Durante seis horas, el corazón de Audrey Schoeman, una maestra británica de 34 años que vive en Barcelona, se detuvo y dejó de latir. Sin embargo, hoy Schoeman sigue con vida. Así tuvo lugar una de los casos de paro cardíacos más largo que jamás haya registrado la medicina.

El caso recuerda al de Anna Bågenholm que contamos hace unos años. La mujer que en 1999 tuvo la temperatura corporal más baja registrada (y luego recuperada) tras un accidente de esquí que la dejó atrapada bajo el hielo durante 80 minutos. Aquel día, el cuerpo de Bågenholm registró 13.7 ° C.


La asombrosa historia que tuvo lugar hace unos días con Schoeman como protagonista comenzó cuando la maestra desarrolló hipotermia mientras caminaba con su marido durante una tormenta de nieve alrededor de las montañas de los Pirineos en el norte de España. Irónicamente, tras sufrir un paro cardíaco, la hipotermia le iba a salvar la vida.

Al parecer, cuando la mujer británica dejó de moverse y cayó inconsciente, el marido llamó a familiares y amigos que estaban cerca y alertaron a los servicios de emergencia. Un avión la rescató dos horas después y la trasladaron al hospital. Para entonces, la temperatura corporal de Schoeman se había desplomado a tan solo 18ºC (la temperatura normal son 37ºC). Peor aún, su corazón dejó de latir al poco tiempo. Según explicó el doctor Eduard Argudo que la atendió:

Parecía que estaba muerta, pero sabíamos que, en el contexto de la hipotermia, Audrey tenía la oportunidad de sobrevivir.

Dos claves iban a permitir que la maestra salvara la vida. La primera: que el hospital contaba con una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea) que reemplaza temporalmente la función pulmonar o cardíaca. Para ello, elimina la sangre del paciente, la bombea con oxígeno y la hace circular por todo el cuerpo.


La segunda clave: como decíamos al comienzo, la hipotermia. Esa fue la única forma de que pudiera llegar hasta el hospital, con la temperatura corporal tan baja que, por decirlo de manera que pueda entender todo el mundo, permitió una especie de apagado o “stand by” eficaz del cuerpo, evitando que sus órganos y cerebro se deterioraran y sufrieran daños mayores. Según Argudo:

Aunque la hipotermia estaba a punto de matar a Audrey, también la salvó porque su cuerpo, y sobre todo su cerebro, no empeoró. Si hubiera estado en un paro cardíaco durante tanto tiempo con una temperatura corporal normal, hubiéramos estado certificando su muerte. Pero sabíamos que la hipotermia severa significaba que teníamos la oportunidad de salvarla, y por supuesto gracias a la ECMO.

Así, con la máquina conectada varias horas, aunque el corazón de la mujer técnicamente no latía, su temperatura corporal se calentó gradualmente hasta que estaba lo suficientemente alta como para que los médicos le pusieran en marcha el corazón administrando una descarga eléctrica con un desfibrilador.

Poco a poco su corazón comenzó a latir de nuevo de manera autónoma, y aunque su estado era grave con muchos de sus órganos principales luchando por la falta de oxígeno durante tantas horas, la paciente se recuperó por completo tras 12 días de tratamiento en el hospital.

Fuente. gizmodo.es


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