Muchas veces he escuchado, y leído, que no hay que postergar un abrazo ni la manifestación de los afectos; que no hay que dejar “para luego” esa reunión que promete estar cargada de anécdotas, recuerdos y experiencias compartidas.
No posponer ese encuentro para las risas y el brindis; para refrendar los afectos y fortalecer la unión gremial.
Hoy, como muchos colegas y amigos de Rafael Cano Franco, estamos ante el impacto (y la incredulidad) de su muerte.
La vida me permitió, además de coincidir profesionalmente con Rafa, construir una amistad sólida, respetuosa y siempre atravesada por la broma.
No hace mucho le comentaba a una amiga que, cuando necesitaba que alguien “me aterrizara mis locuras” y me hablara con firmeza y sensibilidad, Rafa era una de las dos personas a las que buscaba. Desde hace varios años coincidíamos los viernes en el desayuno de amigos; y, desde hace un par, asistía cada martes al programa que conduzco en Radio Fórmula Sonora. Hoy, poco antes de fallecer, confirmó que mañana estaría ahí.
Puntual, leal, serio, reflexivo y, también, bromista.
Rafa era un hombre muy culto y, si algo lo distinguía —además de su sentido del humor—, era su solidaridad y generosidad para compartir conocimientos, para hacer equipo, para dejar escuela.
Hoy deja un grupo sólido de periodistas de nuevas generaciones que también lloran su partida y que, estoy segura, honrarán sus enseñanzas.
Muchos perdimos a un amigo; sus hijos, a un buen padre; su familia, a un hombre íntegro, leal y valiente. El gremio pierde una voz que se expresaba con convicción, respeto y un profundo profesionalismo.
Lamentamos su partida física, pero hay más motivos para celebrar su vida y sentirnos afortunados de haber coincidido con él en este plano que llamamos tierra.
Y pesa —pesa mucho— aquel martes de Semana Santa en que, al salir de la radio, no le pusimos fecha a la “juntada” que proponía.
“Muchos ya están muy vetarros ni pueden o no los dejan tomar, pero los llevamos para que nos toquen la guitarra” le dijo a Armida Bernal, porque la reunión -para no variar- sería en la casa de ella.
Buen viaje, amigo querido.








