Un milímetro dividido en un millón: la nanobiopartícula mexicana de la asepsia

Por Claudia Pérez Atamoros

  • Hay guerras que se vale abanderar, promover, ejecutar y pelear. Existen muchas batallas por librar; muchas en Múltiples trincheras desde donde implementar las mejores tácticas. A veces la casualidad o la desesperación son la razón más poderosa para inmiscuirse en ellas.
  • En ciencia como en la vida, no hay nada escrito y sí todo un universo por descubrir milagros por develar.

El caso de la hazaña lograda por los hermanos León Gutiérrez, titulares de una de empresas de salud más importantes e innovadoras en el orbe: Gresmex. Una historia que comenzó por amor y por desesperación,  se consolidó por entrega y pasión. La cuento:

Corría el año de 2008, la ingeniera bioquímica y especialista en nanotecnología, Gabriela León que acababa de ser mamá y en lugar de haber risas y momentos felices en su entorno, el ambiente era desolador. Su recién nacido hijo se encontraba luchando la batalla más dura, por su vida.

Bernardo contrajo un rotavirus intrahospitalario y las expectativas eran inciertas -Hay que anotar aquí que las infecciones nosocomiales pueden llegar a representar, según el informe documental en extenso, de 2011, de la Secretaría de Salud, hasta el 15.8% –  A la joven madre, científica y empresaria aquello no sólo le mantenía en vilo y oscurecía sus días, sino que le parecía la peor ironía: ¿Cómo era posible que a ella, precisamente a ella, que tenía más de diez años acuartelada, trazando líneas de investigación, desarrollo y comercialización de productos antisépticos, le tocara conocer el infierno? No lo podía creer y mucho menos aceptar.

Sabía bien, por su profesión, que los fusiles que tenía a la mano no mataban virus, sólo bacterias. Y el enemigo a vencer  en ese momento era un rotavirus. Había que implementar armas certeras. Pero eso, vendría después. En ese momento pasó horas, días y noches al lado de su pequeño; cuidándolo, velando sus sueños y su infección.

Gabriela tuvo suerte, su hijo superó la afección y ella, se decidió a dirigir toda una célula de especialistas que con precisión quirúrgica debían encontrar la manera de eliminar al enemigo en la mira: los virus.

Mujer luchona, de mente y preparación científica, egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana y quien ya para entonces tenía su propia empresa llamada Gresmex, se decidió a tomar  “al toro por los cuernos” y declararle la guerra a los virus.

El objetivo: encontrar una molécula capaz de destruir a los microorganismos causantes de las llamadas infecciones intrahospitalarias pero, lo más importante, que no fuese ni agresivo ni dañino tanto a la salud humana como al medio ambiente. Un sueño.  Una molécula cuyo tamaño, además se midiese en nanómetros; o sea, un milímetro dividido en un millón. ¡Puf!, nada fácil y sí muy audaz. Si bien no era una misión suicida si se vislumbraba bastante accidentada.

Los hermanos León, reestructuraron el cuartel y en su empresa-laboratorio instrumentaron tácticas de minuciosidad científica, militarmente envidiables y enfocadas en un sólo objetivo con varias aristas: Investigar, inventar o descubrir, probar, patentar, producir una nanopartícula invencible, capaz de neutralizar virus, limpiar espacios y generar áreas biológicamente seguras y, amigables con la salud y el medio ambiente. Había que hacerlo, que intentarlo al menos.

Setecientas mil muertes al año por este tipo de infecciones adquiridas en los hospitales no era una cifra fácil de ignorar. Más bien había que tenerla muy presente y más cuando doscientas cuarenta de éstas eran de bebés menores de cuatro semanas de nacidos.

En las entrañas de Gresmex, se ejecutaron veintiocho versiones prueba de la nanopartícula cuya misión era infiltrarse en el ADN de los organismos patógenos y destruir toda la información genética de los mismos, pero sin dañar la estructura molecular de los seres humanos y animales que llegasen a tener contacto con él.

