Los berrinches no son mala conducta. Entendiendo más qué debemos hacer

Escuchar a un niño llorar, gritar o tirarse al piso en medio de un supermercado, una plaza o una reunión familiar puede ser una de las experiencias más estresantes para cualquier padre. Muchos sienten vergüenza, desesperación o incluso creen que están haciendo algo mal. Sin embargo, los berrinches forman parte del desarrollo normal de la mayoría de los niños pequeños y representan una oportunidad para enseñarles a manejar sus emociones.

¿Qué es un berrinche?

Un berrinche es una explosión emocional intensa que suele manifestarse con llanto, gritos, patadas, golpes, lanzar objetos o negarse a colaborar. Generalmente aparece entre los 18 meses y los 4 años de edad, alcanzando su punto máximo alrededor de los dos o tres años.

A esa edad, el cerebro de los niños aún está desarrollando las áreas encargadas del autocontrol y la regulación emocional. Ellos sienten emociones muy intensas, pero todavía no cuentan con las herramientas necesarias para expresarlas de manera adecuada. En pocas palabras, no hacen un berrinche porque sean “malcriados”, sino porque aún están aprendiendo a manejar la frustración.

¿Por qué suceden?

Las causas más comunes son:

  • Cansancio o falta de sueño.
  • Hambre.
  • Exceso de estímulos o ruido.
  • Frustración al no conseguir lo que desean.
  • Dificultad para expresar con palabras lo que sienten.
  • Cambios en las rutinas.
  • Necesidad de atención.

Muchas veces el berrinche no tiene como objetivo manipular a los padres; simplemente es la forma que tiene el niño de comunicar que algo lo ha sobrepasado emocionalmente.

¿Cómo prevenir los berrinches?

Aunque no es posible evitarlos por completo, sí se pueden reducir considerablemente.

Mantener horarios regulares para dormir y comer ayuda a que los niños estén más tranquilos. También es importante anticiparles lo que va a ocurrir. Por ejemplo: “En cinco minutos nos iremos del parque” o “Hoy solo compraremos el pan”.

Dar opciones sencillas también disminuye los conflictos. En lugar de imponer todo, se puede preguntar: “¿Quieres ponerte la playera azul o la roja?” De esta manera el niño siente que tiene cierto control.

Otra estrategia consiste en reconocer sus emociones. Frases como “Sé que estás enojado porque querías seguir jugando” les enseñan que sus sentimientos son válidos, aunque no siempre puedan obtener lo que desean.

Finalmente, los padres deben recordar que los niños aprenden observando. Si los adultos reaccionan con gritos, amenazas o violencia, ellos terminarán haciendo lo mismo cuando enfrenten una frustración.

¿Qué hacer cuando ocurre un berrinche en público?

Quizá sea el momento que más incomoda a los padres. Las miradas de otras personas pueden generar mucha presión, pero lo más importante es concentrarse en el niño y no en quienes observan.

Lo primero es conservar la calma. Respirar profundamente antes de reaccionar ayuda a evitar responder con enojo.

Después, verificar que el niño esté seguro y no pueda lastimarse. Si es posible, conviene llevarlo a un lugar tranquilo donde pueda calmarse sin tantos estímulos.

Hablar con voz firme y tranquila suele ser más efectivo que gritar. No es recomendable entrar en largas explicaciones mientras el niño está alterado, ya que en ese momento difícilmente podrá escuchar o razonar.

Tampoco es buena idea ceder únicamente para que el berrinche termine. Si el niño aprende que gritando obtiene lo que quiere, probablemente repetirá esa conducta en el futuro.

Cuando finalmente se calme, entonces sí es momento de conversar. Preguntarle qué sintió, explicarle otras maneras de expresar su enojo y reconocer cuando logra tranquilizarse son pasos importantes para fortalecer su inteligencia emocional.

Lo que debemos evitar

Durante un berrinche es recomendable evitar:

  • Gritar o perder el control.
  • Golpear o utilizar castigos físicos.
  • Humillar al niño frente a otras personas.
  • Amenazar con abandonarlo.
  • Burlarse o minimizar lo que siente.
  • Negociar cada vez que hace un escándalo.

Estas respuestas suelen aumentar la intensidad del berrinche y pueden afectar la confianza del niño.

¿Cuándo es necesario buscar ayuda?

Los berrinches suelen disminuir conforme el niño desarrolla el lenguaje y aprende a controlar sus emociones. En la mayoría de los casos desaparecen casi por completo entre los cinco y seis años.

Sin embargo, conviene consultar con un pediatra o un psicólogo infantil cuando:

  • Los berrinches continúan siendo muy frecuentes o intensos después de los cinco años.
  • El niño se lastima a sí mismo o agrede gravemente a otras personas.
  • Duran más de 20 o 30 minutos de manera constante.
  • Ocurren varias veces al día durante un periodo prolongado.
  • Interfieren con su vida escolar, familiar o social.
  • Los padres sienten que han intentado diferentes estrategias sin obtener resultados.

Buscar orientación profesional no significa que exista un problema grave; muchas veces basta con recibir herramientas adecuadas para mejorar la convivencia familiar.

Educar con paciencia

Criar hijos pequeños implica enfrentar momentos difíciles. Los berrinches no son una señal de que los padres estén fracasando, sino una etapa del desarrollo que puede convertirse en una oportunidad para enseñar autocontrol, empatía y manejo de las emociones.

La paciencia, la constancia y el afecto son mucho más efectivos que los gritos o los castigos. Cada vez que un adulto acompaña a un niño a superar un berrinche con calma y respeto, está ayudándolo a construir habilidades que le servirán durante toda la vida.

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