Puedes tratar temas delicados con tu pareja sin alterarte

En un mundo ideal todos seríamos transparentes con nuestros seres queridos, pero hasta en las relaciones más sanas y satisfactorias se evita hablar de ciertos temas. En ocasiones, lo más inteligente para una pareja es evitar las situaciones que pueden ser perjudiciales para ésta. Y si se hace de forma inteligente no hay nada malo en ello. “No todos los pequeños detalles tienen que discutirse con la pareja”, explica la profesora de comunicación de la Chapman University en Orange Jennifer Bevan. “¿No quieres ir a ver una determinada película? Bueno, de eso va el compromiso. Eso significa estar en una relación”.

La excesiva sinceridad ocasiona discusiones constantes –que por triviales que sean, minan el bienestar de la relación–, pero puede suplirse con privacidad. ¿Hay algo que a tu pareja no le gusta? Hazlo cuando no esté. Todos necesitamos nuestro propio espacio. La intimidad es la única manera de proteger nuestra identidad y la de nuestra pareja.

Dicho esto, no siempre es bueno evitar el conflicto. En ocasiones, el hecho de que estemos empeñados en esquivar determinadas conversaciones es más pernicioso que aquello que se va tratar en esta. Y lo cierto es que, si hay demasiadas cosas que somos incapaces de tratar con nuestra pareja, es que la relación no va por buen camino. Máxime si estas son importantes. El esfuerzo que tenemos que hacer para ocultar una preocupación a nuestra pareja provoca ansiedad y estrés, algo que no sólo puede minar nuestra relación, sino también nuestra salud.

 

La conversación perfecta

Cuando tengamos que tratar un tema delicado con nuestra pareja debemos tener en cuenta los objetivos de la conversación. Sí, solucionar el problema o asunto en sí por el que iniciamos la charla es uno de ellos, pero además esta tiene que servir para que ambos reforcéis vuestra identidad (si tratas de exigir algo, o subyugar a la otra persona, te irá muy mal), y vuestro vínculo afectivo. Una conversación delicada en la pareja no es sólo un tránsito del punto A o B, está repleta de signos verbales o no verbales que pueden fortalecer o dañar la relación. Y es algo que hay que tener muy en cuenta.

 

Estos son las cuestiones que, según Flora, debemos plantearnos antes, durante y después de tratar un tema serio con nuestra pareja, para que la conversación resulte satisfactoria para ambas partes.

 

  1. Piensa por qué quieres tratar el tema

Antes de abrir la boca piensa bien de qué quieres hablar y por qué quieres hacerlo. Antes de discutir, clarifica tus ideas y hazte una pregunta: ¿quieres hablar sobre el asunto por tu propio bien o por el bien de la relación? Si la discusión no va a aportar nada a la relación, quizás debas evitarla.

 

  1. Asegúrate de si merece la pena

Siempre que afrontamos una conversación delicada con la persona que amamos nos preguntamos si será peor el remedio que la enfermedad. Y es una pregunta lógica. Pero no siempre podemos pensar que no merece la pena. Si no hablas de cosas importantes con tu pareja de vez en cuando os iréis alejando de forma irremediable.

 

  1. Haz una prueba

Una buena idea para tratar un tema espinoso es hacer aproximaciones antes de echar la carne en el asador. Puedes, por ejemplo, sacar el tema que quieres tratar hablando de una tercera persona (“Mi amigo Fran ha sido infiel. Pero está arrepentido. Me da un poco de pena…”) Así verás qué opina tu pareja sobre el asunto y valorar si es mejor mantener la boca cerrada.

 

  1. Espera al momento adecuado

Para iniciar una conversación peliaguda debes elegir bien el momento en que tu interlocutor vaya a estar receptivo. Hazlo cuando estéis solos, nadie os vaya a molestar y el clima sea distendido y agradable. Y sobre todo…

 

  1. No tengas conversaciones delicadas cuando estés enfadado

 

El peor momento para mantener una conversación delicada es justo el momento en el que más veces las mantenemos: cuando estamos enfadados. Normalmente el proceso es el que sigue: discutimos por un tema trivial, que nos provoca un enfado y aprovechamos para soltar la artillería pesada. Mala idea. Si estás enfadado date un paseo, pero aborda los temas importantes con la mente calmada. Si estamos cabreados es sencillo que digamos cosas de las que luego nos arrepentiremos.

 

  1. Busca la calidad, no la cantidad

Igual de malo es evitar una discusión como discutir a todas horas. Una charla productiva es mucho mejor que diez pequeñas conversaciones que no van al meollo del asunto. Dicho esto, ten en cuenta que una conversación es un proceso que probablemente lleve a otra conversación. Tampoco pretendas solucionar todos tus problemas tras estar un rato hablando.

 

  1. Habla por ti, no por el otro

Uno de los errores más comunes cuando discutimos con nuestra pareja es dar por sentado cosas que piensa la otra persona pero que en realidad nos conocemos. Habla siempre de lo que tú crees y sientes, nunca de lo que cree y siente la otra persona, porque eso, sencillamente, no lo sabes. Usa expresiones como “déjame decirte cómo me siento”, nunca frases del tipo “te voy a decir cómo eres”.

 

  1. Ponte en su lugar

La empatía es la mejor herramienta con la que contamos para tratar temas delicados con nuestra pareja. Para saber lo que el otro siente es necesario que hagamos el esfuerzo de ponernos en su lugar y nos sintamos responsables de nuestro papel en la situación y los errores que hemos podido cometer. Sé comprensivo, además, con la reacción que puede tener tu pareja: hay gente más sensible que otra, y es algo que tenemos que tener muy en cuenta.

 

  1. No te vayas por las ramas

Al iniciar una conversación delicada con nuestra pareja corremos el riesgo de abrir la caja de Pandora y que empiecen a salir trapos sucios a diestro y siniestro. En cuanto esto ocurra, echa el freno. No puedes hablarlo todo a la vez. Deja claro que no es el momento y ve tratando cada cosa a su tiempo. Si una conversación de este tipo se alarga demasiado ambos podéis acabar exhaustos y muy enfadados.

 

  1. Rebaja la tensión

La mejor forma de quitar tensión durante una conversación delicada es ser divertido y hacer bromas. Hay quien puede pensar que esto no viene a cuento, pero es lo mejor que podemos hacer para enfriar la situación y ver las cosas con mayor perspectiva. El humor es el mejor antídoto contra la ira, la frustración, el resentimiento y la tristeza.

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