Hermosillo, Sonora.- Entre algoritmos que seleccionan el contenido que aparece en redes sociales, videos generados con inteligencia artificial y nuevas propuestas para regular a las audiencias, cada vez resulta más necesario que las personas aprendan a identificar qué información es verdadera y cuál no, consideró Bolo Hernández, de Estudihambre.
Durante una entrevista con Soledad Durazo, el comunicador cuestionó quién termina definiendo la realidad que consumen los usuarios de plataformas como TikTok, Instagram y Facebook, donde las publicaciones que aparecen en pantalla son seleccionadas a partir de los intereses y comportamiento de cada persona.
Explicó que una interacción tan sencilla como dar “like”, compartir una publicación o detenerse a observar determinado contenido puede modificar lo que el algoritmo mostrará posteriormente, creando una especie de realidad personalizada.
“¿Esta es mi realidad o el algoritmo?”, planteó al referirse a la manera en que las redes pueden influir en las percepciones de los usuarios.
Hernández puso como ejemplo la popularidad de contenidos relacionados con las llamadas trad wifes —mujeres que promueven una visión tradicional del matrimonio y la vida doméstica—, así como las discusiones sobre música, entretenimiento y otros temas que generan posiciones encontradas en redes sociales.
Ante este escenario, señaló que el reto no debería centrarse únicamente en prohibir o regular contenidos, sino en enseñar a las personas a discernir, particularmente a las nuevas generaciones.
Advirtió que actualmente también existe una brecha entre quienes tienen mayor facilidad para identificar contenidos manipulados o generados con inteligencia artificial y personas mayores que pueden recibir este tipo de materiales y compartirlos sin saber que son falsos.
Por ello, consideró necesario que la educación incorpore herramientas para reconocer información falsa, contenido manipulado y posibles intentos de desinformación.
“La audiencia crítica” no debe ser aquella que simplemente rechaza lo que piensa diferente, explicó, sino la que tiene la capacidad de conocer otros puntos de vista, cuestionarlos y construir un criterio propio.
El comunicador también cuestionó que sea el gobierno quien determine qué contenidos son éticos o cuáles deben ser regulados, particularmente ante las propuestas que buscan establecer nuevas reglas para los medios y las audiencias.
Consideró que existe el riesgo de que una regulación planteada bajo el argumento de proteger a las audiencias termine limitando la libertad de expresión, especialmente cuando quien regula también puede convertirse en juez de lo que considera correcto o incorrecto.
Frente a ello, propuso que las decisiones se construyan mediante mesas de trabajo en las que participen autoridades, medios, plataformas y usuarios, con el objetivo de encontrar puntos de coincidencia.
Finalmente, llamó a la ciudadanía a participar en el proceso de consulta abierto por el gobierno sobre la regulación de las audiencias, al considerar que, aun cuando exista desconfianza sobre el resultado, es importante ejercer el derecho a opinar.
La discusión, sostuvo, no debería limitarse a decidir qué se puede o no se puede ver, sino a formar ciudadanos capaces de cuestionar, verificar y construir su propio criterio frente a la información que reciben todos los días.









