Por Guillermo López Franco
El pasado 3 de enero de 2026 el mundo apenas estaba despertando de las fiestas de Año Nuevo cuando nos enteramos del operativo militar realizado por el gobierno de Donald Trump en Venezuela que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, ambos presentados ante la Corte Distrital del Sur de Nueva York con cargos de corrupción y narcotráfico.
El juicio ya está en marcha, pero en las últimas dos semanas las reacciones y nuevas historias sobre lo sucedido se han acumulado. En los hechos, sabemos que la anterior vicepresidente, Delcy Rodríguez, ha tomado el cargo como Jefa de Estados de forma interina y que Donald Trump no ha ocultado su intención de mantener el control del gobierno venezolano y de su mayor recurso: el petróleo. También sabemos que el gobierno provisional venezolano ha comenzado la excarcelación de líderes opositores condenados en los últimos años y que el golpe al régimen chavista a alterado los equilibrios de poder con Rusia, China e Irán, socios importantes de la República Bolivariana en el comercio de hidrocarburo e industria militar.
Eso es lo que sabemos con certeza razonable, pero hay algunos otros aspectos que han caído en un debate inverosímil, repetido varias veces en los medios de comunicación y la palestra política:
- ¿Criticar a la dictadura venezolana es convalidar un acto en contra del Derecho Internacional? No, los simpatizantes de Maduro intentan dejar en el ámbito subjetivo si la del chavismo era una dictadura o no. Algo tan fútil como intentar negar que Estados Unidos violó todos los acuerdos de seguridad y respeto a la soberanía internacional.
- Celebrar o criticar la captura de Maduro te vuelve un progresista (chaíro) o un conservador (fachos). Otro asunto de discurso divisor. El defender a Maduro resulta tan difícil como argumentar a favor de una acción militar unilateral que viola la soberanía de un país.
- Delcy Rodríguez o Marina Corina Machado. De nuevo pareciera que cada quien debe apoyar a una de las dos mujeres según sus simpatías políticas. Al momento, no se ve como alguna de las dos pueda escapar a la sombra que Trump proyecta sobre Venezuela.
- Derecho Internacional o Realpolitik. Hay muchos que hablan como si existiera contradicción entre “aceptar los hechos consumados” y defender las leyes que garantizan la soberanía de un país. Si estoy fuera cierto, solo habría que encogerse de hombros al hablar de casos como el de Ucrania. Las guerras y revoluciones cambian las leyes, pero las leyes perdurarán siempre que exista el consenso para aplicarlas.
No puede existir nada más dañoso que utilizar la óptica ideológica o partidista para analizar lo sucedido en Venezuela, un fenómeno que sin duda ya debe contarse entre los más relevantes de la todavía joven geopolítica del siglo XXI. Solo puedo concluir deseando paz, justicia y libertad para el pueblo venezolano, fuera de los falsos dilemas









