Para este pasado día de San Valentín, las tiendas se abarrotaron por el deseo de comprar esa tarjeta especial, ese oso gigante, ese globo sin sentido en forma de corazón y esa caja de deliciosos, suaves, exquisitos, chocolates. Porque ¿qué más grita amor que un buen trozo de chocolate? Quizá un trozo de chocolate en forma de corazón, pero parece que nada supera a este ingrediente al momento de ponernos románticos. El momento decisivo llega cuando tratas de recordar cuál es el preferido de esa persona especial: ¿amargo? ¿Con leche? ¿Sin azúcar? ¿El suizo? ¿Blanco? ¿El que tiene almendras? ¿El que tiene cacahuate? Así que antes de entrar en una crisis por desesperación, tomas la caja que contiene “una selección de cada tipo” y esperas convertirlo en un regalo acertado.

El chocolate nos acompaña en cada paso que damos, en los regalos que entregamos o en los que nos guardamos para nosotros mismos, en los momentos de extrema felicidad o de profunda tristeza. Y aunque amemos cada una de las variedades que existen, ¿conoces los tres tipos fundamentales de chocolate?



Al ser un derivado del cacao, el chocolate viene a nosotros como el regalo de los dioses que el cacao fue para las culturas precolombinas, y aunque en algún punto de la historia pareció ser satanizado por sus efectos en la piel y en el organismo de las personas, el chocolate se ha reivindicado para decirnos que todo con medida no hace daño.

Los beneficios del chocolate están sobre todo en aquellos cuya concentración de cacao puro supera el 60%, al que comúnmente llamamos chocolate negro, que se distingue por su sabor amargo (producido por el cacao) y su baja concentración en azúcares, además de que no se le agrega leche. Aparte de mejorar el estado de ánimo, el chocolate negro en porciones controladas puede ayudar a combatir la hipertensión arterial debido a los compuestos flavanoles-bioactivos que los granos de cacao tienen, también, por su contenido de magnesio, ayuda en las contracciones musculares y en los dolores premenstruales. Este tipo de chocolate es el que se recomienda utilizar en repostería y platillos especializados.


Pero probablemente el más común de todos, y el más amado, sea el chocolate con leche. Este tiene aproximadamente entre 25% a 40% de concentración de cacao, al que se le agrega manteca de cacao, azúcar y leche, que puede ser en polvo o condensada, lo que hace que el producto adquiera un sabor más dulce y suave. El chocolate blanco, por otro lado, está elaborado solamente con manteca de cacao, leche y azúcar, además de edulcorantes y otros aditivos, por lo que carece de cacao puro, lo que le da el nombre de “chocolate falso”. Es además, uno de los tipos de chocolate menos saludables por su alto contenido en azúcares y grasas, pues es frecuente que se utilicen otras grasas vegetales en lugar de la manteca de cacao.


A pesar de que estas son las tres categorías principales para agrupar al chocolate, en los mercados podemos encontrar otras variedades como el chocolate en polvo, derivado de un prensado de la semilla del cacao al que se le adiciona harinas y azúcares; como se elimina la manteca de cacao, el chocolate en polvo resulta ser muy beneficioso por su bajo contenido en grasas.

Para las fechas, este ingrediente suele estar presente en todas partes, desde las paletas, hasta las frutas decoradas, como la manzana o la fresa, lo mismo en tartas, mousses o bizcochos.


*Evelyn Medina es estudiante de la Lic. en Literaturas Hispánicas en la UNISON. Ensayista y apasionada a las buenas historias, sobre todo aquellas que se cuentan a través de los sabores. Combina sus lados de literata y foodie en su blog de Instagram @arracheramx. Tambien puedes seguirla como @evemedinag.


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