Las cosas que dejamos de hacer al crecer y que quizá vale la pena recuperar

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Cuando somos niños, muchas actividades tienen un único objetivo: divertirnos. No pensamos si estamos aprovechando el tiempo, si la actividad será productiva o si puede convertirse en una fuente de ingresos.

Con los años, esa relación con el tiempo suele cambiar. El trabajo, las responsabilidades familiares, los pendientes y las obligaciones hacen que muchas actividades que disfrutábamos comiencen a parecer innecesarias.

Una de ellas es jugar. Los adultos pueden encontrar espacios para juegos de mesa, videojuegos, actividades manuales, rompecabezas o cualquier otra dinámica que simplemente resulte entretenida, sin necesidad de convertirla en una competencia.

También dejamos de caminar sin un propósito específico. De niños podíamos salir simplemente a recorrer una calle, un parque o una plaza. De adultos, muchas veces cada salida tiene un destino y un horario.

Recuperar ocasionalmente una caminata sin prisa puede convertirse en una forma sencilla de desconectarse.

Algo parecido ocurre con la música.

Escuchar una canción mientras hacemos otras diez cosas es diferente a sentarnos a escuchar un álbum completo, descubrir artistas nuevos o volver a una canción que nos recuerda determinada etapa de nuestra vida.

También vale la pena recuperar los hobbies que no tienen que convertirse en negocio. Pintar, escribir, cocinar, bailar, tomar fotografías, hacer manualidades o aprender algo nuevo no necesariamente tienen que producir dinero ni convertirse en un proyecto.

Incluso aburrirse puede ser algo que hemos olvidado. Actualmente tenemos acceso permanente a videos, redes sociales, mensajes y entretenimiento. Cualquier momento de espera puede llenarse inmediatamente con una pantalla.

Dejar algunos espacios sin estímulos puede permitir que aparezcan otras ideas, recuerdos o simplemente momentos de descanso.

Y quizá uno de los cambios más importantes sea dejar de pensar que todo minuto libre tiene que aprovecharse.

No todo lo que hacemos tiene que producir algo. Algunas actividades pueden existir únicamente porque nos hacen sentir bien.

Recuperarlas no significa querer volver a ser niños. Significa recordar que crecer también debería dejar espacio para hacer cosas simplemente porque nos gustan.

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