Ser madre o padre no viene con un manual de instrucciones, por lo que muchas veces la forma de criar se construye a partir de lo aprendido en casa. Sin embargo, reconocer qué estilo de crianza se está aplicando puede ayudar a mejorar la relación con los hijos y favorecer su desarrollo emocional.
En entrevista para Radio Fórmula, la especialista en educación Mireya Franco explicó que existen cuatro principales estilos parentales: autoritario, permisivo, negligente y democrático, cada uno con diferentes características y efectos en el desarrollo de niñas y niños.
El estilo autoritario se caracteriza por establecer muchas reglas y límites, pero con poca calidez y diálogo. En estos casos, los menores pueden acostumbrarse a que las decisiones sean tomadas por los adultos, lo que puede dificultar el desarrollo de su autonomía y capacidad para tomar decisiones.
En el extremo contrario está el estilo permisivo, donde existe mucho afecto, pero pocos límites. Aunque puede favorecer una autoestima elevada, la falta de normas puede generar dificultades para respetar reglas y adaptarse a otros espacios, como la escuela.
Franco señaló que también existe el estilo negligente, marcado por una baja presencia emocional y pocos límites. Este tipo de crianza puede representar mayores riesgos para el bienestar de los menores, al relacionarse con dificultades de comportamiento, apego y manejo emocional.
Como alternativa, la especialista destacó el estilo democrático, que busca equilibrar afecto, comunicación y límites claros. En este modelo, las reglas existen, pero se explican y se permite que los hijos expresen lo que piensan y sienten.
“Dale mucho amor y ponle límites”, resumió Franco al explicar la importancia de este equilibrio, ya que permite que los menores desarrollen seguridad, sentido de pertenencia y autonomía.
La especialista destacó además que este modelo puede ser especialmente favorable dentro de una crianza inclusiva, pues permite escuchar las necesidades particulares de cada niño y explicarles las razones detrás de las reglas, en lugar de recurrir únicamente a castigos.
Franco aclaró que ningún padre o madre permanece todo el tiempo dentro de un solo estilo, pues la crianza puede cambiar dependiendo de las circunstancias. Por ello, más que buscar la perfección, consideró importante mantenerse conscientes de las decisiones que se toman y estar dispuestos a corregir el rumbo.
La comunicación, dijo, es una de las herramientas fundamentales: explicar los límites, escuchar a los hijos y permitirles hablar sobre lo que sienten y viven diariamente.
Al final, la crianza no se trata de ser padres perfectos, sino de construir una relación en la que los menores encuentren amor, presencia, coherencia y límites, elementos que pueden acompañarlos en la construcción de su autoestima, autonomía y bienestar emocional.









