Hace algunos años, cuando hice mis visitas al cine una constante en mi vida, me sorprendía la variedad de películas que había. Acción y aventura para el papá que lleva a los hijos un domingo por la tarde. Romance para la novia, y el novio obligado. Comedia para los amantes del cine nacional. Hasta había una sala para el apasionado por el cine de arte; que era una función a las diez de la noche, en donde sólo estaba esa persona y el empleado del cine en una esquina.

Ahora, varios sitios piratas y cuentas ajenas de netflix después, me doy cuenta que no existe tal variedad en las salas de cine comerciales. Al menos en México (país, no ciudad) predominan las películas estadounidenses, y los quemados refritos de comedia romántica.

Más de quince salas de cine se dividen entre la película de acción del semestre, la comedia desechable, y la animada del ratón.

LA MISMA CARTELERA DE TIJUANA A YUCATÁN


Seguramente para quienes consideran el cine como mero entretenimiento de fin de semana, les será inocuo si hay o no las mismas películas en Hermosillo, Tepic, o cualquier ‘provincia’ del país.

En cambio, quienes buscamos más opciones del séptimo arte nos frustramos, al ver cada día pan con lo mismo en la cartelera comercial. Al menos que se viva en la Ciudad de México, donde existe un poco más de variedad en los complejos comerciales. Eso, sin mencionar las salas de cine alternativas, empresas de cine más pequeñas, espacios de cineclubes, etc., con las que cuentan los privilegiados capitalinos.

Todo esto podría sonar exagerado, pero no lo es del todo. Porque estamos hablando de un medio de expresión masivo y peleado por muchas personas. Pero que al final del día es entregado a las mismas voces una y otra vez. O si se les brinda la oportunidad a nuevas visiones, posteriormente se encuentran con el poco o nulo apoyo de las dos grandes cadenas en el territorio nacional.

Por otro lado debe siempre tomarse en cuenta que los apoyos gubernamentales brindados a proyectos nacionales salen del erario. Los billetes que se van hacia el IMCINE, a la Secretaría de Cultura, o al FONCA, deciden cuánto dinero dar, y sobre todo a qué proyectos destinarlos. Es decir que, sí, esa película que trata de lo mismo, y que ocupa la mitad de las salas, se hizo más o menos con tu dinero.

OPCIONES ALTERNATIVAS

Los rancheros cinéfilos que no hemos tenido la suerte de nacer en una ciudad llena de smog, tenemos que buscar los trabajos de los cineastas que amamos, por otras vías, sean legales o ilegales.

Un poco atrás se menciona de forma breve a los cinéclubes, los cuales ofrecen el contenido ‘alternativo’ que jamás llegaría a ciudades pequeñas ni por error de programación. En Hermosillo por ejemplo, está ‘Cinégoga’ en la Universidad de Sonora, y ‘La Chora - Cinéclub Itinerante’ por su lado. Que además de proyectar los más recientes trabajos de un realizador en específico, diseñan ciclos de cine relacionados a un tema en particular. Exponiendo así el punto de vista de diferentes de directoras y directores.

Las plataformas de streaming son un salvavidas por sí mismas. Tal y como mencioné en mi columna de la semana pasada, existen diferentes para cada público objetivo. Por lo que sólo debe buscarse entre las docenas y docenas de opciones por contratar para sobrevivir en pueblo chico.

EL PODER DEL CONSUMIDOR

El cine además de ser un arte, es un negocio. De su trabajo en producciones sacan el pan de cada día cientos de personas para sus familias. Sin embargo, quien paga la suscripción mensual, o quien paga el boleto en taquilla, sobre todo, debe entender el enorme poder que tiene sobre las películas que se generan a nivel nacional.

Un hecho como ir o no a ver una producción, dirá mucho a las grandes casas y a los complejos de cine sobre qué y a quiénes se debe apoyar. Porque en la mayoría de los casos, a magnates de anillos de oro y puros humeantes, no les interesa la fotografía, el diseño de producción, el sonoro, o todo eso que hace al cine, cine. Sino cuánto dinero generará en taquilla su inversión.

No sólo en el cine el consumidor tiene el poder, sino en cada lugar donde des dinero a cambio de un producto o servicio. En México hay empresas que tratan con la punta del pie a sus clientes, y por ende, esos mismos se dejan. Como si nos hicieran un favor al vendernos algo.

Como consumidor de cine en México se debe estar consciente, ya que al final del día, es mucho mejor disfrutar de una película (y si es mexicana y buena, mucho mejor) en una sala oscura con la mejor calidad de sonido e imagen. Que en una pantalla de celular, en el transporte público camino a tu destino.


*Andrés Lechuga es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Escribe de cine en varios medios nacionales e internacionales. Apasionado por la poesía, la prosa y el arte en cualquier manifestación”

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