Sepulcral Silencio. Ni Un Oleeeé en la Plaza México

JORGE HERRERA VALENZUELA

SI SALIMOS DE CASA, NO OLVIDEMOS LAS MEDIDAS SANITARIAS

Siempre hay una primera vez. La gran Familia Taurina estará, este viernes 5 de Febrero, triste y encerradita.

Comentaré en torno a la tarde del martes 5 de febrero de 1946. Sin un espacio vacío en los tendidos ni en las alturas de Sol y Sombra, con todo el colorido de una gran fiesta, era inaugurado uno de los escenarios, donde los hombres se han jugado la vida frente a los bureles: la Plaza de Toros Monumental, conocida como la Plaza México, la más grande del mundo, la de mayor aforo y la más cómoda.

El 75 aniversario del Coso Taurino con capacidad hasta de 50,000 espectadores, quedará registrado como “un cumpleaños” sin arreglo floral sobre la arena del ruedo, sin los compases de la música ejecutada, desde lo alto de un tendido, por la orquesta. No habrá la trompeta indicando el inicio del paseíllo, previa la autorización que el juez de plaza dio al alguacilillo. Ni se escuchará “el estruendoso gritó, a manera de saludo, de la afición que abarrotó la plaza… el clásico “Oleeeé”.

Nada iguala el ambiente festivo de la fiesta taurina, dentro y fuera de la plaza. La ubicación del escenario en la calle Augusto Rodin, entre el hoy Eje 5 Sur y la calle de Holbein, en la Colonia Nochebuena, donde hasta antes de construir la Ciudad de los Deportes, era la más grande ladrillera del Distrito Federal. El empresario yucateco Neguib Simón fue el autor de la obra realizada durante 18 meses por un equipo de trabajadores a las órdenes del ingeniero Modesto Rolland.

La historia de lo que ha ocurrido en la Plaza México abarca muchos volúmenes. La vida de los toreros, de los novilleros, de los subalternos, los banderilleros, los monosabios, los médicos. A ello añadimos los ganaderos y su labor importantísima para el lucimiento de los toreros. También recordar a personajes como “El Pato, “El Traca Traca”, “Doña Nieves”, “Nacho el Jitomatero”, ”El Paisa”,  “El Cacarizo”, de las diferentes porras y en especial la “Porra Libre” y la Porra de Ingenieros”, ambas en el tendido de Sol.

Antes y después de las corridas los taurófilos, muchos acompañados de sus familias, primero pasaban al clásico restaurant “Las Cazuelas” de la Avenida San Antonio (hoy Eje 5 Sur) o El Rodeo, en el costado norte de la Plaza. Ah, pero muchos se detenían a saborear los tacos de guisados, de longaniza, de cecina en los puestos improvisados en la calle Augusto Rodin, donde también se venden muletas, capotes, monteras, estoques.

Escribir acerca de aquellas voces que através de la XEW transmitían, con detalle, con gran estilo, con conocimiento de lo que hablaban sin tener un apunte escrito. Paco Malgesto, Pepe Alameda, Carlos Albert, Pepe Molero, es un capitulo que guarda entre otras frases, como con la que Paco remataba: “hondo y profundo” alargando las palabras y Pepe siempre decía: “el toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”.

Para cerrar estos recuerdos, comento que el periodismo taurino ha tenido verdaderas figuras en la crónica. La lista es larga, como la misma historia del toreo en México. He aquí algunos nombres: Rafael Solana Calco, “Verduguillo”. ”El Tío Carlos”, Carlos Septién García, muerto en un accidente aéreo. Carlos León, Ricardo Colín, Guillermo Salas Cinta que llegó a ser Decano de los Cronistas. En el diario La Prensa conocí a “Luis de Tabique” que se llamó Rogelio Úbeda, “Luis Verdades”, José Ángel Aguilar Solís, y a “Jeque”, José de Jesús Quezada. Imposible omitir a un dupla excepcional, Francisco PacoLazo y Horacio Soto Castro, en las páginas del “Esto”, el primer diario rotográfico en México.

PROCUNA, EL SOLDADOY MANOLETE

El gran reloj circular de la Plaza México, en lo más alto del lado Oriente, en Sol General, marcaba las 4 de la tarde del citado martes 5 de febrero de 1946, sonó la trompeta, salieron los tres matadores con sus respectivas cuadrillas. El juez Carlos Zamora levantó la mano derecha para indicar que el festejo comenzaba. En el palco de la autoridad, arriba de un túnel, estaba el auxiliar Rosendo Béjar.

La afición, puesta de pie, hizo que se escuchará hasta la calle el grito de “Oleeeé”, al tiempo que Luis Castro, “El Soldado”, Luis Procuna, “El Berrendito de San Juan” y Manuel Rodríguez, “Manolete”, a paso lento, se dirigían a saludar a la autoridad. Imagínese Usted el ambiente que había en ese momento.

En barreras, en los tendidos, en el callejón, todo era aplausos y sonrisas. Los fotógrafos de prensa imprimían sus placas, desde los dos burladeros que les asignaron. No había televisión, pero sí se filmaba para los noticieros cinematográficos. Muchos aficionados no sabían cómo llegar al coso y otros batallaron para encontrar su lugar en el amplio graderío.

¡Ah!, “los cubeteros” se desplazaban con agilidad para entregar los vasos de cerveza helada. Javier era uno de ellos. Recuerda que desde el comienzo anduvo en las primeras filas del segundo tendido de sombra, donde hizo amistad con muchos de sus clientes. Nacieron nuevas amistades entre los ocupantes de  asientos de cemento y descansa brazos. Después vendría el alquiler de cojines.

