- Qué si se puede y qué no se puede compartir. Enseña a tus hijos
Enseñar a los hijos a compartir es una de las habilidades sociales más importantes en la infancia. Compartir no solo se trata de prestar objetos, sino de desarrollar empatía, respeto y la capacidad de convivir con otros. Sin embargo, también es fundamental que los niños aprendan que no todo debe compartirse y que existen límites sanos. Esta diferencia les ayuda a proteger su bienestar emocional, su seguridad y su sentido de identidad.
Desde temprana edad, los niños pueden aprender a compartir mediante el ejemplo de los adultos. Cuando los padres comparten tiempo, atención o recursos de manera equilibrada, los hijos observan y reproducen estas conductas. También es útil enseñarles con situaciones cotidianas, como turnarse para usar un juguete, compartir materiales en la escuela o dividir alimentos en casa. En estos casos, compartir significa aprender a esperar, negociar y reconocer las necesidades de otros.
Entre lo que sí se puede compartir se encuentran los objetos de uso común o recreativo, como juguetes, libros, colores, juegos de mesa o materiales escolares (siempre que no sean personales o indispensables para el niño en ese momento). También se puede compartir el tiempo, la atención, la comida en familia y, sobre todo, experiencias como juegos o actividades. Este tipo de compartir fomenta la convivencia, la cooperación y la generosidad.
Sin embargo, es igual de importante enseñar qué no se debe compartir. Por ejemplo, objetos personales de higiene como cepillos de dientes, toallas, ropa interior o artículos médicos no deben compartirse por razones de salud. Tampoco deben compartirse datos personales, contraseñas, información privada o situaciones que puedan poner en riesgo la seguridad del niño. Además, es esencial que los niños aprendan que sus emociones, su espacio personal y su derecho a decir “no” también deben ser respetados.
Una parte clave de este aprendizaje es enseñar la diferencia entre ser generoso y permitir abusos. Un niño que siempre se ve obligado a compartir todo puede sentirse invadido o frustrado. Por ello, los adultos deben validar sus sentimientos y enseñarles que está bien no compartir cuando algo es importante para ellos o cuando no se sienten cómodos.
También es útil establecer reglas claras en casa y reforzarlas con paciencia. Por ejemplo, “en esta familia compartimos los juguetes cuando estamos jugando juntos, pero cada quien puede decidir sobre sus cosas personales”. De esta manera, los niños comprenden que compartir es una decisión consciente, no una obligación absoluta.
Enseñar a los hijos a compartir implica encontrar un equilibrio entre la generosidad y el respeto por los límites personales. Al aprender qué se puede compartir y qué no, los niños desarrollan habilidades sociales saludables, fortalecen su autoestima y construyen relaciones más seguras y respetuosas con los demás.










