Una exposición con reproducciones de cinco códices mexicanos llegó a la zona arqueológica sonorense, que este año cumple 15 años de abrir sus puertas al público.
El pasado de México llegó hasta el desierto sonorense. La exposición “Códices de México” continúa su recorrido por el país y ahora tiene como escenario la Zona Arqueológica Cerro de Trincheras, uno de los sitios prehispánicos más importantes del noroeste de México.
La muestra reúne reproducciones de cinco documentos fundamentales para conocer distintas etapas de la historia mesoamericana: el Códice Mendocino, el Tonalámatl de Aubin, el Códice Boturini, el Códice de la Cruz-Badiano y el Códice Dresde.
Aunque estos documentos están relacionados principalmente con otras regiones de Mesoamérica, su presencia en Sonora permite acercar al público a una parte de la historia que normalmente parece distante: la manera en que las sociedades antiguas registraban conocimientos, creencias, territorios, costumbres y formas de vida.
Y el escenario elegido tampoco es casual. El Cerro de Trincheras conserva los vestigios de una antigua comunidad del noroeste mexicano y este año marca 15 años desde que la zona arqueológica abrió sus puertas a la visita pública.
El sitio se caracteriza por sus estructuras construidas sobre las laderas del cerro, conocidas como trincheras, además de espacios ceremoniales y habitacionales que permiten acercarse a la vida de las sociedades que ocuparon esta región hace siglos.
La exposición representa también una oportunidad para mirar el patrimonio sonorense desde otra perspectiva: no como algo aislado del resto de México, sino como parte de una historia mucho más amplia y diversa.
Para quienes visiten Cerro de Trincheras, la propuesta permite combinar el recorrido por el sitio arqueológico con una aproximación a documentos que conservan parte de la memoria de otras culturas del México antiguo.
En un estado donde muchas veces la historia prehispánica queda asociada únicamente a los grandes sitios arqueológicos, iniciativas como esta ayudan a recordar que Sonora también tiene un pasado profundo que todavía tiene mucho por contar.
Y quizá esa sea una de las mejores formas de acercar la arqueología a nuevas generaciones: dejar de verla como algo lejano y convertirla en una historia que todavía podemos recorrer, observar y cuestionar.









