Hace mucho que tomé la decisión de considerar que el presente es la mejor época que tenemos para vivir. Y por una sencilla razón, porque no nos conviene clavarnos en la nostalgia de los tiempos idos y porque es en el día a día que podemos confeccionarnos un mejor porvenir.

Esto de ninguna manera representa ignorar las enseñanzas del pasado y dejar de echar mano a lo que ha demostrado ser bueno; tampoco implica eliminar cualquier mirada en prospectiva porque las cosas se hacen buscando alcanzar objetivos.

El ambiente ríspido que vivimos en esta época puede llevarnos muchas veces a añorar el pasado pero siendo realistas la añoranza no resuelve la realidad actual.

Esta época entre otras cosas está marcada por frecuentes expresiones que demuestran el nivel de degradación social en el que hemos caído. Los avances tecnológico y las redes sociales como difusoras sin filtros de lo que pasa, de lo que se cree o de lo que se inventa, son la personificación de esta sociedad que se muestra desesperada por sacar su frustración o presumir sus cosas.

Entiendo que para que exista el bien, necesita darse el mal. Que el vaso siempre tiene contenido y a veces se ve medio lleno y otras medio vacío y que ese enfoque demuestra la actitud con la que se decide observarlo.

También entiendo que en el Universo tienen que convivir por lo menos dos fuerzas para que se de la materia, para que sucedan las cosas y para que la evolución siga su curso.

He aprendido que las relaciones humanas son de dominio para que prevalezca una u otra forma de pensar o manera de actuar.

Y cuando veo tantos y tan tremendos acontecimientos que ponen a prueba nuestros valores, nuestra capacidad de asombro y nuestras ganas de actuar o de ignorar, me pregunto qué es lo que tenemos que hacer para que las cosas mejoren y las respuestas que atino encontrar muchas veces me parecen ingenuas o insuficientes.

Ayer escuché parte del testimonio que dió el asesino de Ingrid. Me dejó asqueada por decir lo menos. No pude evitar pensar en los deudos de la mujer, en lamentar cómo se degradó su dignidad; pero también en las posibles causas que pudieron llevar al asesino, a hacer lo que hizo.

Soy una convencida de las desventajas a las que en muchos aspectos está condenado el género femenino y los feminicidios, la violencia contra las mujeres, el acoso, etc; son una expresión de esa desventaja. Pero aunque es muy necesario continuar impulsando el respeto y los derechos de las mujeres, no podemos limitarnos a observar solo un género. Necesitamos ver la situación de forma global, como humanidad.


Más que buscar defender la pertenencia al grupo conservador o al progresista, a la chairiza o a los fifís, dejémonos de calificativos escatológicos y veamos cómo mejorar nosotros mismos e incidir en nuestro entorno inmediato.


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Hablando de entornos, el centro de la ciudad de Hermosillo no logra ser un punto atractivo turísticamente hablando.

Muchas son todavía las deficiencias que exhibe y los atractivos pocos.

Sin embargo, el centro de la ciudad sigue siendo punto de encuentro para muchas personas y es un espacio en el que principalmente el comercio busca florecer.

Imponer orden en cualquier demarcación es todo un reto para las autoridades en turno.

Lo es porque tienen que enfrentarse a una dinámica heredada que se ha conformado con ideas que en su momento fueron consideradas las mejores y con concesiones que se otorgaron para impulsar un espacio, para devolver favores o fortalecer alianzas.

Toda autoridad llega pensando o haciéndonos creer que ha de establecer medidas que van a significar mejoras para todas las partes involucradas. Lo hicieron antes, lo hacen ahora.

Por lo pronto y en lo que respecta al centro de Hermosillo seguramente muchos automovilistas aplaudirían una acción que mejore el funcionamiento de los parquímetros que administra el comité que existe para manejar lo relativo a la organización en ese también llamado cuadro de la ciudad.

Los señalamientos son cada vez más abundantes en el sentido que los parquímetros están marcando mal y posibilitando en consecuencia la aplicación de multas porque cuando el agente se acerca supuestamente el tiempo para el cual se pagó por estacionarse en el sitio, ya ha terminado.

Muy ilustrativa para ese y otros temas, resultó la conversación que tuvimos ayer en el Grupo Compacto de Columnistas con Gino Saracco el director de Inspección y vigilancia del Ayuntamiento de Hermosillo.

Sin duda la transparencia de lo recaudado vía parquímetros y multas en ese cuadro, que administra el Comité de comerciantes del centro, es algo sumamente necesario y en lo que tienen que aplicarse por un lado los comerciantes y por otro las autoridades toda vez que de acuerdo a nuevos reglamentos, la aplicación de dichos recursos no puede hacerse ya si no tienen el VoBo del tesorero municipal.


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