En medio de las responsabilidades, los pendientes y las exigencias de la rutina diaria, encontrar un momento para ti, puede convertirse en un pequeño lujo. Sin embargo, disfrutar de la propia compañía no debería ser un premio que llega únicamente cuando todo está resuelto.
Tomar un café sin prisa, leer unas páginas de un libro, salir a caminar o escuchar música que te gusta mientras cae la tarde son actividades sencillas que permiten hacer una pausa y reconectar con lo que sentimos y necesitamos.
Con frecuencia, las rutinas se construyen alrededor del trabajo, la familia y las obligaciones. En ese ritmo, el tiempo personal suele quedar en el olvido de la lista, como si descansar o disfrutar de un momento a solas fuera algo que debiera justificarse.
Aprender a disfrutar la propia compañía también implica reconocer que no todos los planes necesitan ser compartidos y que pasar tiempo a solas no significa sentirse solo. Puede ser una oportunidad para descubrir intereses, recuperar actividades olvidadas y re-aprender a disfrutar de pequeños placeres cotidianos de la vida.
Tampoco hacen falta gastos ni planes extraordinarios. A veces, basta con desayunar tranquilamente, visitar un lugar agradable o reservar unos minutos del día para hacer algo que realmente disfrutes.
En una vida que constantemente exige atención y disponibilidad, regalarse tiempo puede ser una manera sencilla de recordar que el bienestar personal también merece un lugar en tu rutina.
Porque, en ocasiones, uno de los mejores planes es: aprender a disfrutar de estar con una misma.
En la fotografía: Evelyn Vargas










