Se la ve muy fresca y jovial, su piel lozana refleja el brillo del sol; sus brazos se agitan al compás de la música. Y mientras cae la tarde, los invitados se van uno a uno. Mañana será lunes y comienza nuevamente la rutina. Y entonces, el hastío y fastidio que le provoca ir a su trabajo se apoderan de ella.

Se siente sola. Combinar la maternidad con el trabajo le ha costado mucho. Se divierte cuando sale con sus amigas, y pasa gratos momentos en algún que otro encuentro familiar. Pero algo le falta; su sonrisa no es genuina y siente un gran vacío en su vida que no sabe cómo llenar.

Esta escena es muy familiar para muchas personas. En una sociedad donde nos cuesta mucho escuchar a nuestro yo interno, a nuestros deseos más profundos, el camino a la felicidad se hace cuesta arriba.

La felicidad no es la meta, es el camino

Con el correr del tiempo, y tras la experiencia que nos da la vida, nos vamos dando cuenta que la felicidad no es un momento efímero. No es un instante ni tampoco está necesariamente supeditado a un acontecimiento especial.

La felicidad, es un máxima expresión, es un camino, un transitar. Elegimos ser felices, a pesar de todo lo que quisiéramos pero no tenemos. Elegimos ser felices a pesar de las desgracias que nos han ocurrido.

Quien vive la felicidad como una meta se olvida que la misma se encuentra en el propio sendero de la vida. Esos despertares con unos pequeños bracitos rodeando tu cuello, un desayuno a la cama, y una comida en familia con lo que hay, pues no siempre un banquete lujoso es garantía de felicidad.

La felicidad de sentirme amada

Hace unos años atrás, cuando yo vivía en el extranjero, tenía un excelente puesto laboral y ganaba muy bien. Podía ir de compras y elegir lo que quisiera, vivía en hoteles 5 estrellas y me pasaba muchas tardes tomando sol en la piscina.

Y sonreía. Me mostraba siempre contenta, pues en realidad, no tenía nada de qué quejarme, y en verdad me sentía feliz. Pero luego, en el último año antes de volver a mi país, comencé a sentir que había algo que me estaba faltando, y no tenía nada que ver con el dinero. Me sentía sola.

Hoy, no tengo el acceso a los lujos que tenía. No como comida gourmet ni tampoco me la paso como una reina. Hoy elegí ser feliz con todo lo que tengo, pues me di cuenta que mi corazón anhelaba una familia.

Y aunque muchos no entienden cómo elegí volver y dejar esa vida de ensueño, solo para formar una familia con quien me esperaba pacientemente en mi país, mi alma tiene el sosiego que ansió durante mucho tiempo. La felicidad de sentirme amada no puedo compararla con nada más en el mundo.

Y tú ¿eres feliz o solo sonríes?

¿Te ha pasado alguna vez que notas internamente cómo disfrazas tus emociones? Para muchas personas, el qué dirán es muy importante. Especialmente hoy, en una época donde esta sociedad se caracteriza por el consumismo y la cultura del placer; donde si no tienes, no eres.

Entonces, compras ese carro, te endeudas hasta la coronilla, te gastas tus últimos centavos en la fiesta más cara para impresionar a los demás. Y luego, cierras la puerta de tu casa y te sientes vacío. Tu sonrisa se desdibuja y te agobia el estrés de el esfuerzo diario de llegar a parecerte a los demás.

Es duro fingir la felicidad a través de una constante sonrisa. Nos obliga a reflexionar qué es lo que estamos priorizando en nuestras vidas; qué es lo que nos falta para ser feliz, y sobre todo, por qué no podemos ser felices con lo que tenemos.

La felicidad es estar rodeados de afecto

Según la ciencia, la felicidad es estar rodeado de amigos. es simple: Sentirse querido es más que suficiente para sentirse bien. Cuando te sientes querido o amado tienes la fuerza, el empuje y el valor para lograr lo que emprendas en pos de la felicidad.

¿Qué hacemos cuando queremos festejar algo? ¡Nos juntamos a comer con la familia y con los amigos! Nadie se encierra solo en su casa a saltar de contento por un trabajo que ha conseguido o por el nacimiento de un hijo. La felicidad en la vida está en amar y compartir. Y es eso lo que tenemos que tener en mente cuando nos fatiga el día a día o miramos qué tiene el otro

Mientras te rodees de personas que te aman, y mientras ames con el corazón bien abierto, tu sonrisa será genuina y diametralmente equivalente a tu felicidad. ¡Sonríe! Y contagia de felicidad a quienes te rodean.


Fuente: familias.com


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