Una cerveza siempre es bienvenida pero en ocasiones lo más indicado es seleccionar otra bebida que resulta igual de refrescante y deliciosa como nuestra cerveza favorita y que quizá quede mejor con el platillo que estemos por degustar. Para esto nada suena mejor que una de las tantas bebidas fermentadas que la cultura mexicana tiene desde la época prehispánica y que, una de las tantas cualidades que tienen, pueden ser producidas desde la comodidad de nuestra cocina, para los amantes de lo homemade o hecho en casa.
El tepache es una de estas delicias; su base es la piña, cuyas cáscaras se ponen a fermentar para, posteriormente, agregarle azúcar (dependiendo del gusto de la persona), lo que da como resultado una bebida dulce y con muy bajo porcentaje de alcohol. El tepache puede también prepararse con otras frutas, como la guayaba o cualquier pulpa de temporada. Dependiendo del tiempo que se deje fermentando, es decir, de los días, se obtiene más o menos acidez. A igual que el tepache, el tejuino es parte de los fermentados favoritos; se le conoce también como tesgüino y abunda en los centros de Nayarit y Jalisco, especialmente. Es un fermentado de maíz con piloncillo, algo más agridulce que un tepache, que se suele tomar con limón. Algunos hacen una diferencia entre tejuino y tesgüino, aclarando que el primero tiene menos fermentación mientras que el segundo es fermentado por más días lo que lo convierte en una bebida alcohólica; sin embargo para muchos ambos términos refieren a lo mismo. Esta bebida es, además, una con fines ceremoniales en algunas culturas del norte como la yaqui y la tarahumara.

Se encuentra también el fermentado de tuna que recibe el nombre de colonche. Muy popular en el bajío mexicano, es otra de las bebidas rituales del México prehispánico elaborada con la rojiza tuna cardona, proveniente del nopal, la cual se hierve por alrededor de tres horas para ponerse a fermentar por días, de preferencia en una olla de barro.
Aunque quizá la más popular de todas es el pulque. Este se produce a partir de la fermentación del aguamiel del agave o maguey pulquero. Para prepararlo de manera tradicional, se raspan las paredes de las pencas para extraer, después de algunos días, el aguamiel mediante un acocote y depositarla en un recipiente donde reposará para fermentarse. Con ella surgieron las pulquerías, en donde se aprovechaba no solo para convivir sino para embriagarse con la que era llamada la bebida de los dioses. Actualmente, hay variantes en la preparación del pulque y se ha ido reemplazando el maguey por la cebada, utilizada en la elaboración de la cerveza.


*Evelyn Medina es estudiante de la Lic. en Literaturas Hispánicas en la UNISON. Ensayista y apasionada a las buenas historias, sobre todo aquellas que se cuentan a través de los sabores. Combina sus lados de literata y foodie en su blog de Instagram @arracheramx. Tambien puedes seguirla como @evemedinag.


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