El ir al cine puede resultar en una serie de experiencias positivas o negativas, dependiendo de la película, el complejo o las personas con la que asistamos. Saldremos de la sala como personas más enriquecidas, llenas de la barriga o satisfechas sexualmente, sin embargo, existe un sentimiento que es el resultado de lo que para muchas personas es una aventura que avergüenza, por lo que jamás lo harían, hablamos de ir solos al cine.

ANIMAL POLÍTICO

Aunque estemos hablando de algo sencillo como ir al cine, es necesario mencionar un hecho del cual somos parte desde hace miles de años, y dependiendo de las creencias individuales se tomará o no en serio... De acuerdo al filósofo macedonio, Aristóteles, somos animales políticos y sociales, lo que significa que vaya, vivimos en una sociedad que colabora entre sí para sobrevivir al compartir recursos, conocimiento, genes y conductas sociales, las cuales varían entre culturas.

Las conductas sociales y construcciones sociales son comportamientos y reglas no escritas que como primates con ábaco inventamos para no matarnos entre nosotros, y no procrear entre primos. Entre otras cosas, y para ir al grano, establecemos ciertas actividades como colectivas y otras a la acción íntima. Por ejemplo, leemos un libro, escuchamos música con audífonos, vamos al baño, y tomamos clases como un grupo en un salón, salimos con amigos de fiesta, y vamos al cine con amigos, la pareja o la familia. Faltando alguno de esos tres grupos de sujetos afectivos, surge el común pensamiento “qué miedo que me vean solo”, lo cual es completamente normal, pero que se puede deconstruir si así se desea.

EXPERIENCIA PERSONAL

Mi primera experiencia yendo al cine solo sucede durante mi primer año de licenciatura, por ese entonces llegó a la cartelera de Hermosillo la película The Last: Naruto The Movie (Tsuneo Kobayashi, 2014), el más reciente filme de uno de mis animes favoritos de toda la historia, por lo que claramente tenía emoción por verla y el tiempo, pero no con quien, tal detalle me generó algo de ansiedad por imaginar que al final del día no la vería. Sin embargo, tras una breve reflexión decidí ir, quizá porque mi fanatismo valía más que la vergüenza, o quizá por un sentimiento de efímera valentía, quien sabe.

En el complejo de cine sentí la mirada del taquillero al comprar un solo boleto, el rompe boletos ni me dirigió la mirada y el resto de los grupos de asistentes a una sala medio vacía murmuraban al verme de reojo, pero todos esos detalles se esfumaron de mis pensamientos cuando comenzó la película.

Al finalizar el filme animado japonés quedé satisfecho gracias a la imagen, el sonido y los cómodos asientos de la sala, además por la ilusión de ver a mis personajes favoritos de la pubertad, en una de sus aventuras habituales en una gran pantalla.

Después de todo, se trató de una experiencia íntima mayormente disfrutable por la ausencia de una compañía parlanchina o caliente, y de baja calidad en la pantalla de una computadora, en donde había mirado ese anime a lo largo de los años.

RETROSPECTIVA

Han pasado cerca de seis años desde esa aventura intrépida, que afortunadamente sigo repitiendo sin pensarla dos veces, además que mi profesión como periodista de cine me demanda ver las películas más recientes tanto en cines como en servicios de streaming, por lo que no llegaría a ningún lado esperando a alguien en específico.

Por otro lado, con el transcurso de los años aprendí que en la mayoría de las ocasiones el ver que la gente te señale o hable entre dientes, está dentro de tu cabeza debido a inseguridades y predisposiciones ante la situación. También aprendí que esa clase de “reglas sociales” realmente no importan, pues verdaderamente te frenan a disfrutar de experiencias por tu cuenta, como lo puede ser viajar, ir a comer a un restaurante, visitar un museo, etc.

Claro, tampoco pretendo alentar un aislamiento social, sino que propongo libertad total para disfrutar de la vida sin la codependencia. Por ejemplo, personalmente no disfruto ver películas que no son en su cien por ciento llamativas, pero al verlas junto a mi familia, amigos o una persona especial, se convierten en un momento invaluable e inolvidable, al que normalmente hago llamar ‘cine como experiencia colectiva’. Por mi lado, existen películas que debo ver sin compañía, por la experiencia interna que ocurre desde el momento en que se apagan las luces y proyectan los avances de próximos estreno, hasta que terminan los créditos.

LA VIDA NO ESPERA

Si es tu deseo ir a ver esa película para la cual no coincides tiempos con alguien, ve. Si deseas probar un platillo de restaurante que a nadie le gusta, ve y acábate el menú. Los boletos para irte de mochilazo por Europa están a un clic de distancia, ¿qué estás esperando? No tengas miedo de hacer cosas solo, ten miedo de quienes no pueden hacerlas.

No era mi intención que la columna de cine de ésta semana terminara en texto motivacional, sin embargo sucedió. De cualquier manera, no olviden ir al cine.

*Andrés Lechuga es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Es periodista, y escritor amante del cine. También habla sobre él en Fuera de Foco.

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