De vez en cuando, entre los grupos de amigos, se oye a alguien comentar un dato que deja a todos sorprendidos: no existe una sola persona que haya nacido ciega y tenga esquizofrenia.

En los últimos 60 años, científicos de todo el mundo han escrito sobre el tema. Han analizado estudios antiguos, han registrado las salas de los centros psiquiátricos y han rebuscado en las organizaciones que trabajan con ciegos para ver si encontraban un solo caso.

A medida que pasa el tiempo, se van conociendo muchos más datos: en 2018, en un estudio llevado a cabo por Vera Morgan, investigadora de la Universidad de Australia Occidental, se estudió a cerca de medio millón de niños nacidos entre 1980 y 2001 y se confirmó la sospecha: entre aquellos que habían nacido con una ceguera congénita, no existía ningún caso de esquizofrenia. Tom Pollak, psiquiatra e investigador de la universidad de King’s College de Londres, recuerda que, cuando conoció el dato por primera vez, fue al centro donde trabajaba para comprobar si existía algún caso, pero no encontró a nadie.

Estos resultados implican que las personas que sufren ceguera desde el nacimiento tienen algo que los protege contra la esquizofrenia. Lo cual es especialmente sorprendente teniendo en cuenta que la ceguera congénita, a menudo, es el resultado de infecciones, traumas cerebrales y mutaciones genéticas, que a su vez se suelen asociar con un riesgo mayor de trastornos psicóticos.

Curiosamente, la pérdida de visión a otras edades aumenta el riesgo de sufrir síntomas psicóticos y esquizofrenia. Asimismo, una persona sana puede tener alucinaciones cuando se somete a periodos largos de oscuridad absoluta. En los últimos años, esta conexión entre la deficiencia visual y la esquizofrenia se ha definido con más detalle y se ha observado que hay problemas de visión que que preceden a los síntomas psicóticos, lo cual podría servir para predecir casos potenciales.

Nacer ciego, y quizás con algunos tipos de cegueras congénitas, puede servir de protección contra los trastornos que la pérdida de visión a otras edades puede causar. Hay un sinfín de teorías que tratan de explicar el por qué: desde la elasticidad del cerebro hasta el papel crucial que desempeña la visión en la construcción de nuestro modelo del mundo (y lo que sucede cuando este proceso falla).

Algunos científicos creen que la conexión entre la visión y los síntomas psicóticos podría arrojar nueva luz sobre la esquizofrenia. ¿Es posible que dentro de este fenómeno apenas definido estén las claves de lo que causa la enfermedad, cómo predecir quien la sufrirá y, quizás, cómo tratarla?

En 2004, se realizó un experimento con 13 personas sanas que pasaron 96 horas con los ojos vendados y, al final, 10 de ellas aseguraron haber tenido alucinaciones visuales entre el primer y el segundo día a oscuras.

Una mujer de 29 años vio una cara verde con ojos grandes en lo que ella sabía que era un espejo, aunque no podía verlo. Otro hombre de 24 años, al final del segundo día, empezó a mostrar dificultades para caminar por todas las alucinaciones con las que se encontraba a su paso. Dijo haber visto “montones de guijarros, o piedras pequeñas... y entre ellas corría una pequeña corriente de agua”. También, al final del estudio, contó haber visto “edificios ornamentados de mármol blanco y verde" y "figuras como de dibujos animados".

Desde hace mucho tiempo se conoce la relación entre la pérdida de la visión y las alucinaciones. El síndrome de Charles Bonnet, que se describió por primera vez en 1760, provoca la pérdida de visión y la aparición de alucinaciones. Este tipo de visiones no se manifiestan solo en sujetos con enfermedades mentales, pero las personas con esquizofrenia suelen mostrar problemas de visión.

Los movimientos involuntarios oculares, los problemas en las retinas, el parpadeo exagerado y otros problemas relacionados con la vista y los ojos aumentan la posibilidad de padecer esquizofrenia. Un estudio reveló que los problemas de visión aparecían siempre antes, y no después, de los primeros episodios psicóticos.

