Es una de las ofrendas que siempre encontraremos en el altar y es que los tamales acompañan al mexicano en cada celebración importante y, si es posible, los 365 días del año. Vienen del náhuatl “tamalli”, nombre que designaba a distintas preparaciones hechas a base de maíz y envueltas posteriormente en hojas de la misma planta o de otras como la del plátano. En la “Historia general de las cosas de Nueva España”, texto de Bernardino de Sahagún que data del siglo XVI, se habla de las distintas variedades de tamales “unos de ellos blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondos ni bien cuadrados, otros colorados…” y no es de extrañar que la gran variedad de tamales que México tiene vengan desde épocas tan antiguas, pues también en el “Códice dresde”, un libro maya del siglo XI, se menciona la existencia de tamales de iguana, de pescado y de ciervo.

Se dice que su origen fue en Mesoamérica y que, a partir de ahí, se llevaron a otras zonas del sur de América donde también son bastante comunes. Eran parte de los rituales de las culturas prehispánicas como los aztecas, quienes tenían una fiesta donde solo se consumía tamales de agua, es decir, tamales sencillos de pura masa cocinada al vapor sin ningún otro ingrediente. Otras festividades y rituales también incluían ofrendas con tamales e incluso la preparación de unos tamales de amaranto.

Si bien se pueden encontrar distintas variedades de tamales en América, es en México donde existen más variaciones del platillo, pudiendo degustar distintos rellenos dependiendo de la región del país, tales como tamales dulces o salados, de puerco en salsa verde o salsa roja, de mole, de frijoles, etc.
Uno de los más conocidos en México son los tamales oaxaqueños, que tradicionalmente suelen estar envueltos en hojas de plátano y acostumbran estar rellenos de mole negro o rojo. Los de Yucatán, famosos por su relleno de cochinita pibil, también son de los favoritos muy diferentes en su receta a los tamales del norte, como los de Sonora o Baja California, en los cuales se agrega la pasa y la aceituna, o se prepara un tamal de elote salado con rajas de chile, o a los de Sinaloa, donde es posible encontrar rellenos de mariscos.
Es en la región de la huasteca donde se cocina uno de los tamales más grandes y famosos de México: el zacahuil, un tamal gigante cocido bajo el suelo que puede medir hasta más de un metro. Este mega tamal se prepara en fiestas pues sirve para alimentar a gran parte de los invitados, tardándose entre 8 y 12 horas para estar listo. Otro de los clásicos es la guajolota, mejor conocida como la torta de tamal, un platillo típico en la CDMX que suele ir acompañado de un atole. No podían faltar, por supuesto, los tamales chiapanecos, los cuales se distinguen por sus peculiares ingredientes, tal es el caso del tamal de cambray que es elaborado con masa rellena de papa, huevo cocido, chicharrón, zanahoria, pasas y carne de cerdo o pollo con salsa de chile mulato, ancho o pasilla, según el diccionario culinario de Larousse.
¿Has probado algún tamal con un relleno excéntrico? ¿Cuál es tu favorito?

*Evelyn Medina es estudiante de la Lic. en Literaturas Hispánicas en la UNISON. Ensayista y apasionada a las buenas historias, sobre todo aquellas que se cuentan a través de los sabores. Combina sus lados de literata y foodie en su blog de Instagram @arracheramx. Tambien puedes seguirla como @evemedinag.




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