La ansiedad que atraviesa a buena parte de la sociedad podría estar relacionada no solo con lo que ocurre en el presente, sino con la manera en que las personas imaginan aquello que todavía no sucede.
Durante su participación en el espacio de radio fórmula con SD, el analista Juan Carlos Puebla reflexionó sobre la relación entre ansiedad y futuro, y señaló que proyectarse hacia lo que viene es una característica propia del ser humano que no debería abandonarse por miedo a la incertidumbre.
Puebla explicó que la ansiedad suele aparecer cuando esa proyección se construye desde un escenario negativo. Es decir, cuando el futuro se imagina como un panorama desolador y se pierde la esperanza de que las cosas puedan mejorar.
Sin embargo, consideró que algunas ideas que buscan combatir la ansiedad, como vivir únicamente el presente o evitar generar expectativas, pueden llevar al extremo contrario: renunciar a la capacidad de imaginar y trabajar por aquello que se quiere conseguir.
“Si tú le quitas la condición proyectiva del ser humano hacia el futuro, estás quitando la posibilidad de vivir o de transformar”, planteó.
Para el analista, establecer metas y tener expectativas no significa que todo tenga que salir conforme a lo planeado. Por el contrario, parte del proceso consiste en aceptar que pueden existir fracasos, cambios de rumbo y situaciones que escapen de nuestro control.
Ahí es donde, dijo, entra la adaptabilidad.
Puebla consideró que aprender a adaptarse permite mantener la capacidad de proyectarse sin convertir cada expectativa incumplida en una derrota. También implica dejar de lado el perfeccionismo y entender que equivocarse forma parte del proceso.
En lugar de concentrarse únicamente en alcanzar determinado resultado —como conseguir un mejor empleo, comprar una casa, emprender o alcanzar cualquier otra meta personal—, propuso darle mayor valor al camino recorrido y disfrutar las experiencias que surgen durante ese proceso.
“La vida es más el proceso de vivir que el resultado”, resumió.
Puebla también cuestionó la idea de que dejar de proyectarse sea necesariamente una solución para reducir la ansiedad. Recordó que buena parte de las transformaciones sociales y de los grandes proyectos construidos por la humanidad comenzaron precisamente con la capacidad de imaginar algo que todavía no existía.
Por ello, consideró importante conservar esa posibilidad de pensar en el futuro, pero acompañarla de una mayor capacidad para afrontar la incertidumbre, aceptar los tropiezos y volver a intentarlo.
La ansiedad, planteó, no tendría que llevar a las personas a renunciar a sus expectativas, sino a aprender a relacionarse de otra manera con ellas: proyectarse, arriesgarse, equivocarse y adaptarse sin perder de vista que el futuro no está escrito.








