Nothing Left to Lose

Ana L. Coll

En 1980, cuando yo era una “teen”, se publicó un disco extraordinario de la banda inglesa The Alan Parsons Proyect, LP los llamábamos, y cuyo título era “The Return Of Friendly Card”. Entre los cortes había una canción asombrosa. El encabalgamiento perfecto entre las baladas, herederas de los cantautores de la década de los 60 y 70 y un arranque de los ritmos “cañeros”, como empezaría a decirse en esa época. Alan Parsons y Eric Woolfson, que deberían estar siempre en el Olimpo de la poesía, dijeron que no hay nada nuevo, salvo las noticias que son malas, que el calor sigue y te vuelve loco, que sólo tienes una vida por vivir, que has luchado tanto que eres un esclavo, que te han robado tanto  que no tienes nada que perder, así que todo está por ganar.
The Alan Parsosn Proyect ya no existe y nunca volverá, entre otras cosas porque Eric Woolfson está muerto. Y se puede sustituir casi  todo, desde una válvula del corazón hasta un amante. Pero un poeta es irremplazable. Nacerán otros. Pero nunca habrá otro Federico ni otro Eric. Si los amantes de los Haikus de una autora occidental llegan a comprender que el poeta es el profeta que no sabe que lo es, habrá sido un éxito más que satisfactorio.
El Club de Haikus de los lunes acaba su temporada y volverá a abrir sus puertas, para todos aquellos que lo deseen, el 21 de septiembre. Como siempre el cierre se pone desde una óptica radicalmente opuesta a  un Haiku. Dada la densidad que envuelve a este año del coronavirus, os digo hasta luego con un poema breve y de rima fácil, propia de la poesía popular en la que, si existiera mérito, radicaría en la poética de sus imágenes. Pero antes, pongámonos los cascos para compartir una verdadera obra de arte: https://www.youtube.com/watch?v=sJhB1c-gSBU
BON VOYAGE
Para G. A
Sé que no hay nada que pueda pedirte y, sin embargo,
Quiero que cimbrees las horas de este día que es tan largo
Que me beses las mejillas, bien en negro bien en blanco,
Y que insistas en que existo porque tú cantas mi canto
Que resulte en ecuación todo tu sur y su llanto
Que regreses despacito y durmamos en un charco
Como hacen los lagartos
De pellejo verde y duro
Y los ojos de amaranto
(Ana L. Coll)
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