El desafío de la sociedad sonorense ante la violencia armada de niños y niñas

Por Axel Chávez

El primero de noviembre de 2022, alrededor de las 10 de la mañana, los infantes del preescolar Patria en Santa Ana, Sonora, comenzaron a escuchar fuertes detonaciones a las afueras del plantel. Las ráfagas de disparos duraron aproximadamente una hora. Las maestras reunieron a los dos grupos en una sola aula y los resguardaron hasta la hora de salida, cuando los padres de familia fueron por ellos. Intentaban tranquilizarlos y contenerlos ante el miedo que ocasionaban los estruendos, que por 60 minutos no cesaron.

En Santa Ana se han registrado múltiples balaceras y enfrentamientos armados en los últimos años, derivados principalmente de la disputa de territorio entre facciones criminales y choques con las fuerzas de seguridad estatales y federales. Debido a su ubicación estratégica como nodo carretero en el norte del estado, la zona ha sido escenario de diversos episodios violentos, y las infancias no has estado exentas del riesgo del fuego cruzado cuando se encuentran en escuelas.

Cuando el plomo ha aullado afuera de las aulas, las profesoras se han convertido en escudos vivos que gritan con la voz quebrada: “¡Abajo, niños; abajo!”, mientras tratan de protegerlos y serenarlos, porque la amenaza armada próxima ha roto su cotidianidad.

En Sonora se han registrado 27 casos de incidentes con armas de fuego en escuelas, pero hay una constante: el riesgo del fuego cruzado, por la violencia ocasionada por el crimen en las inmediaciones de planteles, que también ha entrado a las escuelas.

Los registros son parte de la investigación Pupitre entre balas, publicada en dos partes en Lado B, la cual documenta al menos 250 casos de violencia armada en planteles escolares en México, con Michoacán a la cabeza, con 37 casos.

En Sonora, 25 de los incidentes documentados provienen de reportes realizados por educadoras y personal directivo adscritos a la Dirección de Educación Preescolar Federal. Cada uno es un testimonio del temor y el riesgo entre infantes y docentes; un relato de supervivencia y, también, de adaptación de entornos donde el crimen controla con su ley de fuego.

Cada fragmento recabado por docentes y directivos que lo vivieron muestra el impacto de la violencia en poblados como la Heroica Caborca, situado al noreste del estado, en la zona norte del desierto de Aitar, donde el prescolar Esther Soto Bojórquez ha sido testigo de disputas armadas en el lugar, o de Santa Ana, otrora asentamiento de indígenas Pimas altos (Akimel O’odham), igualmente en la región del desierto, donde infantes del preescolar rural Yolanda Silva Gallegos han sido resguardados bajo pupitres o en casas de vecinos ante tiroteos, y luego comandos se han paseado por las calles, también escenarios de cuerpos ultimados por donde los niños caminan para llegar a su escuela.

Los siguientes reportes se incluyen sin alterar ninguna palabra; cada uno captura –aun en su brevedad– la mirada de los docentes sobre la vulnerabilidad propia y la de los niños y niñas que tienen bajo su resguardo:

“Centro de trabajo Esther Soto Bojórquez. Tres balaceras en avenida N, esquina del jardín en diferentes ocasiones. Ciclo escolar 2024-2025. Los alumnos y el personal docente se resguardaron en las aulas y dirección. No se suspendió el grupo asistencial mixto. No hubo víctimas, solo pánico y crisis nerviosas, tanto de niños como docentes”.

“Centro de trabajo Yolanda Silva Gallegos. Se presentaron hechos violentos con armas de fuego aproximadamente a 100 metros del jardín de niños. Primero de marzo de 2024. La educadora encargada del jardín de niños llamó al 911. A los niños se les resguardó debidamente junto con una madre de familia y un adulto mayor”.

“Centro de trabajo Babu Kibar. A las 8 de la mañana, aproximadamente a 25 metros del jardín de niños y de la escuela primaria, se presentó una balacera que duró más de 30 minutos, provocando disturbios y temor en la comunidad. 12 de mayo de 2024. Los soldados acordonaron el jardín, por lo cual no pudieron entrar tanto la educadora encargada como los niños”.

“Centro de trabajo Patria. Alrededor de las 10 de la mañana se comenzaron a escuchar fuertes detonaciones. Esto duró aproximadamente una hora. Primero de noviembre de 2022. Las maestras reunieron los dos grupos en una sola aula y los resguardaron hasta la hora de salida que los padres de familia fueron por ellos”.

“Centro de trabajo Alfonso Marín Retif. A la hora de salida de los alumnos empezaron a escuchar detonaciones en la comunidad. Frente al jardín pasó una camioneta con hombres encapuchados. Primero de mayo de 2024. Se procedió a entregar a los alumnos cuyos padres ya estaban presentes. Los demás niños fueron resguardados hasta que se tranquilizó la situación y fueron entregados a sus padres”.

Como éstos, hay 25 sucesos relatados por educadoras –a quienes incluso hombres armados les impidieron el paso a sus sitios de trabajo–, personal docentes y directivo de los preescolares, la mayoría situados en zonas rurales con presencia del crimen organizado.

Además de estos sucesos relatados por personal de los preescolares, y cuyos pormenores pueden ser consultados en la base de datos anexa a la investigación publicada por Lado B, la Dirección de Secundaria Estatal tiene un registro más sobre un incidente con un artefacto explosivo, que implica directamente la manipulación del objeto por parte de un menor:

La dirección de la escuela secundaria estatal No.22 “Miguel Hidalgo y Costilla” recibió un reporte anónimo de haber visto un arma de fuego dentro de la escuela. Un alumno externó que, estando en el baño, un compañero le mostró una pistola, sin tener la certeza de sus características. Ocurrió el 10 de febrero de 2025. La escuela indicó que activó los protocolos de actuación, sin dar más pormenores sobre lo que ocurrió después.

En octubre de 2022, un docente fue reprendido tras realizar un simulacro de balacera no autorizado con sus alumnos de quinto de primaria en la Escuela Primaria “24 de Febrero” en Guaymas. Días después ocurrió una balacera real justo afuera de una primaria en el municipio vecino de Empalme, y una persona lesionada ingresó al plantel para tratar de resguardarse.

Los registros obtenidos para la investigación Pupitre entre balas muestran que en Sonora los incidentes con armas en escuelas han estado ligados por la incursión violenta del crimen organizado que también utiliza en el país las escuelas como refugio o campo de batalla, o por el rompimiento de la cotidianidad escolar por ráfagas de fuego cruzado.

Consulta más de esta investigación divida en dos partes en:

Pupitre entre balas: cuando la infancia carga munición

https://www.ladobe.com.mx/2026/05/pupitre-entre-balas/

Pupitre entre balas: cuando la violencia irrumpe en la escuela

https://www.ladobe.com.mx/2026/05/pupitre-entre-balas-cuando-la-violencia-irrumpe-en-la-escuela/

 

Autor: Axel Chávez

@Axelchl

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