Uno de los más grandes cuestionamientos que siempre se le hizo al ahora Presidente de México fue una supuesta adversidad al sector empresarial. La penosa y errática idea de que ser de izquierda implica estar en contra de los empresarios, se convirtió, incluso, en un ataque sistemático en sus campañas por la presidencia. Nada más equivocado. Lo cierto es que, y Usted lo sabe muy bien, hay conductas empresariales que se enriquecieron, crecieron monumentalmente y desarrollaron inmenso poder e influencia, en las esferas políticas gracias a la corrupción, a una de las más grandes y profundas corrupciones que se han dado en la historia, una corrupción que puso en vilo la convivencia pacífica del país.

Considero que no se ha medido ni tasado verdaderamente el daño que la corrupción ha propiciado. Son crímenes sistémicos y no exagero. Por la corrupción muchos países han crecido defectuosamente, permiten abusos de otros países en sus medios ambientales, laborales, sociales, sistemas de salud, son verdaderos crímenes de Estado que han sido permitidos gracias a una legislación que lo promueve. Comprender la corrupción es entender que la realidad que vivimos es modificable. Lo que sucede es que consideramos que la costumbre no se puede transformar. Eso nos han enseñado y es un error. Todo se puede modificar, para bien y para mal. Y ellos, los corruptos creyeron que no queríamos cambiar las cosas. Porque les convenía. Hasta que vino este señor Presidente a cambiar muchas cosas, las posibles y por eso tiene tanto enemigo poderoso, enriquecido y envilecido con la corrupción; partidos, grupos de poder y fanáticos son los principales enemigos, los más irritados. Desprender de una adicción a la corrupción, genera una intensa irritación.

Por ello tenemos que reconocer que la mayoría de los empresarios permitió y se enriqueció de esa corrupción, empresarios que llenaban sus bolsillos con salarios indignos, con condonaciones multimillonarias de impuestos; empresas que compraban el silencio de los sindicatos que corrompían a su vez a sus empleados. Por ello hay que entender bien la posición original del ahora presidente de México, el tema ha sido, es y será la corrupción, la corrupción de muchos de esos empresarios, que intervenían licitaciones.

Por ello se vivieron tiempos difíciles en la relación con los empresarios, hasta que muchos de ellos comprendieron que era mejor dejar de tener ciertas actitudes y enfilarse a una nueva relación con el gobierno. Empresarios antes adversos ya forman parte de acuerdos, de proyectos, de planes. Ya no podrán comprar al gobierno, ya el puente al gobierno es otro…

Y esta semana se inició con otro puenteo con empresarios se presentó el gabinete para el crecimiento económico, a cargo del jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo. Romo declaró que sin crecimiento no hay nada que ofrecerles a los 50 millones de pobres (en el país), porque tenemos que generar empleo y crear entusiasmo para que México se convierta en el paraíso de la inversión. El presidente, -dijo- le planteó como instrucción fundamental eliminar trabas burocráticas para captar más inversiones. Y esto en el marco de la firma del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Eso coloca al país en una situación muy favorable para que siga creciendo la inversión extranjera y la creación de empleos en el país.

El entorno promete: hay finanzas sanas, peso fuerte, baja inflación, inversión extranjera y, lo más importante, honestidad, paz y gobernabilidad. La estrategia para captar nuevas inversiones es el Plan Nacional de Infraestructura. Imagínese, sólo para energía recibieron de la iniciativa privada 137 propuestas por 90 mil millones de dólares. En unas semanas se anunciará el plan energético y la línea será: crecer, quitar burocracia... y darle velocidad a todo”. El gabinete estará conformado por las secretarías de Hacienda, Energía, Comunicaciones y Transportes, Economía, Hacienda y Medio Ambiente, entre otras.

Ojalá esto despeje las mentes de los que todavía creen que el Presidente es alérgico a la empresa, que es comunista, que es estatista. Esta es una respuesta sólida de que la empresa, la iniciativa privada, es pieza fundamental de la economía y toda una tesis práctica de que empresa y gobierno pueden ir más que juntos, nada más que esta iniciativa estará privada de corrupción.

"La iniciativa, es voluntad así como la misma iniciativa de no más corrupción" Octavio Almada

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