Sin embargo, esa conexión no se da en las personas que nacen ciegas. Pollak y Phil Corlett, profesor adjunto de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Yale, tienen una teoría de por qué ocurre esto y que publicaron a finales del año pasado en la revista Schizophrenia Bulletin. Se basa en la hipótesis de que una de las funciones más importantes del cerebro es realizar predicciones sobre el mundo.

En esta teoría se explica que en vez de percibir el mundo en tiempo real, el cerebro crea un modelo de lo que nos rodea y predice y simula lo que experimentamos y luego lo compara con lo que está pasando en realidad, aprovechando cualquier error para actualizar o cambiar ese modelo. La precisión de las predicciones que se han hecho en el pasado es esencial para la precisión de tu modelo general. Es con lo que comparas la nueva información y la base de los nuevos cambios.

Aquí es donde entra en juego la visión. Gran parte de la información de lo que nos rodea nos llega a través de esta y es un sentido importante que nos ayuda a relacionar las señales sensoriales, como el sonido o el tacto, dice Pollak. Si la visión que alguien tiene del mundo es incorrecta, puede ser más complicado predecir, corregir errores y construir un modelo del mundo que tenga sentido. Y cuando la gente tiene problemas con la visión, el cerebro debe hacer más predicciones para poder explicar lo que ve. Por otro lado, si no ves nada, tu cerebro no puede realizar interpretaciones erróneas del mundo que te rodea, lo cual podría causar problemas en el pensamiento más adelante.

Esto podría explicar todos los problemas de visión y procesamiento sensoriales que suelen mostrar previamente los pacientes con esquizofrenia. En un estudio de 2006 llevado a cabo por Elaine Walker en la Universidad Emory, se estudiaron vídeos caseros en los que se veía a los sujetos con esquizofrenia cuando eran niños. Muchos de ellos eran patosos, dejaban caer la pelota cuando se la tiraban, tropezaban con frecuencia o se inclinaban hacia el lado derecho. Esto sugiere que podría haber algún tipo de desconexión en la forma en que sentían e interactuaban con el mundo. Los problemas de vista prematuros en los hijos de mujeres con esquizofrenia pueden ayudar a predecir si estos se verán afectados por la enfermedad cuando crezcan. Los niños que la padecen, haya o no casos similares en la familia, suelen tener más problemas visuales.

Alguien que nace ciego no tiene la información necesaria para dar forma a un modelo del mundo; tienen que valerse del resto de los sentidos. Según Pollak y Corlett, este modelo podría ser más estable.

“La idea a la que queremos llegar es que debe de haber una diferencia en la representación y estabilidad del mundo interior en la gente con ceguera congénita”, dice Pollak. “Y esa estabilidad, en cierto sentido, los protege contra los tipos de errores y falsas interpretaciones que se dan en la esquizofrenia y los trastornos psicóticos”.

Las alucinaciones, la desilusión y los comportamientos extraños son síntomas bastante conocidos. Pero Steve Silverstein, psiquiatra de la Universidad de Rochester, dice que él, como muchos otros, veía esos síntomas como efectos secundarios de la enfermedad. En realidad, la esquizofrenia podría tener su origen en déficits cognitivos, problemas de percepción, atención, memoria, idioma o aprendizaje.


En 2010, Silverstein leyó Blind Vision, un libro de los científicos Zaira Cattaneo y Tomaso Vecchi sobre las habilidades cognitivas y las experiencias de gente no vidente. “Me impresionó la compensación que el cerebro trata de hacer o las habilidades que desarrolla. Parece ser lo contrario de lo que se observa en la esquizofrenia”, dice.

Silverstein no está en desacuerdo con la teoría del cerebro predictivo de Pollak y Corlett, pero piensa que la respuesta podría tener un mayor alcance: que la predicción sea solo una ventaja que el cerebro de los ciegos congénitos tiene sobre el de las personas con esquizofrenia. Cree que ser invidente fortalece el cerebro de formas diferentes, y que empeora cuando alguien tiene esquizofrenia.

