Esta semana quise dedicar la columna al tema de la revocación de mandato. Pero es tal la velocidad de acontecimientos importantes que lo haré en dos partes; la segunda será sobre Culiacán.

Y son dos fenómenos de gran importancia que se dan sucesivamente en estas semanas en donde nadie tiene tregua.

La revocación de mandato es una de las añejas ideas del Presidente López Obrador. Y es un dispositivo democrático que ha tratado de ser confundido casi a niveles de idiotez, con la reelección. Este paso inédito de otorgarle poder a la ciudadanía de remover a quien ocupe la presidencia en sus primeros tres años es un inédito instrumento ciudadano en la historia política del país. Es tal su dimensión que la adversidad opositora está francamente asustada.

Esta herramienta, ya con poder constitucional, es una reflexión sobre el poder, una forma de debilitar la autocracia en el poder máximo que se somete a un escrutinio social y le da oportunidad a los ciudadanos de no esperar el ciclo sexenal para que un mandato concluya. Y esto tendrá que permear a los estados, a los gobiernos estatales que también tienen una duración de seis años. No ha habido una aportación democrática más sustantiva para contribuir al enriquecimiento del concepto de democracia. Por eso se trata de ocultar, por eso se pretende esconder su poder. Imagínese, el tan rígido esquema presidencialista que se cerraba en sí mismo para proteger planes nacionales de gobierno que han lastimado severamente la vida de millones, ahora no tendrá que esperar más que tres años. Eso es un garante de que los presidentes de aquí para delante tendrán que estar más cerca de las mayorías. Y el presidente López Obrador no lo deja para después, empieza por el mismo. ¿Cómo ven? El juez por sí mismo empieza. Es hora de limitar los poderes políticos. Esto se suma a menos diputados y senadores, menores salarios a funcionarios, la corrupción como delito grave. Se puede decir que desde Presidencia se está destruyendo práctica y positivamente una cultura política enferma que nadie se atrevía a tocar. López Obrador reconstruye las reglas de juego de la convivencia política.


El otro tema que ha sacudido la opinión pública y que es todo un tema de tesis de comunicación social es la decisión presidencial, así lo asume el presidente, de lo sucedido un enfrentamiento con un presunto delincuente en culiacan. Este asunto tardará en semanas en decantarse porque la superficie del acontecimiento se revolvió demasiado. Pero no se trató más que un subrayado en el concepto de seguridad pública que el Presidente avisó desde el principio: No a la guerra contra el narcotráfico, no al colosal error de confrontarse a sangre y fuego con la ciudadanía en medio. Ese error garrafal que no se ha asumido con honestidad por Felipe Calderón, fracturó mucho territorio y convivencia social del país y no sirvió más que para que el crimen organizado actuara con mayor ferocidad y despliegue. La organización delincuencial decididamente se incrustó en la sociedad, en las costumbres y los imaginarios sociales, sobre todo en la cultura del entretenimiento que consume con avidez las vidas de narcotraficantes.

La decisión de no confrontar quiso tomarse como una falta de valentía, pero qué lejos está presidencia de ello. El Presidente simplemente tasó la vida en su máximo valor antes que quedar bien con ese entorno machista que quiere sangre a todas horas sin medir consecuencias. Tardará en entenderse esta decisión. Muchos navegantes de las redes que han vivido de cerca con la actividad del narcotráfico han entendido a cabalidad esta idea de no confrontación pues ellos vivieron en carne y experiencia propia la inmensa inhumanidad del crimen organizado. Ellos sí entienden de no confrontar un proceso delictivo que se dejó crecer, que nunca se pudo inhibir y que afectó, a veces con terror, sus vidas cotidianas de trabajo y estudio.

Entonces tenemos en esta semana dos fenómenos de la política que han entrado en franca actividad: la revocación de mandato y la decisión de no entrar a la guerra contra el narco. De hecho estas ideas ya habían sido presentadas, pero verlas materializadas en los eventos de la gobernabilidad es otro mundo. Ahí está, juzgue usted.

" La aportación más sustantiva y rica en una democracia es la revocación de mandato" Octavio Almada

@Octavioalmada1
@ElCobanaro




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