LAS PRIMERAS OREJAS

Los mandones de la Fiesta Brava de México y España, frente a frente. Los tres espadas salieron decididos a dar todo y pasar a la historia taurina. El “clarinazo” para dar salida al primer burel, hizo que el torilero José Medina abriera la puerta de madera y diera paso a “Jardinero”, cuya lidia correspondió a Luis Castro, cuyo apodo de “El Soldado” se lo pusieron desde niño, porque acostumbraba jugar junto a un cuartel militar en el barrio de Mixcoac.

El matador que entonces tenía 34 años de edad, se impuso con el capote. El primer capotazo a “Jardinero”, lo dio el exmatador de toros “El ChatoGuzmán (Román Moncebáez Guzmán, fundador de la Unión de Picadores y Banderilleros), a quien también correspondió el honor de poner el primer par de banderillas. Momentos antes, el puyazo inicial, en el primer tercio, fue obra de José Noriega, “El Cubano”. Al maestro Luis con la muleta las cosas no le salieron bien y la faena no fue rubricada con un apéndice para el matador. Tampoco hubo suerte con el cuarto, pues “Peregrino” fue regresado, por el juez, a los corrales y el ganadero José Julián Llaguno hizo el berrinche de su vida. Salió “Monterillo”, un animal sin mayor juego de lidia.

“Manolete”, de figura esbelta y rostro muy serio, dio los primeros capotazos al segundo de la tarde, de nombre “Fresnillo”. El tercer tercio hizo galanura de su artístico toreo, firme, a pies juntos, inmóvil, pasando la muleta con derechazos y cambiando de mano. El público se puso de pie y le aplaudió. Los olés no tardaron en oírse. El cordobés de 29 años de una estocada acabó con el toro, al cual desorejó a petición del respetable y con apoyo del juez. Para el quinto del encierro en juego, “Limonero”, la espada falló; pinchó cuatro veces y, a pesar de ello, dio vuelta al ruedo.

Procuna, que se hizo matador a los 19 años apadrinado por “El Soldado”, piso el ruedo de la Monumental México a los 23, Nunca ocultó que sentía miedo al enfrentarse a los bureles y no pocas veces brincó a los burladeros después de emprender la “graciosa huida”. Fue el tercer espada en la fiesta inaugural y lidió con acierto a “Gavioto”, llevándose la segunda oreja de la tarde. Comentaré, “empataba” México con España, a una oreja. En el cierre, Procuna solo recibió aplausos.

Luis Procuna tuvo una infancia muy difícil, trabajó desde pequeño y ayudó a su mamá que vendía exquisitas quesadillas, lo cual quedó filmado en la película “Torero”, cuyo argumento se basó en la vida de ese gran matador de toros que murió en un accidente aéreo, a la edad de 72. Su despedida en la Plaza México fue un éxito, los tendidos a reventar y “El Berrendito de San Juan” lucidor.

En la primera plana del primer diario deportivo mexicano, La Afición, apareció como nota principal la crónica de la memorable corrida inaugural. El redactor fue, nada más ni nada menos, que Paco Malgesto. Ejemplar fechado 6 de febrero de 1946.

SILVERIO, EL PRIMER RABO

El sábado 16 de febrero de 1946, los empresarios de la Ciudad de los Deportes celebraron la segunda corrida en la Plaza México. Un mano a mano, México, España, anunciado en los carteles como “El Mano a Mano Taurino de la Época”.

¿Los toreros?, pues el espada azteca, texcocano de nacimiento, ya entonces de 31 años de edad, Silverio Pérez Gutiérrez, “El Faraón de Texcoco”, “El Tormento de las Mujeres” y “Manolete”, cuyo nombre completo era Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, quien traía en las venas la sangre para ser torero, desde su bisabuelo, su padre y sus tíos.

El hermano del gran Carmelo Pérez habría de cortar al toro “Barba Azul”, de la ganadería San José de Torrecillas, las orejas y el rabo. En barrera de primera fila, en el tendido de sombra, la pareja del momento, los esposos María Félix y Agustín Lara. “El Flaco de Oro” compuso un pasodoble en honor de Silverio, a quien “Carmelo desde el cielo, te ve torear”, escribió Lara. Siempre Silverio estuvo acompañado por su querida esposa María de la Paz Domínguez, a la que cariñosamente se le conoció como “La Pachis”.

“El Monstruo de Córdoba” no tuvo una buena tarde y solamente le cortó la oreja al primero de su lote, “Espinoso”. Los dos grandes de la tauromaquia se enfrentaron varias veces tanto en ruedos españoles como mexicanos.

En su día de inolvidable triunfo, en el cartel se enlistó a los integrantes de la cuadrilla de Silverio: picadores, Abraham Juárez, Graciano González, “Chano”, Ignacio y José Carmona. Los banderilleros fueron Pascual Navarro, “Pascuales”, Francisco losa, “Pericás, Francisco Gómez, “Zángano” y Eduardo Moreno, “Morenito”.

FESTEJOS VIRTUALES

Ahora un comercial gratis.

La empresa “Tauroplaza México” anunció que con motivo de la criminal pandemia que sufrimos, en todo el mundo, las bodas de Brillantes, por los 75 años de la inauguración de la Monumental Plaza México, a través de su página oficial de Facebook hoy miércoles y mañana jueves, a las 8:00 de la noche, pasarán entrevistas, recuerdos reportajes e imágenes obtenidas en diversos archivos.

A la misma hora, 8 de la noche, el viernes 5, tendremos oportunidad de ver “una corrida de toros”. Será un recorrido histórico de las inolvidables faenas de las figuras como los ya mencionados, además de Manolo Martínez, de Eloy Cavazos, de Curro Rivera, de Los Tres Mosqueteros: Rafael Rodríguez Manuel Capetillo y Jesús Córdoba, de Joselito Huerta, Antonio Velázquez, entre otros.

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