Ningún fenómeno en la naturaleza, incluyendo la vida humana, puede explicarse o ser entendido con cierta verosimilitud sin la consideración o la medida de sus causas y también de la suma de los procesos que lo estimulan. En realidad ningún proceso concluye absolutamente, es el interés medio el que deja de mostrar curiosidad. Nos dejó de espantar la influenza pero ella sigue. Ahora el interés se centra, moneda de uso cambio y oferta, política y económica, en el nuevo virus.

El mundo, el humano específicamente, ha mostrado diversas reacciones ante la pandemia del covid19. Están los de los estratos especializados, el científico, el entremezclado con los saberes de la economía, la demografía, la movilidad, la estadística, las historias locales y las nacionales, las continentales y las totales. Los comentarios filosóficos, los sicológicos y los políticos hierven de preocupación, alerta y cierto fatalismo. Los peores comentarios se han dado, por ejemplo en el continente americano, por las derechas políticas que han mostrado la crudeza de su ignorancia y su oportunismo para minar cualquier acción de los gobiernos que no dominan.

Y en nuestro país se han dado penosas y excepcionales muestras de lo que la ignorancia de la derecha puede ofrecer y que son todo un caldo de cultivo para preparar las condiciones de su naturaleza nativa: el fascismo.

Al virus se le han achacado las proyecciones del fanatismo, del rumor más inocente. Incluso que puede ser controlable en un mundo que desvió su camino de disciplinas emergentes y sobre todo de las solidaridades básicas. Todavía se cree que puede sobrevivir una parte de la especie y la demás es prescindible, obviamente la más pobre, la más trabajadora. El virus parece ser la última puntada para tejer la tormenta perfecta que apenas inicia cuando la humanidad ya está fastidiada de él. De plano perdimos las fortalezas superiores de la resistencia, sobre todo en una civilización donde las clases medias y altas han convencido a cierta parte del mundo de extrañas experiencias: la comodidad, la previsibilidad, la certidumbre. Parece que esta civilización contemporánea se olvidó que venimos de una especie sobreviviente, excesivamente expuesta al dolor y a la precariedad.

La Pandemia, ya lo sabemos, reveló nuestros más grandes defectos al mundo: un país en donde la corrupción y la desigualdad social devastaron al sector salud, no sólo en infraestructura, recursos médicos humanos, también en las omisas políticas públicas. Una de ellas es una estructural, la de la salud. La salud es educación en el sistema escolarizado, en el trabajo legislativo (leyes que obliguen a empresas a producir alimentación sana), en el sector deportivo (activación física). Nada de eso.

Por ello, poco a poco, con esas debilidad omisa de las políticas públicas de varios gobiernos anteriores, México desarrolló una pandemia –no todas son de virus-, la de la obesidad, llegando a ocupar los primeros lugares de este mal en el mundo y en la historia de las civilizaciones y disparando, así, una serie de afecciones coronarias, de diabetes, de riñón. De acuerdo con los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 75.2 por ciento de la población, de 20 años y más, enfrenta un problema obesidad, lo que representa un incremento de 3.9 por ciento respecto a lo reportado en la edición de 2012. El número de personas con diabetes pasó de 6.4 millones a 8.6 millones, lo que significó un aumento de 10.3 por ciento en comparación con 2012, y el problema es aún mayor, porque se acentuó en las mujeres, con 11.4 por ciento comparado con 9.1 por ciento de los varones.

La obesidad, entonces, en uno de sus momentos de mayor expansión en el país, recibe así, casi como un campo de condiciones mortales, al virus covid. Y tenemos que una pandemia se monta sobre otra. Y eso que no consideramos pandemia al deterioro institucional de salud, que bien podría ser otra condición importante para la morbilidad.

Y ya sabrán, los opositores, se agarran ahora a un fenómeno sanitario para fustigar al gobierno. El gobierno por su lado, además de atender, reconvertir hospitales, redireccionar presupuesto con medidas de austeridad necesaria para estados de emergencia, contratar como nunca a personal médico y de atención, apoyar para aliviar los estragos económicos del covid 19, le entra a una campaña de autocuidado, de denuncia contra la alimentación chatarra que propicia la obesidad y que incluye a la enorme saturación de azúcares que la industria refresquera inyecta a sus productos.

Para apretar aún más la tuerca contra esos males el Presidente de la República anunció una campaña de orientación nutricional en medios de comunicación, la cual estará acompañada de una nueva asignatura en el nivel básico de educación pública, Vida Saludable. “Esto va a significar mensajes en radio, televisión periódicos, en redes sociales pero también se está contemplando que haya una materia en la educación formal. En los libros de texto se va a enseñar, se va a educar para la salud. Van a tener contenidos educativos con este propósito” -anunció el Presidente. Obviamente se reforzarán las facultades de la PROFECO en la difícil cuestión de los etiquetados frontales en los productos alimenticios para que orienten al consumidor de los contenidos de cada mercancía alimentaria que adquiera. Se recomendará que cada persona ejecute un plan de ejercicios personalizado, la misma Secretaría de Educación profundizará la activación física en los currículos.

El mandatario adelantó que “No vamos a prohibir productos, solo que Cofepris considere que no deben consumirse, pero si tiene permiso de consumirse se tiene que respetar; no va a ser prohibición, va a ser informar a la gente del daño que puedan causar los productos chatarra. “Las campañas se dejaron de hacer, pero no fue casualidad, durante el periodo neoliberal fue crecer por crecer a costa de los que fuese, aun afectando la salud; básicamente es informar y orientar”.

Eminentemente también el autocuidado va dirigido a reforzar el sistema inmunitario. El virus estará de manera peligrosa durante unos meses, así que lo mejor es ayudar a nuestro cuerpo a resistir toda clase de enfermedad y si iniciamos con reducir la ingesta de azúcares, mantener en todo lugar la sana distancia, procurar no asistir a aglomeraciones y tener una vida pública discreta es lo que nos recomienda tanto el secretario de Salud y el Presidente de la República.

También es responsabilidad de las familias formar, observar y adoptar las medidas de distanciamiento. Todo ello debe de ser, ya, un hábito permanente. Por nuestro bien.

" La mejor campaña inicia en casa" Octavio Almada

@octavioalmada1

@ElCobanaro



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