A 55 años del Halconazo, historiador llama a no olvidar uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de México

 

En el marco del 55 aniversario de la masacre del 10 de junio de 1971, conocida como el “Halconazo”, el historiador Joaquín Robles Linares recordó en entrevista con la periodista Soledad Durazo los acontecimientos que marcaron a toda una generación de estudiantes y dejaron una profunda huella en la vida política y social del país.

Durante su participación en Radio Fórmula Sonora, Robles Linares explicó que el llamado Jueves de Corpus ocurrió en un contexto de alta tensión política, apenas tres años después del movimiento estudiantil de 1968 y de la represión ocurrida en Tlatelolco. Aunque el gobierno de Luis Echeverría había prometido una apertura política, la inconformidad estudiantil seguía presente en distintas regiones del país.

El historiador relató que la movilización del 10 de junio de 1971 fue convocada en apoyo a estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quienes protestaban por recortes presupuestales y afectaciones a la autonomía universitaria. La marcha avanzaba hacia el Zócalo de la Ciudad de México cuando fue interceptada por un grupo paramilitar conocido como Los Halcones.

“Primero aparecieron jóvenes armados con palos para dispersar la manifestación y posteriormente llegaron otros con armas de fuego, iniciando una agresión que dejó decenas de muertos y heridos”, explicó.

Robles Linares señaló que Los Halcones eran un grupo entrenado y financiado por estructuras gubernamentales de la época, situación que derivó en fuertes cuestionamientos políticos y en la salida de funcionarios vinculados al entonces Departamento del Distrito Federal.

Durante la entrevista con Soledad Durazo, el historiador destacó también la historia del sonorense Fernando Argüelles Méndez, estudiante de Economía de la UNAM y una de las víctimas mortales de la represión. Recordó que el joven, hermano del político sonorense Leonel Argüelles, recibió impactos de bala durante la manifestación y falleció horas después.

Asimismo, explicó que la familia enfrentó múltiples dificultades para recuperar y trasladar el cuerpo a Sonora, reflejo del clima político que prevalecía en aquellos años tanto a nivel nacional como estatal.

El especialista consideró que el Halconazo marcó profundamente la relación entre el gobierno y las universidades mexicanas, generando una desconfianza que se prolongó durante décadas y que influyó en los movimientos estudiantiles posteriores.

Al cierre de la conversación, Soledad Durazo destacó la importancia de mantener viva la memoria histórica de estos acontecimientos, mientras que Robles Linares subrayó que recordar estos episodios resulta fundamental para comprender los desafíos democráticos del presente.

“No debemos olvidar la historia porque forma parte de nuestra memoria colectiva; los seres humanos somos memoria”, concluyó.

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