La noche de alfombra roja que reúne tanto a los apasionados del séptimo arte, como a los gustosos por la cultura popular, finalmente sucedió este pasado domingo nueve de febrero en la ciudad de Los Ángeles, California. La 92.ª entrega de Los Premios Óscar dejaron entre muchas cosas, impresiones de extremos lejanos del medidor, ya que tuvimos malisimos, como excelentes sabores de boca.

En los últimos años, las doradas estatuillas han sido focos de polémicas, debido a las injusticias dentro de las nominaciones y de los propios ganadores. Por ejemplo, la falta de consideración de películas encabezadas por talentos afroamericanos, por mujeres y por personas extranjeras se extrañaban.

Éste año se comprobaron los anteriores detalles con la ninguneada Greta Gerwig, directora de Mujercitas (2019), que si bien su película fue nominada en seis categorías incluyendo Mejor Película, ella no fue tomada en cuenta para Mejor Directora, y al final el metraje feminista, sólo obtuvo el premio a Mejor Diseño de Vestuario. Una categoría que la vestuarista mexicana Mayes C. Rubeo de Jojo Rabbit (Taika Watiti, 2019) merecía más por su desempeño en el satírico largometraje (no por ser mexicana, para que no se mal entienda).

Por otro lado, la claramente ignorada de la noche, en cada una de las diez categorías nominadas fue The Irishman (Martin Socorsese, 2019), cuyo único pecado fue haber sido producida por Netflix, un servicio de streaming que desde hace un par de años se ha incomodado al Hollywood tradicional, por incursionar en cintas más cinematográficas que sean proyectadas en salas de cine tradicional.

A parte de lo anterior, del cinematógrafo Rodrigo Prieto, y del productor sonorense Gastón Pavlovich que también la pagaron sin deberla, la primera cinta animada de Netflix, Klaus (Sergio Pablos, 2019) de igual manera fue hecha un lado, siendo por Toy Story 4 (Josh Cooley, 2019), que de las 5 nominadas a Mejor Película Animada, es la menos trascendente y cuya historia sigue explotada por el ratón gigante.

PARÁSITOS

La gran sorpresa de la noche, acompañada de un evento histórico dentro del mundo del cine, fueron en primer lugar las nominaciones por sí mismas al Óscar, para la película surcoreana Parásitos (Bong Joon-ho, 2019), y a parte las cuatro estatuillas finales que se llevó, siendo Mejor Guión Original, Mejor Película Internacional, Mejor Director y contra todo pronóstico, y por primera vez en la historia de la Academia, Mejor Película.

Es aquí en donde fueron cerradas la mayoría de las bocas, pues se esperaba la constante de la Academia por no permitir que un ‘largometraje de habla no inglesa’, como le llaman ellos, levantara el atesorado premio.

Detrás de todo esto existen varias razones, la primera, que los galardones a Parásitos representen la apertura de un camino para diversidad de películas que sean tomadas en cuenta no por su idioma ni su país de origen, sino por lo que narran en pantalla. Tal y como dijo el director Bong Joon-ho durante la 77.ª ceremonia de premiación de los Globos de Oro:

“Cuando superen la barrera de los subtítulos, podrán descubrir maravillosas películas”

Por otro lado, el cumplir con una agenda política o darle al público lo que desea, puede ser otra de las razones que hicieron acreedor a Parásitos como Mejor Película por sobre las historias estadounidenses. Es decir, que al final se trata de una estrategia mediática para mostrar una moral incluyente por parte de la Academia, que a su vez funcione como imán de audiencia. Sin embargo, cualquiera de las razones no elimina la increíble pieza que es Parásitos o Gisaengchung, en su romanización del coreano.

Después de todo, y como he dicho en otros textos, los Óscar deben verse como un buffet de opciones de películas estadounidenses, más que el único cine que existe, y por menos, el mejor del mundo.

Actualmente con un clic tenemos el acceso a millones de películas de distintas épocas, idiomas, géneros y países del mundo, por lo que cerrarse a la cartelera comercial de tu ciudad, cierra a su vez la forma de ver el mundo que fue, es y será.

*Andrés Lechuga es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Es periodista, y escritor amante del cine. También habla sobre él en Fuera de Foco.

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