¿Cómo saben los geólogos dónde y cuándo habrá una erupción volcánica?

Una erupción volcánica se produce cuando el magma procedente del manto terrestre consigue atravesar la corteza, llegar a la superficie y salir en forma de gases, ceniza y lava. Como podemos ver en este artículo previo, hay distintas razones por las que puede surgir un volcán: desde el choque o alejamiento de capas tectónicas, hasta corrimientos de tierra y terremotos, entre otros.

Sin embargo, conocer los motivos que provocan las erupciones no las hace más fáciles de prever. Mientras los geólogos pueden medir el espesor y el peso de la corteza terrestre, el estudio se complica al intentar tomar datos relacionados con el magma. Las altas temperaturas y profundidades de la cámaras magmáticas hacen que sea muy difícil cuantificar la presión que ejerce el magma bajo la corteza terrestre.

¿Entonces, es posible predecir las erupciones volcánicas? En cierto modo, sí, y cuanta más información previa tengan los volcanólogos, mejor. Factores como conocer la historia eruptiva del volcán; poder instalar la instrumentación necesaria en el terreno; y hacer el seguimiento correcto de los datos de la actividad volcánica, ayudan a los científicos a ser más precisos en sus predicciones. Aun así, los volcanólogos solo pueden hablar en términos de probabilidades, pero nunca pueden estar seguros de la severidad de la erupción o incluso, si el magma conseguirá llegar a la superficie.

Como no es posible estudiar cada punto de la Tierra, la praxis más común es hacer seguimiento de los volcanes más activos y monitorizar las señales de advertencia que estos dan en los días previos a la erupción:

  • Cuando el magma sube a través de las grietas de la corteza terrestre se producen múltiples pequeños terremotos en la superficie. Estos se detectan gracias a la ayuda de sismómetros.
  • La temperatura alrededor del volcán aumenta con la actividad volcánica. Las variaciones térmicas se pueden observar en imágenes termales por satélite.
  • Cuando el volcán está cerca de la erupción empieza a liberar gases, que como más sulfuro contengan, más próximo estará el momento de la erupción. La concentración de gases se mide con sensores químicos o espectrómetros.
  • Además, la tecnología láser nos permite medir los cambios de forma de la montaña mientras el magma se abre comino por su interior.

Así que, aunque estas metodologías nos aporten una valiosa información, aún es difícil prever con exactitud el momento, el lugar y la duración de las erupciones volcánicas. Sin embargo, los volcanólogos no se rinden y siguen buscando nuevas formas de predecir con exactitud el despertar de estos gigantes de fuego.

Einat Lev, profesora asociada de investigación de sismología, geología y tectonofísica en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, nos dice que “la tecnología para adquirir información previa a la erupción existe en su mayor parte, pero, desafortunadamente, son muy pocos lugares que tienen suficientes sensores ya instalados. […] Solo alrededor del 20% de las erupciones tiene un aumento apropiado en el nivel de alerta antes de que ocurra la erupción. El tiempo de erupción puede variar desde horas hasta días o meses. A menudo depende del tipo de volcán”.

 

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