Una separación sana te dará hijos sanos

Por ti y tus hijos evita estos errores

Muchos padres me preguntan ¿Traumatizaré a mi hijo si me separo? y yo siempre respondo lo mismo: depende de cómo te separes. No es el divorcio per se el que puede hacer daño a nuestros hijos, es el cómo los adultos vamos a afrontar este proceso y cómo se lo vamos a transmitir a ellos.

Al principio del proceso, todo es bastante complicado y la herida está abierta. Es cuando más ayuda y soporte de los profesionales van a necesitar. Pero después se irán a casa y tendrán que relacionarse con su ex durante años y años, hasta que sus hijos sean adultos independientes. Es decir, muchísimos años. Así que lo mejor será llevarse bien. Lo contrario los llevará a una vida llena de denuncias cruzadas y malestar emocional que desgastará su vida y la de sus hijos.

Un buen asesoramiento al principio puede ayudar mucho en este proceso. Pero después quedan esas pequeñas trampas del día a día en las que es muy fácil caer:

  1. Hablar mal al niño/a del otro progenitor

No debemos hacerlo ni cuando lo hacemos a propósito ni cuando creemos que nuestro hijo/a no nos oye. Este es un error de los más frecuentes que podemos cometer casi sin darnos cuenta. Estamos dolidos con nuestro ex y es fácil caer en la crítica. No debemos descalificarle. No podemos olvidar que nuestro ex sigue siendo su padre o su madre y nuestra crítica les va a doler. Tampoco deberíamos permitir que los abuelos o tíos o cualquier otro familiar critique a nuestro ex delante de los niños.

Ellos deben quedar al margen de todo esto porque no lo van a entender, solo conseguiremos dañarlos de manera gratuita.

  1. Interrogar al niñ@ cuando llega de casa del otro

Somos humanos y cometemos errores. Queremos saber qué ha hecho, dónde ha ido, con quién ha estado o incluso si la tía abuela sigue enfadada con su sobrina, queremos saber qué sigue pasando en esa familia desde que yo no estoy. Queremos saber si se lo pasa mejor con el otro progenitor que conmigo. Queremos saber dónde ha ido para ir yo también. Queremos saber si se lo ha pasado bien, vaya a ser que se lo pase mejor que conmigo….Y así, sometemos a nuestros hijos a un interrogatorio más propio de la CIA que de un padre. 

Es importante que aprendamos a gestionar nuestras propias emociones, lo que nos hace sentir la separación y buscar apoyo en otros adultos o tal vez en algún profesional. Debemos evitar volcar todo esto en nuestros hijos.

Lo correcto sería esperar a que nuestro hijo/a nos explique lo que le apetezca de lo que ha hecho ese fin de semana, a su ritmo y eligiendo lo que es interesante explicar para él o ella. Sin añadir juicios de valor: “vaya ahora va al cine y antes no quería ni pisarlo, qué casualidad!!”

  1. Criticar a la pareja de nuestro ex

Cuesta asimilar que rehagan su vida y cuesta dejar a nuestros hijos en esas manos que no conocemos de nada. O sea que lo fácil va a ser caer en la crítica. Quién no se ha encontrado con su hijo diciéndole “es que la novia de papá o el novio de mamá me ha reñido porque….” y te sorprendes a tí mismo contestando y quién es esa o ese para decirte nada con lo estirada/o que es….

Y ya está, ya hemos caído en el error número 3. Nuestro hijo/a tiene que aprender a convivir con ese novio o novia y le va a costar sobre todo al principio, así que no se lo pongamos más difícil echando leña al fuego. Si queremos lo mejor para ellos, sabemos que debemos ayudarles a aceptar la nueva situación: que mamá y papá ya no están juntos y que fulanita o menganito van a formar parte de su vida a partir de ahora. Aunque a veces nos cueste aceptarlo hasta a nosotros mismos.

  1. Llamar a todas horas cuando está en casa del otro

Parece que somos mejores padres si estamos constantemente llamando y preguntando cómo está y qué hace. Pero, ¿la necesidad de llamar la tienen ellos o nosotros?

¿Por qué no podemos dejarlos tranquilos en su otra vida? ¿Realmente es preocupación?

Cuesta soltar rienda pero es lo que nos toca. Nuestros hijos a partir de ahora van a tener otra vida, otra vida en la que nosotros no vamos a estar y esto cuesta mucho de aceptar.

  1. Hablar de dinero con nuestros hijos

 Quién paga la ropa o quién el colegio. Si me pasa la pensión o no.  Son temas de adultos y no de niños. No debemos hablar con ellos sobre este tema, aunque nos cueste. Deben mantenerse al margen. ¿Verdad que no hablaríamos de eso si estuviéramos casados? Pues no lo hagamos cuando nos divorciamos.

  1. Usar al niño de mensajero

“Dile a tu padre que la próxima vez que quiera….”

“Dile a tu madre que cuando se acuerde que me de ropa porque no tengo ni un pantalón que ponerte”

“Dile a tu madre que tu hora de llegada es a las 20h y no a las 20,15h”

Debemos asumir nuestra responsabilidad y hablar estas cosas directamente. Además hoy en día lo tenemos fácil con el whatsapp. No usemos a nuestros hijos para transmitirnos estos malos rollos, seamos más adultos y sensatos. No es justo hacerles partícipes de esto.

  1. Criticar el estilo educativo del otro progenitor

“Seguro que tu padre te daba un bofetón y listos”

“Como tu madre te lo permite todo”

Hay que respetar que en cada casa va a tener un estilo educativo diferente. Esto también pasaría si viviéramos juntos, a veces los estilos son distintos y uno tiene más paciencia en unas cosas que otro. Y esto no es necesariamente bueno o malo, puede incluso ser complementario si lo sabemos llevar. En padres separados es exactamente lo mismo.

Lo ideal sería estar de acuerdo en las cosas básicas de la educación de nuestros hijos y además respetar el estilo educativo que cada uno tiene para convertirlo en complementario.

  1. Intentar que sea más nuestro que suyo

Asumir que no solo nosotros somos necesarios y vamos a aportar cosas buenas al niño. El otro progenitor también tiene mucho que aportarle y derecho a formar parte de la educación integral del niño. No porqué quiera al padre necesariamente tiene que querer menos a la madre, ni al revés. El amor hacia los padres no es inversamente proporcional, por suerte. Puede querernos a los dos y no tiene por qué elegir ni sentir que le obligamos a ello.

 

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