En julio de 2025 pregunté vía transparencia a la Fiscalía General de Justicia de Sonora cuántos cuerpos no identificados habían ingresado a sus Servicios Médicos Forenses entre 2021 y 2025. Me respondieron: 6,176.
Un año después hice exactamente la misma pregunta. Me respondieron: 493; la diferencia a la que alude el título de esta columna.
No quedé conforme con la respuesta y volví a preguntar por la misma vía y en esta ocasión anexé el documento del año anterior para que me contestaran con exactitud, y decidieron volver a responder lo mismo: 493.
No pensé que hubiera censura sino que más bien una equivocación. Así que decidí quitar el anonimato con el que anteriormente solicité la información y pregunté directamente al departamento de comunicación social de la Fiscalía General de Justicia de Sonora, donde me contestaron lo siguiente:
“Así lo quisimos interpretar este año, esa es la respuesta oficial.”
Al explicarles los datos y mostrarles que los números no cuadraban con los mismos del año anterior, me volvieron a contestar lo mismo:
“Así lo decidimos contestar este año.”
La respuesta no me pareció e insistí en la contradicción evidente en la que ellos mismos estaban cayendo; me estaban ocultando más de 5 mil cuerpos.
Al darse cuenta de que la cifra que intentaban sostener implicaba ocultar 5,683 cuerpos respecto a su propia respuesta del año anterior, cambiaron el tono. Me dijeron que iban a ver cómo resolverlo.
Pero el problema era que no solo había una pregunta sin responder correctamente, sino varias. Y yo no les estaba pidiendo un favor, les estaba solicitando que respondieran lo que se les preguntó, porque NO ES OPCIONAL.
Y fue ahí cuando se dieron cuenta que las tenían de perder. Entonces me respondieron exactamente lo que pregunté al principio: cuántos cuerpos no identificados habían ingresado a sus Servicios Médicos Forenses entre 2021 y 2025.
Y aquí viene la pregunta: ¿qué hubiera pasado si yo no tuviera la respuesta del año anterior? ¿Me habrían contestado con exactitud de todas formas, o simplemente me hubieran dejado con la respuesta que me habían dado?
De todo esto aprendí algo: la censura no siempre llega con una negativa. A veces llega disfrazada de respuesta y ésta puede ser incompleta, reinterpretada, acomodada a lo que la institución quiere decir en lugar de lo que es. Y si no tienes con qué comparar, te quedas con esa versión y asumes que es la verdad.
Las instituciones no se deben a sí mismas. Se deben a los ciudadanos. Responder lo que se les pregunta no es un favor, es una obligación. Y una obligación que solo se cumple cuando la autoridad sabe que tiene las de perder. No podemos confiar en su transparencia, la realidad nos lleva a considerar que la simulación es muy frecuente cuando de rendir cuentas se trata.











