La vanidad ligera, buitre insaciable, que consume medios hasta devorarse a si misma – Ricardo II, William Shakespeare
Mucho se ha hablado del velo de impunidad que protege a los políticos de altos vuelos que forman parte del régimen gobernante en México. La etiqueta de “narcopolítica” se ha impuesto en nuestro vocabulario frente a casos comprobados como el llamado huachicol fiscal, pero también ante los señalamientos a conspicuos personajes del gobierno Federal y varios más de gobiernos estatales.
Sin embargo, sin dejar de lado la gravedad de estas acusaciones y su impacto en la vida pública del país, como en el caso del senador Adán Augusto López Hernández, hay otro aspecto que ha comenzado a caracterizar al gobierno de la llamada Cuarta Transformación: la ostentosidad, la vanidad descarada.
Recordemos que hubo tres grandes consignas del expresidente López Obrador: “Justa medianía”, “Austeridad Republicana” y “Pobreza Franciscana”, un collage de principios morales y reglas religiosas para mostrar que el nuevo régimen iba a ser ahorrativo, frugal, cercano a las carencias de los más desfavorecidos. López Obrador nunca dejó de mostrarse como un émulo del propio Benito Juárez, presumiendo de llevar menos de 200 pesos en su cartera y con su famosa finca a nombre de sus hijos.
No obstante, lo que hemos visto ha sido muy diferente. En menos de un año pudimos ver las vacaciones de lujo de los hijos del expresidente, incluyendo al Secretario de Organización del Partido, Andrés Manuel Jr. También se hizo la comidilla con los artículos de marcas como Cartier, Tiffany y Vuitton llevados por Sergio Gutiérrez Luna y su esposa la famosa “Dato Protegido”.
No omito mencionar los comentados viajes en primera clase a Europa de Gerardo Fernández Noroña, que vive en una casa millonaria en Tepoztlan, o los millonarios bienes que el propio Adán Augusto “olvidó” incluir en su declaración patrimonial.
Y bueno, ante los millonarios gastos, un salón de estética en el Senado parece peccata minuta. Pero es que se descubrió que el gasto en productos de belleza ascendió a 200 mil pesos. De poco sirvió que la senadora morenista Beatriz Mojica argumentara que había un gran sesgo misógino, el salón de belleza fue clausurado.
Luego tenemos que la delegada del Bienestar en Puebla, Natalia Suárez del Real organizó su fiesta de cumpleaños en un hotel de lujo con tal cantidad de champaña, que en las redes sociales la apodaron “Gran Gatsby”. La filtración de los vídeos orilló a la funcionaria a disculparse, no sin dejar de aclarar que cada invitado pagó sus gastos.
Pero los últimos grandes escándalos han sido cortesía de la Suprema Corte de Justicia. Gracias al cambio constitucional, los magistrados fueron electos en 2025 con la promesa de acabar con lujos y privilegios de los anteriores jueces.
Pero a pesar de títulos auto conferidos como “Corte del Pueblo”, los jueces no han dejado de alejarse de esa imagen. Ya en el pasado habíamos visto a Yasmin Esquivel en un crucero y a Lenia Batres con señalamientos de contar con más de 50 asesores pagados, pero es que lo sucedido en días recientes ha sido el colmo.
Todo comenzó con las famosas camionetas blindadas. Supuestamente, la Suprema Corte ahorraría dinero al comprar camionetas en vez de seguirlas rentando, pero es que los vehículos Jeep último modelo que adquirieron fueron tan mal vistas por el público, que la Corte tardó menos de una semana en retractarse y declarar que regresaría o donaría los automóviles para jueces que lo necesitaran.
El caso de los Jeeps dañó la imagen de la Corte, pero lo que acaba de suceder ha provocado la indignación pública. No es que el ministro presidente Hugo Aguilar no tenga derecho a cuidar su imagen personal, pero ¿Mandar a dos de sus asesores a que le limpien los zapatos durante un acto público? Esa sola imagen del ministro ha bastado para traer a la memoria la idea de la plutocracia que López Obrador tanto atacó.
El ministro Aguilar se disculpó diciendo que su asistente había derramado “café y nata” sobre el zapato y que el gesto de limpieza lo tomó por sorpresa, aunque intentó impedirlo. Sin embargo, el vídeo es demasiado claro y ver al Presidente de la Corte con las manos en los bolsillos inspeccionando cómo le sacaban brillo a su calzado poco tiene que ver con la idea de “La Corte del Pueblo”.
Es difícil decir si el régimen actual está tan embriagado de poder que se permite estos excesos con la confianza de que el electorado no los castigará, o tal vez porque están conscientes que incluso con los escándalos tienen firmes las riendas del gobierno. Recordemos lo que dijo el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo, Reinaldo Sandoval, quien admitió que “Tenemos el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, y ganamos el Poder Judicial”.
Los gobernantes, legisladores y jueces tienen un salario bastante elevado, proporcional a sus responsabilidades. Nadie ha dicho que está mal tener dinero, pero recordemos que este movimiento político se proyectó a si mismo como una nueva renovación moral, como frailes laicos al servicio de la gente, los nazarenos republicanos ¿Y qué hemos visto? La frivolidad del poder.









