Cuando alguien dice “ya no puedo”: escuchar también puede salvar una vida

Por Silvana Saavedra Duarte

Hay personas que siguen trabajando, conviviendo, haciendo bromas, celebrando cumpleaños y aparentando que todo está bien, mientras por dentro atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida. Por eso, hablar de prevención del suicidio también implica aprender a mirar más allá de lo evidente.

En el marco de septiembre, mes dedicado a generar conciencia sobre la prevención del suicidio, la psicóloga Michelle Gortárez hizo un llamado a dejar de pensar que las crisis emocionales siempre tienen una apariencia reconocible.

Durante su participación en la sección de bienestar emocional, explicó que muchas de las historias que escucha en consulta nunca habían sido contadas en voz alta. Personas que durante meses o incluso años guardaron lo que sentían hasta llegar a un punto en el que ya no sabían cómo pedir ayuda.

Y no siempre comienzan diciendo que quieren morir.

A veces dicen que están cansadas. Que ya no pueden más. Que quisieran dormir y no despertar. Que necesitan salir de donde están, aunque ni siquiera sepan explicar exactamente de qué.

Para Gortárez, aprender a identificar esas expresiones es fundamental, porque pueden ser la manera en que una persona intenta comunicar que algo dentro de ella dejó de funcionar como antes.

“Aprendamos a escuchar”, fue uno de los principales mensajes de la especialista.

Y escuchar, aclaró, no significa tener inmediatamente una solución. Tampoco significa decirle a alguien que “todo va a estar bien” o intentar convencerlo de que existen personas que están peor. Significa detenerse, prestar atención y reconocer que lo que para uno puede parecer una frase pasajera, para otra persona puede representar un pedido de auxilio.

Otro de los puntos que destacó es que el sufrimiento emocional puede esconderse detrás de una vida aparentemente normal. Las redes sociales, dijo, han reforzado la idea de que debemos mostrar una familia perfecta, un trabajo perfecto, un cuerpo perfecto y una vida perfecta, aunque detrás de esa imagen exista una realidad completamente distinta.

Incluso quien parece ser “el alma de la fiesta” puede estar atravesando una depresión.

Por ello, la prevención no puede depender únicamente de detectar a una persona cuando la crisis ya es evidente. También requiere construir relaciones donde exista la confianza suficiente para decir “no estoy bien” sin miedo a ser juzgado.

Gortárez habló de la importancia de formar vínculos sanos, estables y predecibles, basados en el amor, la compasión y la escucha. No como una fórmula que garantice que nunca ocurrirá una crisis, sino como una red que permita que una persona no tenga que enfrentarla completamente sola.

También hizo una precisión importante: acompañar no significa cargar con la responsabilidad de salvar a alguien. Familiares, amigos y compañeros pueden estar presentes, escuchar y ayudar a buscar atención profesional, pero no tienen que convertirse en terapeutas.

La ayuda especializada sigue siendo necesaria, especialmente cuando existe riesgo.

Y quizá ahí está una de las tareas más importantes de este mes: entender que la prevención del suicidio no comienza únicamente cuando alguien intenta hacerse daño. Puede comenzar mucho antes, en una conversación, en una llamada, en preguntar sinceramente “¿cómo estás?” y tener la disposición de quedarnos a escuchar la respuesta.

Porque detrás de un “estoy cansado” puede haber mucho más de lo que imaginamos.

Y detrás de alguien que parece tenerlo todo bajo control, también puede existir una batalla que nadie conoce.

Hablar salva silencios. Escuchar puede abrir una puerta. Y pedir ayuda no es una debilidad, sino una forma de empezar a salir de un lugar que, aunque hoy parezca oscuro, no tiene por qué ser el final.

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