Cuando hablamos del cine en su generalidad, seguramente predominará en los gustos de los participantes en la conversación, el cine estadounidense, con sus directores, actrices, premios, escándalos, glamour y plataformas para verlo, que son igualmente empresas estadounidenses posicionando sus productos por sobre las mexicanas, algo que sucede no por azares del destino, ni porqué del otro lado de la reja fronteriza se haga mejor cine que acá, sino por una injusta medida que deja ser a los estadounidenses por encima de la soberanía cinematográfica nacional, con total permiso de nuestros “representantes” de entonces, quienes firmaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en donde México no protegió su cine, a diferencia de Canadá y Estados Unidos.


EL MUNDO A TRAVÉS DEL CINE HOLLYWOODENSE


Como lo he mencionado infinidad de veces, mediante distintos medios de comunicación, y en conversaciones con damas en bares de mala muerte, el cine es una carga cultural y política, expone el sentir y pensar de un país o grupos mediante un largometraje que, sin importar su argumento o género, te vende una forma de pensar, y una espina por viajar a ese lugar y comer lo que ellos comen, vestir lo que ellos visten, hablar como ellos hablan y vivir como ellos viven.


Debemos detenernos un momento para reflexionar la opinión que tenemos de las personas oriundas de países de medio oriente, ¿cómo nos haría sentir su presencia en lugares públicos como aeropuertos, plazas comerciales, restaurantes?, seguramente incómodos, porque vemos en ellos lo que hemos visto en películas de Estados Unidos: terrorismo, maldad, creencias religiosas radicales, etc.


Por otro lado, debe mencionarse brevemente la irrisoria y aburrida representación de las personas de nacionalidad rusa. Quienes son retratados como agentes secretos que desean apoderarse del mundo, al invadir territorios ajenos e implementar su manera de pensar a través de sus medios de comunicación.


Sin percatarnos, heredamos las tragedias de quienes cuentan “la verdadera historia”, nos sentimos cercanos a sus victorias y derrotas, mientras tanto, en el resto del mundo, como mexicanos ellos nos presentan con el mismo lente radical: un país inseguro de cantinas, prostíbulos, con abundante flora de nopales, gente morena que anda en burro, y de baja estatura que viste zarape, chanclas y usa un colorido sombrero, además de vivir en un eterno desierto color sepia.


MÉXICO EN EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO


El que, al menos la Generación Z. haya crecido viendo películas como Rambo, Rocky, Terminator, Parque Jurásico, Tiburón, Volver al Futuro, producciones de Disney y Pixar, Dreamworks, entre otros éxitos Hollywoodenses, es gracias a que desde el 01 de enero de 1994 entró en vigencia el TLCAN, documento que fue firmado en nuestro país por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari en 1992, que en el ámbito del cine, el país entrega en bandeja de plata las llaves al regalar el 70% de los espacios de proyección en salas, dejando por ende un ridículo 30% de pantallas para trabajos nacionales.


En cambio, como se menciona un poco más arriba, Estados Unidos y Canadá no pusieron en calidad de intercambio a su cine, ya que para ellos representa la protección y conservación de su cultura, libertad e identidad nacional, pero México echó a la mesa sus cartas de soberanía, sin embargo Carlos Salinas de Gortari sí protegió la televisión (telenovelas) y una parte de la radio.




Pero no debe creerse que nadie abogó por la protección del cine nacional, fueron miembros de la CANACINE quienes presentaron a Jaime Serra Puche, entonces Secretario de Comercio, la incomodidad del gremio de producción, pero éste en su total ignorancia, miedo o sentado sobre silla de billetes, les escupió en la cara: “la cultura nunca fue tema de tratado”.


También, otros de los beneficios para Estados Unidos fue la recaudación de impuestos para ellos, o Doble Tributación. En pocas palabras, el mexicano al pagar por su boleto de cine, paga un impuesto del cual sólo el 10% se queda en territorio nacional.


MÉXICO A 26 AÑOS DEL TLCAN


En pleno mes de febrero de 2020, en varias ciudades del país como Monterrey y Ciudad de México, los dos grandes consorcios de cine cuentan con increíbles instalaciones. Hay alta calidad de imagen, sonido, confort en butacas acolchadas y reclinables, experiencias 3D, 4DX, VIP, MacroX, Salas de Arte, Junior, Platino, taquillas de autoservicio, grandes paquetes de botanas, bocadillos, bebidas, órdenes de dulcería mediante APP, etc., todo para ver un cine que no habla de lo nuestro, que no es actuado por mexicanos, que no representa lo que como país nos une en la queja como en el júbilo.


El cine mexicano habla de la inmigración, la corrupción, la violencia de género, y el narcotráfico porque eso es lo que está pasando en estos momentos en las calles, no somos un país con guerras externas, sino internas, al no lograr hasta la fecha una integración de las comunidades indígenas, un sistema educativo de calidad y, en pocas palabras, una calidad de vida digna más allá de aviones y trenes.


Los grandes talentos mexicanos son ovacionados de pie y por minutos en festivales de cine como Sundance, Cannes y en Berlinale, pero al volver a su lindo México son ninguneados por las empresas y gran parte del público, por no hacer películas de superhéroes o comedias románticas, o por incomodar con la verdad al sistema.


Hoy, por otro punto, se ha reducido todavía más el tiempo en pantalla de un 30% a un indignante 10% de espacios en pantalla, en donde emocionados vemos como un Capitán América al ondear la bandera de Estados Unidos, vence a un villano intergaláctico, frente a una película mexicana ganadora de festivales, que tras esfuerzos llega a la pantalla grande, se proyecta a una sala casi vacía de una función a las diez de la noche un martes.


¿Y AHORA EL T-MEC?


Ahora con el sucesor del TLCAN, es decir el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como país interesado en un desarrollo y conservación de identidad cultural y soberanía cinematográfica y comercial, debemos estar al tanto de las cláusulas que afectarán o beneficiarán al país en materia de cultura, tanto para consumidores como trabajadores.


El T-MEC entrará en vigor el próximo mes de Marzo 2020, dicho tratado fue firmado por el ex presidente Enrique Peña Nieto, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.


Fuentes: Hernández, Jesús (2017) EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMÉRICA DEL NORTE Y LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA MEXICANA Ciudad de México: Seminario Universitario.

Con información de: Zoom f7, y Publimetro

*Andrés Lechuga es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Es periodista, y escritor amante del cine. También habla sobre él en Fuera de Foco.

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