A veces estamos tan metidos en la rutina que no alcanzamos a dimensionar realmente el país en el que vivimos ni la violencia que enfrentamos día a día. La violencia termina por volverse parte de lo cotidiano: se transforma en cifras que vemos a diario en los noticieros, en comentarios entre amigos, en algo que aparece en el celular mientras cenamos… hasta que alguien desde fuera te lo dice de frente.
Hace un par de días regresé de vacaciones por Alemania. La noche de Año Nuevo bajé al bar del hostal en el que me hospedaba. En la barra había personas de distintas partes del mundo y, entre ellas, estaba Amir, el cantinero del lugar, un joven de unos 25 años, originario de Irán, que vive en Alemania mientras estudia ingeniería en física.
Comenzamos a platicar y cuando le dije que me dedico a ser reportero/periodista en México me respondió con una frase que no olvidé: “Ten mucho cuidado, mis respetos.”
Al principio me pareció un comentario bastante exagerado, más porque venía de una persona de IRÁN (esta plática fue antes de las recientes protestas).
Mientras me encontraba en Alemania, seguía de cerca la información local del lugar donde estaba, revisaba lo que ocurría a nivel internacional y, por las noches, entraba a X para enterarme de lo que pasaba en México; fue ahí cuando entendí la guerra en la que vivimos día con día.
En 2025, México acumuló más de 20,600 homicidios dolosos, sumado a que actualmente hay más de 133,000 personas desaparecidas y no localizadas en el país. Son cifras enormes, pero al final solo leemos números.El problema es que, cuando la violencia se hace cifra, también se vuelve costumbre.
Acá te van algunos ejemplos para humanizar estos números:
-El descubrimiento de 60 cuerpos en fosas clandestinas en Hermosillo, Sonora.
-El caso del Rancho Izaguirre en Jalisco, identificado como un centro de entrenamiento forzado y exterminio del crimen organizado.
-El Asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan en Michoacán, cuyo crimen se ha convertido en símbolo de la violencia que enfrenta el país.
Todo eso pasó EN UN SOLO AÑO. Sin contar las diferentes historias que hay en CADA MUNICIPIO DEL PAÍS. Mientras seguimos con nuestras rutinas del día a día y quizá por eso, cuando alguien desde fuera escucha estas historias, reacciona con asombro. Porque desde lejos, lo que aquí parece cotidiano, es una película de terror para alguien más.







