Hace 58 años, una concentración estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas terminó en una jornada de violencia que permanece como uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de México.
El 2 de octubre de 1968, miles de personas llegaron a la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México. La mayoría eran estudiantes, pero también había profesores, trabajadores, familias y otras personas que acompañaban al movimiento estudiantil que había tomado las calles durante los meses anteriores.
Lo que ocurrió esa tarde no surgió de manera aislada. El movimiento había comenzado en julio de ese año, después de enfrentamientos entre estudiantes y una respuesta policial que provocó nuevas protestas. La intervención de las autoridades, lejos de contener el conflicto, contribuyó a que las movilizaciones crecieran y se incorporaran estudiantes de distintas instituciones.
Entre las principales demandas del movimiento estaban la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos, la destitución de funcionarios responsables de actos represivos y el establecimiento de mayores libertades democráticas. Con el paso de las semanas, las protestas dejaron de ser únicamente estudiantiles y adquirieron una dimensión social y política más amplia.
La tensión aumentó durante septiembre. El 18 de ese mes, el Ejército ocupó Ciudad Universitaria y detuvo a más de mil 500 personas, de acuerdo con documentación del Archivo General de la Nación. Días después también se produjeron operaciones militares en instalaciones del Instituto Politécnico Nacional.
En ese contexto llegó el 2 de octubre.
Aquella tarde se había convocado a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas. El objetivo era informar sobre las decisiones del movimiento y continuar con las movilizaciones. La concentración reunía a miles de personas cuando, alrededor de las 6 de la tarde, comenzaron los disparos.
La presencia del Ejército y de integrantes del llamado Batallón Olimpia quedó documentada en investigaciones posteriores. De acuerdo con fuentes históricas de la UNAM y del Archivo General de la Nación, los hechos derivaron en una operación represiva en la que hubo disparos, persecuciones, detenciones y personas que buscaron refugio dentro de los edificios de la zona.
Durante años, distintas versiones intentaron explicar lo ocurrido aquella noche. Una de ellas sostuvo que los primeros disparos habían provenido de los propios estudiantes. Documentos desclasificados y posteriores investigaciones han permitido cuestionar y analizar esa versión, así como reconstruir la participación de diferentes cuerpos de seguridad.
Uno de los aspectos que permanece sin una respuesta definitiva es precisamente el número de personas que murieron. Las cifras publicadas después de la masacre fueron distintas entre sí y, décadas más tarde, el propio Archivo General de la Nación señaló que no existe una lista definitiva de víctimas mortales. Una investigación de Kate Doyle, basada en documentos de los antiguos organismos de seguridad, identificó 34 personas fallecidas y 10 más sin identificar, aunque el propio trabajo dejó claro que no se trataba de un registro definitivo.
La incertidumbre sobre la cifra no ha disminuido la dimensión histórica de lo sucedido. Por el contrario, la falta de información completa forma parte de las preguntas que durante décadas han acompañado la memoria de Tlatelolco.
Después del 2 de octubre hubo detenidos, encarcelamientos y persecución contra integrantes del movimiento. Aunque la represión debilitó las movilizaciones, el movimiento estudiantil continuó formalmente hasta diciembre de 1968, cuando se disolvió el Consejo Nacional de Huelga.
Con el paso de los años, Tlatelolco se convirtió en un símbolo de la lucha por las libertades civiles, la memoria y el derecho a conocer lo ocurrido. También abrió una discusión más amplia sobre la relación entre el Estado, la sociedad y las formas de protesta durante una época marcada por fuertes restricciones políticas. Investigaciones académicas de la UNAM consideran al movimiento de 1968 un parteaguas de la vida política y social mexicana.
Hoy, 2 de octubre, la frase “2 de octubre no se olvida” continúa presente en marchas, universidades, espacios culturales y actos de memoria.
Más que una fecha en el calendario, Tlatelolco representa una pregunta que permanece abierta para varias generaciones: ¿qué ocurrió realmente aquella tarde y cuántas historias quedaron sin ser contadas?
A 58 años, la memoria de quienes estuvieron ahí continúa siendo parte de la historia de México.