El trabajo fue arduo, las batallas se ganaron una a una y finalmente, se obtuvo un arma de destrucción masiva: Nbelyax: una nanopartícula que no sólo elimina a los virus, sino que resultó efectiva para acribillar a los hongos, bacterias, esporas y microrganismos patógenos de diversa índole.

Un éxito porque, además, derivó su utilidad en áreas fuera del campo de la salud.  Actualmente es usada, además, en el terreno de la ganadería, agricultura e incluso en el mundo del arte: para restauraciones. La molécula mexicana se convirtió en líquidos, geles y nebulizadores con demanda y uso universal y múltiple.

Se comparó al invento mexicano con el cloro y éste último salió muy dañado, mientras que con el cloro se debe limpiar cada quince minutos para mantener un área libre de patógenos, con el arma química nacional que, por cierto, se le bautizó como Éviter, basta con hacerlo cada setenta y dos horas.

No sólo la biblioteca Palafoxiana de Puebla o el Sistema Nacional de Salud se han visto beneficiados por este descubrimiento sino el mundo entero, tanto que los ingleses se han asociado con los León para, desde Europa, custodiar la patente y distribuir los insumos a todos aquellos países que lo requieran.

Este par de hermanos son hoy ejemplo de capacidad y lucha.

Nacida de la angustia y el dolor, de la desesperación y la ironía, la nano biomolécula mexicana fue parte vital, entre 2014 y 2015, de un proyecto humanitario muy exitoso. Por donde se le mire: los hermanos León cooperaron para frenar la epidemia del Ébola en Liberia, África.

Gabriela y Sergio León donaron y enviaron a Liberia 2.8 toneladas de sus productos; es decir, cuatro mil ochocientos ochenta y cinco productos antisépticos y esterilizantes para instrumental quirúrgico y médico y fue, sin duda, si no “el factor”, sí uno de los que contribuyeron de manera certera a que la Organización Mundial de la Salud declarara a ese país africano libre del Ébola.

Tras años de aquella impotencia sentida y luego de tres de innumerables y quisquillosos trámites a nivel no sólo nacional sino mundial, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI)  entregó el certificado de patente para México y la protección de su propiedad intelectual en ciento treinta y nueve países, lo que le permite a los hermanos León ahora si ya declarar la victoria y ondear la bandera mexicana, con orgullo y pasión; gritar a los cuatro vientos, sin riesgo de ser despojados de su descubrimiento, que la batalla que ellos comenzaron contra los patógenos a nivel de asepsia, ha sido librada con éxito.

Nuevos desarrollos basados en nanotecnología

 

No cabe duda que para la familia León, las crisis representan oportunidades y retos para innovar y es así como tiempo después desarrollaron un suplemento alimenticio llamado Gasdem B, hecho a base de nanotecnología que, a través de nanopartículas, brinda una alta cantidad de Vitamina C y Zinc para fortalecer el sistema inmunológico.

Gasdem B es un producto que aumenta en el organismo la biodisponibilidad de los nutrientes que contiene (Vitamina C y Zinc), haciendo que el cuerpo los absorba de manera más rápida y eficiente.

Este aporte, no sólo es un suplemento alimenticio, se trata de un arma poderosísima para combatir la crisis de salud más importante y grave de todos los tiempos y es así como una vez más los León aportan sus conocimientos y entrega para combatir la pandemia más agresiva de los últimos tiempos.

Y así, de nuevo, con certeras tácticas, la guerrilla científica mexicana, da de qué hablar a nivel internacional. La bomba del atroz e implacable conocimiento estalla inmisericorde en todo el mundo.  Una vez más nuestro país se cubre de gloria y demuestra que las batallas que libran sus nacionales son estratégicamente planeadas desde los cuarteles del conocimiento y la dedicación; que no hay trincheras y que lo mismo valen si se libran desde el exterior o desde las entrañas mismas de la nación porque todos tienen el mejor escudo y la mejor estrategia: ser mexicanos y amar a México.

 

O al menos eso creo yo; por eso sigo en la búsqueda del México nuestro de cada día.

 

Hasta la próxima.

 

 

 

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