Con la “dichosa” cuarentena han cambiado millones de vidas en todo el mundo. Desde personas que perdieron su empleo, hasta visionarios CEOs que están echando millones de dólares a sus cuentas bancarias (Jeff Bezos). Pero a parte de eso, durante estos meses recordamos lo frágiles que somos los humanos. El como un agente microscópico puede arrinconarnos en casa, para vivir una incertidumbre, sobre si seguirá nuestra vida normal o no.

La respuesta a lo anterior es claramente no. Lo he descrito brevemente en anteriores columnas, sobre cómo industrias como el turismo cambiarán. Por su lado, el mundo del entretenimiento se ha cubierto en un capullo, del cual saldrá algo que no sabremos qué será, hasta que rompa. Pero tomando en cuenta la gran dependencia hacia la mano de obra, y creativa humana, nos podemos hacer una idea.

RECURSOS ACTORALES Y DE LOCACIONES QUEDARÁN OBSOLETOS

Lo han dicho varias personalidades a lo largo de los años: “Un día las máquinas nos quitarán los empleos”, y es completamente verdad. Desde la revolución industrial, hasta nuestros días, tareas que antes le tomaba a un humano hacer varias horas o días, un sistema de operaciones lo puede ejecutar en mucho menor tiempo, y sin descanso.

Por ejemplo en la actualidad, en áreas tan comunes como los supermercados, cuentan con opciones de cajas de autopago, además de robots que pasan pasillo por pasillo verificando cómo están los anaqueles. (Eso sí, sólo países del primer mundo). No faltará mucho para que estas máquinas acomoden y cobren con la poca o nula supervisión humana.

La industria del séptimo arte también ha pecado en el aspecto de optar por opciones tecnológicas, para reducir costos de rodajes por ejemplo, o para exponer mundos productos de la imaginación. La utilización de pantallas verdes y azules son una de ellas. Se ahorra dinero y tiempo en construcciones de escenarios, o en búsqueda y permisos de locaciones reales.

De igual forma con diseño de personajes, en películas como El Irlandés (Martin Scorsese, 2019) deciden utilizar tecnologías de rejuvenecimiento y envejecimiento en los actores Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino, para ahorrarse actores que los representen en varias épocas.

Otro ejemplo son cualquier película de fantasía o ciencia ficción. Tales tramas son llevadas por personajes con apariencias extravagantes, medievales o espaciales. De nuevo, para ahorrar recursos, se colocan un traje especial pero sencillo, con sensores y señales que al pasarse a editores de vídeo, tienen indicadores para crearles los vestuarios de manera digital.

Todo aquello fue apareciendo poco a poco, pero el año pasado, a mediados de noviembre surgió algo que llamó mucho mi atención. Se anunciaba una nueva película con James Dean como protagonista, un actor que murió hace 65 años, ¿cómo así? No se trataba de una cinta póstuma que se mantenía guardada, nada de eso, resulta que lo generarían de manera totalmente digital.

En su momento la noticia reventó los medios dedicados al entretenimiento, un servidor abordó el tema en una columna, pero no esperaba hablar de ello tan prontamente hasta ver la película.

Retomando el cómo las máquinas tomarán nuestros trabajos, ahora ese tema está más presente que nunca. Fábricas, comercios, rodajes, y estrenos de películas en cines están detenidos porque los humanos podemos morir a causa de algo inmensamente pequeño, y aunado a ello, contagiamos a otras personas que potencialmente también podrían morir.

Frente a esa fragilidad, no dudo que las grandes empresas relacionadas al cine estén generando nuevos modelos de producción, en donde no existan actores ni locaciones reales.

Hemos visto que existen personas que no tienen problema con ver a Hatsune Miku cantar y bailar, aún con el conocimiento implícito de su ficción. De igual modo, existieron opiniones divididas sobre la resurrección virtual de Michael Jackson, o de Paul Walker en la saga de Rápidos y Furiosos, y aun así, llenan taquillas.

Con el año pasado tenemos también registro, que aunque la cinta sea mala, el público irá a ver propuestas como El rey león (Jon Favreau, 2019). Con animales digitales sin gracia, pero que en un futuro seguramente mejorarán.

¿Qué se necesitará para hacer una película así? Seguramente un guión, actores de voz, si no es que un sintetizador lo hará, y una computadora para crear todo. Sabemos que se puede trabajar a distancia, así que cada miembro de la producción laborará desde su trinchera y entre todos crearán una película cien por ciento protagonizada por actores digitales.

Lo anterior sostenido sobre la misma fragilidad del humano, ya que un robot o un diseño digital no se enferma, no se embaraza, no tiene eventos familiares en horas de trabajo, no se lesiona, no envejece, no muere.

Quizá no llegue a ser una totalidad, pero no dudo que ahora mismo haya casas productoras analizando lo que propongo, y que otras, lo produzcan. Además en estos meses hemos visto como festivales y premiaciones alrededor del mundo que aborrecían el streaming, están tomando en cuenta cintas estrenadas de forma digital para reconocerlas, y hasta han abierto sus espacios para estrenar en streaming películas que sólo verían la sala oscura. Ojo, no es tragarse sus palabras, es adaptarse a la situación.

Así que si antes rechazaban las resurrecciones digitales en actores, nada dicta que no puedan hacerlo a pesar de lo dicho. Recordemos que incluso el legendario Charlie Chaplin se opuso al cambio del cine silente al sonoro, ¿se imaginan sus películas contemporáneas preferidas sin sonido?

*Andrés Lechuga es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Es periodista, y escritor amante del cine. También habla sobre él en Fuera de Foco.

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