Menos alcohol, más vapeadores: el cambio en el consumo de sustancias entre nuevas generaciones

Por Gerardo Ponce de León Ramos / Reportes PDL

En los últimos años se ha vuelto común escuchar que las nuevas generaciones están tomando menos alcohol. La idea circula en redes sociales, entre especialistas e incluso en escuelas. Pero ¿qué tan cierto es realmente?

Algunos datos sugieren que el consumo de alcohol entre adolescentes podría estar disminuyendo. Sin embargo, especialistas advierten que el problema no necesariamente está desapareciendo, sino transformándose.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, el porcentaje de adolescentes de 12 a 17 años que ha consumido alcohol alguna vez en su vida disminuyó en los últimos años.

En 2016, el 39.8% de los adolescentes reportaba haber probado alcohol. Para 2025, la cifra bajó a 33.9%. En números absolutos, esto significa que el número de jóvenes que habían consumido alcohol pasó de aproximadamente 5.7 millones a 4.5 millones.

Sin embargo, los mismos datos muestran algo que preocupa a especialistas; quienes sí comienzan a consumir alcohol lo están haciendo cada vez más temprano. La edad promedio de inicio pasó de 13.6 años a 13.2 años.

 

Panorama en Sonora

En Sonora, organizaciones que trabajan directamente con adolescentes también han comenzado a escuchar esta idea de que los jóvenes están tomando menos alcohol. Sin embargo, todavía no existen datos estatales suficientes que permitan confirmar si esa tendencia se está replicando en la entidad.

En entrevista, la presidenta de la Fundación Nueva Generación Sonora, Michelle Lucero, explica que hasta ahora lo que existe es más bien una percepción que se repite en escuelas y espacios comunitarios.

 

“Aún no tenemos un dato estadístico oficial aquí en el estado que nos permita medir qué está sucediendo con estas nuevas generaciones y el consumo de alcohol. Pero en nuestra presencia en escuelas, en los centros de integración juvenil y con familias sí hemos escuchado que hablan de que estas nuevas generaciones tienen una tendencia a no consumo de alcohol”, señala.

 

Sin embargo, advierte que el fenómeno no necesariamente significa que los adolescentes estén dejando de consumir sustancias.

 

“Algo muy importante que tenemos que destacar es que los menores de edad han sustituido esta sustancia por otras, como lo son los vapeadores. Los maestros han expresado que una de sus principales preocupaciones es que pasaron muy rápido del alcohol, que generalmente se consumía en reuniones o fiestas sin supervisión, a otro tipo de consumo”, explica.

De acuerdo con Lucero, este cambio también está modificando la forma en que ocurre el consumo entre adolescentes.

“El alcohol generalmente se consumía en actividades como reuniones en casas o fiestas clandestinas. Ahora lo que vemos es que muchos jóvenes están encerrados en sus cuartos consumiendo vapeadores y esto lleva a un tipo de adicción muy relacionada con un tema de salud mental”, añade.

A pesar de estos cambios, el alcohol sigue siendo la sustancia con la que muchos jóvenes tienen su primer contacto con el consumo.

Datos del reporte epidemiológico de los Centros de Integración Juvenil muestran que el 87% de las personas que ingresan a tratamiento por consumo de sustancias reporta haber consumido alcohol alguna vez en su vida.

Además, el 84% de quienes iniciaron tratamiento comenzó a consumir drogas ilícitas entre los 10 y los 19 años, lo que coloca a la adolescencia como una etapa crítica para la prevención.

“La niñez y la adolescencia son periodos muy críticos donde es importante que las familias tengan mayor presencia respecto a las actividades de sus hijos, con quiénes se relacionan y hablarles previamente sobre estos temas”, señala Lucero.

 

La importancia de la prevención

La presidenta de la fundación también advierte que el entorno familiar influye directamente en la forma en que los adolescentes perciben el consumo.

“Si dentro de sus hogares ven que el consumo es algo permisivo, donde incluso los padres facilitan este tipo de sustancias, los jóvenes pueden formar la opinión de que es algo permitido, que no pasa nada y que no tiene repercusiones”, explica.

Por ello, insiste en que la prevención debe comenzar dentro del hogar, con conversaciones abiertas y acompañamiento.

“A veces ese tipo de conversaciones son muy necesarias. Hay que explicarles con palabras simples qué son las drogas, por qué pueden dañar su cuerpo y su vida y cómo pueden decir que no cuando alguien les ofrece”, añade.

 

Sugerencias de la OMS

Aunque algunos indicadores apuntan a que menos adolescentes están probando alcohol, organismos internacionales advierten que el consumo en menores sigue siendo un problema de salud pública.

La Organización Mundial de la Salud señala que iniciar el consumo a edades tempranas aumenta el riesgo de dependencia en la vida adulta, además de afectar el desarrollo del cerebro, el rendimiento escolar y la salud mental.

Por ello, recomienda fortalecer las estrategias de prevención desde las familias, las escuelas y las comunidades, así como limitar la exposición de niñas, niños y adolescentes a la publicidad y disponibilidad de bebidas alcohólicas.

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