Por poner un ejemplo, existe algo llamado atención selectiva, que es la capacidad de centrarse solo en una fuente de información, en este caso auditiva. Es como cuando estás en una fiesta, hablando con una persona y te centras en lo que dice por encima del resto de sonidos de la habitación que podrían distraerte. En los laboratorios, los científico estudian la atención selectiva reproduciendo un sonido en la oreja izquierda de los sujetos y otro diferente en la derecha y pidiéndoles que se centren en uno solo.

Los pacientes con esquizofrenia suelen tener problemas de atención selectiva, dice Silverstein, mientras que la gente que nace ciega suele ser más atenta que la gente con visión. De igual manera, tienen más facilidad para escuchar y diferenciar diferentes tonos e identificar de dónde procede el sonido. La gente con esquizofrenia, por el contrario, suele tener problemas de precisión acústica y procesan el habla de forma diferente. La incapacidad de determinar de dónde proviene un sonido podría llevar a alguien a pensar que su propia voz viene de otro lugar y contribuir al pensamiento delusivo.

Es una lista convincente que sigue y sigue: la gente ciega es mejor que la gente vidente a la hora de reaccionar al tacto y al sonido; los pacientes con esquizofrenia muestran deficiencias en esas áreas. La gente invidente tiene mejor memoria y la gente con esquizofrenia tiene problemas para recordar las cosas. La gente con ceguera congénita es inmune al experimento de la mano de goma, en el que la persona siente que un objeto inanimado, como una mano de plástico, es parte de su propio cuerpo. Lo cual podría significar que tienen un sentido mayor de la percepción física de su propio cuerpo.


“Yo diría que hay probablemente unas 20 áreas en las que la gente que nace ciega es mejor, por lo general, que el resto de la población”, afirma Silverstein. “Y es en esas mismas áreas en las que la gente con esquizofrenia suele tener más problemas cognitivos”. (Ha hecho incluso una tabla que publicó en uno de sus estudios).

“Si naces ciego, tu mente básicamente desde una edad temprana empieza a usar las áreas del cerebro normalmente relacionadas con la visión para hacer otras cosas”, dice Silverstein. “Y creemos que esa es la razón por la que algunas de estas facultades auditivas, de atención y de representación física están más desarrolladas en la gente que nace ciega”. Otro efecto de la ceguera total es que las diferentes regiones del cerebro se comunican entre ellas de formas que no lo hacen en la gente vidente, conforme a lo que se ha visto en algunos estudios con imágenes cerebrales. La gente con esquizofrenia, a su vez, suele tener menos conexiones de este tipo.

La explicación concreta de por qué la ceguera congénita protege contra la esquizofrenia, ya sea porque la protección viene de la predicción del mundo, de que tienen un cerebro con más conexiones o de que se valen de otros sentidos, todavía está en el aire.

Hay muchos factores que se deben estudiar y desarrollar. Por ejemplo, hay más de un tipo de ceguera congénita. La ceguera cortical se origina por un problema con la parte del cerebro que procesa la visión, mientras que la pérdida de visión periférica es solo un problema ocular que no afecta al cerebro. Aunque no hay casos registrados de gente con ceguera cortical congénita, sí que se conocen un par de casos de personas que nacieron con una ceguera parcial y que desarrollaron esquizofrenia. En algunos de estos casos se trataba de personas mayores o que tenían otras enfermedades graves, así que es complicado llegar a una conclusión.

La ceguera congénita no parece proteger contra otras enfermedades mentales y se conocen casos de ciegos congénitos con trastornos alimentarios y aracnofobia, ya que no necesitan haber visto su propio cuerpo o una araña para sufrir estos trastornos. Además, las personas que nacen sordas y ciegas suelen tener un riesgo mayor de psicosis.

