tu hijo aparece en la portada.
Y hay otra idea que puede funcionar muy bien: involucrar a los niños en el proceso.
Pueden revisar juntos sus cosas del año pasado, decidir qué conservar y aprender que estrenar no siempre significa comprar todo nuevamente.
El ahorro también se enseña
El regreso a clases puede convertirse en una oportunidad para enseñarles algo que utilizarán durante toda su vida: cuidar lo que tienen, distinguir entre una necesidad y un gusto y aprovechar los recursos antes de gastar.
Porque ahorrar no significa que los niños tengan que regresar a clases sin nada nuevo.
Significa aprender a decidir qué sí vale la pena comprar y qué todavía puede tener una segunda vida.
Y antes de pasar la tarjeta por la lista completa de útiles, una última pregunta puede ahorrarte más de lo que imaginas:
“¿Esto realmente lo necesitamos?”









