El duelo durante la infancia no se presenta únicamente ante la muerte de un familiar. Un divorcio, la pérdida de una mascota, un cambio de escuela, la migración, el alejamiento de un amigo o incluso perder el hogar también pueden generar este proceso emocional en niñas y niños.
Mireya Franco, especialista en educación, explicó que es importante diferenciar entre pérdida, duelo y luto: la pérdida es el hecho concreto; el duelo corresponde a la experiencia interna que vive cada menor, mientras que el luto comprende las manifestaciones externas relacionadas con esa pérdida.
Señaló que los niños pueden expresar el duelo de maneras distintas a los adultos, desde tristeza, enojo, miedo, culpa o confusión, hasta cambios en su comportamiento, irritabilidad, aislamiento, mayor apego, pesadillas, dolores de cabeza o estómago y dificultades para concentrarse o cumplir con sus actividades escolares.
Uno de los principales retos para las familias, indicó, es comunicar una muerte de manera clara y acorde con la edad. Recomendó utilizar palabras como “murió” y “muerte”, en lugar de expresiones como “se quedó dormido”, “se fue de viaje” o “Dios se lo llevó”, debido a que pueden provocar confusión, miedo o incluso sentimientos de culpa.
Franco destacó además la importancia de decirle al menor que nada de lo que haya pensado, dicho o hecho provocó la muerte, así como permitirle expresar libremente sus emociones sin exigirle que deje de llorar o que “se porte bien”.
Mantener las rutinas de alimentación, sueño y asistencia a la escuela también puede ayudar a brindar seguridad durante el proceso. En caso de participar en rituales de despedida, señaló que debe respetarse la decisión del niño y evitar obligarlo.
En el ámbito escolar, consideró fundamental que los padres informen a los docentes sobre la pérdida para que puedan ajustar temporalmente la carga académica, fortalecer el acompañamiento y observar posibles cambios en la relación del menor con sus compañeros.
La especialista subrayó que cada niño vive el duelo de manera diferente y no existe un tiempo único para procesarlo. Por ello, consideró necesario que el personal educativo cuente con herramientas para acompañar estos procesos, especialmente cuando se trata de muertes violentas.
En estos casos, agregó, los adultos deben ser especialmente cuidadosos con la información que comparten frente a los menores y evitar exponerlos a detalles innecesarios, procurando que reciban acompañamiento tanto en casa como en la escuela.









