Las adicciones en la infancia van más allá del consumo de drogas y pueden comenzar con hábitos cotidianos que afectan el bienestar de niñas y niños, advirtió Mireya Franco, especialista en educación, al abordar la importancia de la prevención desde los primeros años de vida.
Durante su participación en una entrevista radiofónica, Franco explicó que el trabajo preventivo corresponde tanto a padres de familia como a docentes, quienes deben ayudar a los menores a reconocer y manejar sus emociones, establecer límites, aprender a decir no y pedir ayuda cuando lo necesiten.
La especialista distinguió entre el consumo de sustancias y las conductas adictivas, al señalar que estas últimas pueden identificarse por la pérdida de control y la necesidad de repetir una actividad, como el uso de celulares, tabletas o videojuegos.
Como ejemplo, mencionó que el tiempo que los menores pasan frente a las pantallas y su reacción cuando se les retiran los dispositivos pueden ser señales para que los padres observen sus hábitos y detecten posibles dificultades a tiempo.
Franco destacó que el cerebro continúa en desarrollo durante la adolescencia, por lo que consideró fundamental acompañar a niñas y niños en la formación de hábitos saludables, en lugar de esperar a que aparezca un problema de consumo.
Respecto a las sustancias, señaló que, aunque las cifras citadas durante la entrevista muestran una disminución en el consumo de alcohol entre jóvenes, persiste la preocupación por el inicio temprano en el uso de drogas y la influencia de familiares o amigos que pueden ofrecerlas.
También subrayó la importancia de que las escuelas cuenten con protocolos para atender posibles casos de consumo, pues el personal docente puede observar cambios de comportamiento y dar aviso, aunque no le corresponde realizar diagnósticos médicos o psicológicos.
Finalmente, la especialista resaltó el papel de las artes y del acompañamiento emocional como herramientas preventivas, al considerar que detrás de algunas conductas de riesgo puede haber necesidades emocionales que los menores no saben cómo expresar o atender.
La prevención, concluyó, debe comenzar desde la infancia mediante la formación emocional, la comunicación familiar y el acompañamiento oportuno.








