Después de más de un mes de emociones, la Copa del Mundo llegó a su fin y el publicó quedó un poco huérfano ahora que ya no hay un evento que acapare la atención y comentarios de la mayoría de la gente, desde los canales deportivos y los noticieros hasta el mismísimo atril presidencial.
El campeonato se va diluyendo en el recuerdo. Todavía hay quienes revisan las estadísticas del Mundial con más partidos y goles de la historia, debaten si la selección Argentina fue una mala perdedora al mantenerse de cara a sus aficionados mientras los españoles celebraban o ríen de los intentos de Trump por aparecer en la foto de Rodri levantando el trofeo. Pero nada de eso puede suplir la ausencia de los equipos en los estadios.
Poco a poco, la agenda pública fue reconquistada por los temas habituales. La guerra de bombardeos entre Irán y Estados Unidos por el paso en el estrecho de Ormuz, los audios de la gobernadora Marina del Pilar ofreciendo información a supuestos agentes del FBI a cambio de recuperar su visa y evitar acciones penales; el arresto del ex gobernador Ernesto Ruffo Appel por presunto huachicol fiscal. En la propia víspera del encuentro entre Argentina y España, diez cuerpos aparecieron colgados de un puente vehicular en Zacatecas.
El torneo presentó un repertorio de estrellas consagradas y de nuevos rostros que mantuvieron la cartelera abarrotada, como lo pudimos ver en los estadios, pese a los exorbitantes precios de las entradas, hasta las plazas con pantallas gigantes.
El espectáculo fue variado: despedidas de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo; el heroísmo de Cabo Verde, la sed goleadora de Kylian Mbappé y la coreografía vikinga de Noruega. La selección mexicana aportó su acto jugando muy por encima de las expectativas para concluir su participación en la instancia acostumbrada. Siempre hubo historias para contar y titulares para acaparar en los medios.
Sí, la Copa de la FIFA le dio al mundo 38 días de descanso para gozar y sufrir por algo tan banal como un juego de pelota. Pero el público necesitaba poder sufrir y gozar por algo que no fuera la política, la economía o la violencia.
Ahora que la Copa fue entregada y que cada uno de los participantes regresó a casa, se queda ese vacío de unas vacaciones que fueron demasiado cortas. El refugio queda en las diversiones habituales, aunque la Liga MX, la Premier League o la Champions tardarán en volverse un consuelo.
Al principio de esta serie de comentarios, se habló de la Copa del Mundo como un período de gracia, un paréntesis de lo cotidiano. Lo cotidiano siempre permaneció, quedó un poco oculto nada más, porque podíamos presenciar la historia de la épica moderna mientras se escribía.
No me queda más que agradecer al amable lector que compartió estás líneas en las últimas semanas y a la maestra Soledad Durazo por su invaluable confianza y apoyo.
Nos leeremos, si Dios quiere, muy pronto. Mientras tanto, seguiremos contando la épica del hombre común. Gracias.








