El pasmo de la humanidad.

Por Octavio Almada Palafox 

Sí, continuamos con la infección del virus y para estas alturas cada humano que está enterado de ello ha cursado varias crisis. Su presente está alterado, su futuro incierto y su pasado, más que nunca, es recordado con nostalgia. Vivíamos, sin saberlo, una época que no supimos tasar en su valor. Y estamos en un punto en el cual la natural elaboración de la esperanza está cuestionada. Pero no, este no es el pasmo del que quiero comentar, sino el de la humanidad. El pasmo de la humanidad en su experiencia civilizatoria.

Cierto, el pasado puede verse como añoranza. He escuchado a las personas decir: “Cuando éramos felices y no lo sabíamos”. Millones pueden decir lo mismo. Pero esa felicidad era precisamente el efecto de una causa equivocada. Sí, la civilización vivía flotando sobre un error. Y cuando me refiero a ello es por el conjunto de decisiones que se tomaron para crear muchas de las condiciones que propiciaron que no pudiera, la civilización, confrontar de otra manera la crisis de salud que propició también la crisis económica. Ahora vemos muchas prisas, con los pasos erráticos que provocan las prisas, para enderezar el destino a algo más favorable para la humanidad.

Y ese fue uno de los errores sobre los que flotábamos: la mecánica política, social que permite que pocos tomen las decisiones del total de las personas. Y no critico que pocos tomen las decisiones, sino las personas que las toman. La historia de la civilización ha tenido muchos puntos de inflexión en  los cuales se puede sentar a pensar eso de tomar decisiones. Decisiones que, por ejemplo, nos llevaron a una explosión demográfica que demanda del planeta una dosis inmensa de energía para consumir y aliviar sus necesidades. Sí, los cálculos ya existen desde hace muchos años, los suficientes para reconducir a la civilización a un comportamiento en su regeneración generacional.

Y eso hay que asumirlo, las condiciones de conducir a la humanidad estaban dadas, el cálculo la construcción de escenarios sociales, las proyecciones matemáticas y computables para prever crisis, el diseño que se logró para observar las crisis cíclicas, la suma de las necesidades, la forma de conglomerarse en hábitats residenciales, el diseño muy espectacular pero terriblemente mal de las ciudades que ahora son el nicho perfecto de la expansión del virus, por su hacinamiento, por propiciar la convivencia demasiado estrecha de masas enormes de personas. Todo, todo se pudo prever, en materia de la organización de la humanidad. Si los tomadores de las decisiones, -que nosotros permitimos, hay que repartir culpas- decidieron que muchos procesos tomaran su camino por su propio peso, por sus inercias, entonces, esa fue una forma de que la civilización tomara la forma que hoy tiene. La inercia, sumada a otras inercias y a decisiones no del todo reflexionadas, nos llevó a esto. Veamos esa época que comentamos, la época anterior al virus que nos tiene  así. Ya estaba en una deriva incontrolable el cambio climático y sus consecuencias. Cierto, hay quienes dicen que no es del todo humano, pero si es humano el no crear el sistema de control para que la humanidad no tomara el camino más fácil, el más cómodo, el más hecho por hombres que prefirieron sus pugnas con otros hombres, pugnas por territorios, por zonas comerciales, por zonas de protección de los intereses nacionales, por zonas de expansión de empresas transnacionales, por zonas de explotación de recursos ambientales, por zonas de explotación de recursos humanos de otros países, por permitir que el sistema de creación de desigualdades sociales se agudizara de tal manera que existe una brecha inmensa y e irracional entre pobres y ricos, por permitir que todas las formas de corrupción fueran tomando, sí, los espacios de decisión política. Sí, se permitieron muchas inmoralidades, muchas suciedades, muchas inercias. La civilización sí, estaba pasmada en otro sentido de vida y no el del cuidado de su propia y delicada organización civilizatoria.

Y ahora vemos más que nunca las desnudeces crudas de grupos políticos que se resisten a tener la conciencia de su daño. Prefieren las desigualdades, prefieren la desintegración social, la discriminación, prefieren el consumo desbordado y las maneras monárquicas. Y sí aquí está el resultado del pasmo de la humanidad.

Y es cierto que hubieron mentes que avisaron de ello, que mostraban desde hace siglos el camino equivocado de las sociedades, de los valores erráticos a seguir, de las individualidades, de las legislaciones permisivas, de la falta de humanidad ….de la propia humanidad que asiste por hoy a una crisis que no puede controlarse.

Disculpen por esta reflexión. Todo ello es para convocarnos a nosotros mismos a salir del pasmo. ¿Cómo? Ahí están los elementos, simplemente no hay que permitir decisiones de intereses privados o sectoriales. O somos todos o no seremos ninguno. Estamos a tiempo? Espero que sí…Hay muchos que quieren la sobrevivencia no sólo de sí mismos, sino de las generaciones posteriores, incluso de la especie humana. Eso se nota en las decisiones que se están tomando, no sólo para un futuro mejor, sino para un presente que está muy dañado por siglos de decisiones erráticas.

“Desiciones, el miedo es  cáncer del mundo” Octavio Almada

@octavioalmada1
@ElCobanaro
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