Hay tareas que no son difíciles, pero que llevamos días evitando: contestar un mensaje, ordenar un cajón, hacer una llamada o comenzar ese pendiente que parece interminable.
Una manera de romper ese ciclo es comprometerse únicamente con los primeros 10 minutos. La meta no es terminar la tarea, sino empezar. Muchas veces, dar ese primer paso es lo que más cuesta.
El método puede aplicarse prácticamente a cualquier pendiente. Se puede poner un temporizador y trabajar durante 10 minutos sin revisar redes sociales ni buscar otra actividad. Cuando termine el tiempo, se puede decidir si continuar o dejarlo para después.
La ventaja es que una tarea que parecía enorme comienza a dividirse en algo mucho más manejable. También ayuda a evitar la sensación de tener demasiadas cosas pendientes al mismo tiempo.
Y si después de esos 10 minutos decides parar, tampoco significa que hayas fallado: ya avanzaste. En ocasiones, comenzar poco a poco resulta mucho más efectivo que esperar a tener la motivación o el tiempo perfecto para hacerlo.








