Los resultados del examen de ingreso a la UNAM generaron dudas por un comportamiento estadístico inusual y por las irregularidades detectadas durante la aplicación, situación que ahora coloca a la universidad ante el reto de recuperar la confianza de miles de aspirantes.
En entrevista con Soledad Durazo, el investigador en educación Guillermo López Franco explicó que los resultados llamaron la atención debido al incremento atípico de estudiantes con puntuaciones muy altas. Como ejemplo, señaló el caso de Medicina, donde el promedio de puntos pasó de alrededor de 58 en años anteriores a 81 en el último proceso.
A esto se suma que la propia UNAM ya había detectado y cancelado cerca de 3 mil exámenes por posibles prácticas fraudulentas durante la aplicación en línea, en un proceso en el que participaron más de 150 mil aspirantes.
López Franco explicó que entre las formas de hacer trampa detectadas o señaladas se encuentran el uso de inteligencia artificial, dispositivos adicionales, teléfonos celulares e incluso grupos de WhatsApp donde presuntamente se compartían respuestas.
El problema, consideró, no termina en determinar quién hizo trampa. Uno de los mayores daños está en los estudiantes que obtuvieron resultados que en años anteriores habrían sido suficientes para ingresar, pero que esta vez quedaron fuera ante el aumento de las puntuaciones.
“Todos son sospechosos”, resumió el investigador al referirse al escenario que enfrenta actualmente la universidad, pues la institución debe encontrar la manera de distinguir entre quienes obtuvieron sus resultados legítimamente y quienes recurrieron a prácticas deshonestas.
Para López Franco, el conflicto también representa un golpe importante para la reputación de la UNAM, pues no se trata únicamente del costo económico o de resolver la inscripción de los nuevos estudiantes, sino de preservar la credibilidad de una de las instituciones educativas más importantes del país.
Ante esta situación, consideró que la universidad tendrá que replantear sus mecanismos de evaluación y selección. Incluso anticipó que otras instituciones podrían reconsiderar el uso de exámenes a distancia y regresar a procesos presenciales con mayor supervisión.
Pero detrás del problema tecnológico existe otro debate: la normalización de la deshonestidad entre los jóvenes. El investigador cuestionó que algunos estudiantes hayan presumido públicamente haber hecho trampa sin mostrar arrepentimiento.
Más allá de modificar el examen, dijo, también será necesario preguntarse qué está ocurriendo en términos de formación ética y qué mensaje recibe una generación cuando la deshonestidad deja de representar un motivo de vergüenza.
El reto inmediato para la UNAM será resolver el proceso de admisión y garantizar que quienes obtengan un lugar lo hayan conseguido de manera legítima. De no hacerlo, advirtió López Franco, la generación que está por ingresar podría cargar durante años con una etiqueta difícil de borrar: la generación marcada por la trampa.
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