Lunes. Las alarmas sonaron como de costumbre. Rubén despertó. Revisó el teléfono varias veces, apenas unos cuantos mensajes, varias notificaciones de las cuentas de periódicos a las que está inscrito. Su nombre apenas se mencionaba. Suspiró con alivio.
Se acomodó los lentes y bajó a desayunar. Después de un tiempo, logró acostumbrarse a no tener que salir antes del amanecer para visitar vecindarios o para inaugurar eventos. La quietud había sido casi insoportable, pero ahora estaba mejor.
Volvió a revisar su teléfono, apenas algunos mensajes más, poco entusiastas, de familiares y unos cuantos amigos, pero nadie del partido o de la oficina. Rubén dejó el teléfono y se sentó frente al televisor. Dio un vistazo por la ventana, los guardias ya estaban haciendo sus rondines mientras soportaban el calor.
Inició el juego. Rubén suponía que España no tardaría en vapulear a la debutante Cabo Verde, tal como Alemania había arrollado a Curaçao, así que esperó. Pasaban los minutos y solo veía a la Furia Roja embestir una y otra vez el área rival sin imaginación o sin ideas. Se frustró, ya no soportaba escuchar al narrador ensalzando las atajadas del guardameta Vozinha.
Aburrido, Rubén siguió revisando las notificaciones del teléfono. Aún nada relevante ni en los periódicos ni en redes sociales. Tampoco mensajes. Contestó con rapidez a los pocos regidores y funcionarios que le dejaban felicitaciones.
España nunca logró anotar y Rubén se desesperó. El primer empate sin goles del mundial. Aprovechó el tiempo para tomar una ducha, pensando que seguramente el duelo entre Egipto y Bélgica debería ser más entretenido, pero, desde la bañera solo escuchó los múltiples fallos del equipo belga, que tuvo que recurrir a una jugada atropellada de Romelu Lukaku para salvar la cara y lograr el empate frente a Egipto. Rubén albergó esperanzas de ver más goles, pero no sucedió. Los favoritos seguían decepcionando.
Llegó la hora de comer. Pidió que le sirvieran frente al televisor. Revisó su correo electrónico, tampoco había mensajes de sus abogados o de la Embajada. Suponía que eran buenas noticias, así que hizo el propósito de disfrutar de la comida y del juego entre Arabia Saudita y Uruguay.
Mientras veía el sufrimiento de los charrúas para empatar el juego, con disparos que se estrellaban con el poste y con los defensas saudíes, Rubén siguió consultando su teléfono. Algunos periódicos mencionaban su nombre. Evitó por supuesto leer a fondo los artículos de los medios opositores, pero ni siquiera en los portales patrocinados le dedicaban más de una columna.
Rubén quiso llamar a Juanito para quejarse. Sabía que lo mejor era no hacer olas y pasar desaparecido, pero por lo menos una foto donde saliera bien era importante para cuidar su imagen. Pero dejó el teléfono cuando Maxi Araujo logró el ansiado empate 10 minutos antes del final.
Atardecía cuando se sintió adormilado. Le parecía extraño que, con nada que hacer más que aguardar, pudiera cansarse tanto. Aunque ya no esperaba nada, volvió a revisar los mensajes y notificaciones. Nada. Subió las escaleras y aventó el teléfono a uno de los sofás. Se puso el pijama y se metió en la cama. Sintonizó el partido entre Irán y Nueva Zelanda, esperando que lo arrullara para conciliar el sueño.
Aunque tomó los somníferos que le facilitó uno de los guardias, Rubén no pudo dormir. El juego era demasiado emocionante, las maniobras de Elijah Just y Chris Wood habían sido lo más divertido del día, pero celebró cuando Irán obtuvo el 2-2 final. El encuentro menos esperado era el que más había disfrutado, por eso le pidió a Anita que subiera una rebanada del pastel y unas latas de cerveza, que paladeó mientras escuchaba el análisis de los comentaristas.
Antes de dormir, buscó en los canales de noticias. Ninguna mención suya. Pensó que era lo mejor, aunque se dijo que tendría que hacer varias llamadas al día siguiente, no quería una sorpresa de sus abogados con el plazo tan próximo a cumplirse.
Llegó el martes, no había partidos en la mañana. Rubén tuvo tiempo de escuchar la conferencia de prensa en Palacio Nacional antes de que comenzara el encuentro entre Francia y Senegal. La presidenta Sheinbaum dijo que Estados Unidos… se corrigió, que una oficina del Departamento de Defensa aún no presentaba pruebas y que la Fiscalía Mexicana estaba con su propia investigación. Rubén sonrió ligeramente, al menos la presidenta en algo no se había olvidado de él.
Apagó el televisor y puso uno de sus viejos discos, canturreando “Hoy puede ser un gran día”, al ritmo de Joan Manuel Serrat. Solo le faltaba que las grandes selecciones estuvieran a la altura.