El síndrome de Usher, que causa sordera congénita y una pérdida de la visión en los primeros años de vida, se asocia a la esquizofrenia y la psicosis. Silverstein dice que no está claro por qué al añadir la sordera a la ecuación, se elimina la protección que parecían tener. “Una posibilidad es que la ceguera por sí misma sea un reto superable a la hora de lidiar con el mundo y que por lo tanto impulse los cambios sensoriales, perceptuales y cognitivos que se dan para compensar y que sorprendentemente conducen a un desarrollo mayor de las habilidades personales”, describe Silverstein en un estudio en 2013. “La sordoceguera, por otro lado, puede impedir la interacción con el entorno hasta tal punto que dificulte el desarrollo de estrategias de afrontamiento cognitivas”.

Pero al fin y al cabo, es esta especificidad tan extrema lo que lo hace tan interesante. Todo esto podría ofrecer un entendimiento diferente de la psicosis, dice Corlett. Se podría estudiar el desarrollo de la vista y la predicción visual de la gente más de cerca. Podría abrir varias vías de investigación para entender mejor la esquizofrenia: “¿Cuál es la relación entre los mecanismos de percepción visual básicos y la aparición de síntomas?” se pregunta Corlett. Hemos avanzado muy poco en el entendimiento de la psicosis en particular, pero también en psiquiatría en general, sobre todo desde el punto de vista de cómo se producen los síntomas en el cerebro. Creo que cualquier inspiración, cualquier cosa que pueda darnos ventaja, es bienvenida.

En Estados Unidos, los experimentos con pacientes esquizofrénicos se han centrado principalmente en tareas cognitivas, como la memoria, dice Corlett, pero quizás el entrenamiento cognitivo debería incluir un enfoque mayor en factores sensoriales y en la percepción. Quizás un entrenamiento visual más temprano, junto con un entrenamiento cognitivo, podría ayudar potencialmente. Y en vez de realizar análisis de sangre, quizás un día podremos determinar si hay riesgo de padecer psicosis a través de exámenes visuales.

Otra cosa a tener en cuenta, sobre la que Silverstein ha escrito, es enseñar a la gente con esquizofrenia a depender más en sus otros sentidos, para ver si así mejora sus habilidades.

Estudiar una enfermedad en sujetos que no la padecen no es un método nuevo. En los años 80 y 90, hubo gente que contrajo el VIH que nunca tuvo sida. Al estudiar a estas personas se consiguió entender mejor los riesgos y las medidas de protección que habían podido tener. Durante mucho tiempo, fue un misterio porque los pacientes de anemia de células falciformes eran inmunes a la malaria. El mismo gen que causaba las deformaciones en los glóbulos rojos les protegía contra la enfermedad, lo cual ofrecía a los científicos una visión de cómo actuaba la malaria en el cuerpo.

Puede ser complicado de estudiar, especialmente cuando se trata de enfermedades raras y hay que esperar a que aparezcan por causas naturales. Pero puede ser un lugar excelente en el que buscar pistas. “A menudo bromeo con que me gustaría poder analizar a gente como Keith Richards o Ozzy Osbourne: ¿Por qué la adicción a los opiáceos no les ha destruido de la misma manera o similar a otras adicciones ?”, dice Corlett. “‘¿Qué tiene esta gente que los hace no sufrir enfermedades?’ ha sido tradicionalmente una forma común de explorar los riesgos y fisiopatologías de una enfermedad”.

Respecto a la esquizofrenia y la ceguera, Silverstein cree que todavía queda mucho por aprender y estamos lejos de entenderlas por completo. Dicho esto, no es algo que debamos ignorar.

“En este momento, yo no diría que es prometedor”, dice Silverstein. “La palabra que usaría sería interesante. Hasta cierto punto, es una de las observaciones más interesantes en el estudio de la esquizofrenia desde hace tiempo. Porque es la única cosa que parece proteger de la esquizofrenia. Creo que hay algo y que deberíamos estudiarlo mucho más”.

Fuente: vice.com



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