Mucho se ha hablado de las implicaciones del grito de conmemoración de la Independencia del pasado 15 de septiembre. Se especula, se imagina y se interpreta casi con ansiedad, algunas veces con puntualidad otras con la natural exageración de ambos lados, pero ahora, ya pasada la euforia, la fiesta, la búsqueda de símbolos quisiera dar un sentido diferente a ese grito que bastante tiene de peculiar, un sentido de discurso político a través de una de las reiteraciones del poder político presidencial que mucho trazó y repasó el partido de estado, el panismo y la intentona de restauración esperpéntica del peñismo. Esta semana, por cierto, se cierra el ciclo grotesco de la reforma estructural educativa que quedará en la memoria como la frustrada cruzada contra el magisterio que costó miles de millones en tratar de legitimarla. Eso es parte del peñismo que pudrió su fase neoliberal en México. Aunque se intente restaurar en el futuro, no se podrá restituir de la misma manera porque los cimientos que se están fraguando serán poco menos que indestructibles.

Volviendo a la ceremonia del grito asumido como un discurso político, un anuncio de lo que viene quiero hacer varios señalamientos. El Presidente presentó un acto protocolario pensado, no reiterativo ni logísticamente repetitivo, de la parsimonia tipo monárquica que tanto gustó a las personalidades políticas anteriores que adolecían de frustraciones personales para tratar de compensarlas con ceremonias de presunción, oropel, besamanos y elogios. El Presidente López Obrador dislocó los nodos simbólicos del acto del presidente-monarca para reconfigurarlo como un acto del Presidente de la República para el pueblo.

Todo fue pensado, desde los 20 vivas, hasta los eventos de la convivencia en la plancha del zócalo y sus calles aledañas.

Recuerden ustedes los anteriores gritos. Las televisoras convertían la fiesta popular en un plató televisivo controlado por un grupo de comentaristas seleccionados del elenco de noticieros para darle el formato de verdad oficial= verdad televisada. Eso se rompió de origen, pues al liberar al presupuesto de los negocios televisivos, obviamente las televisoras minimizaron el grito, por ello se decidió transmitir la fiesta popular por los medios del estado y se logró un rating no comercial inédito en la historia de las transmisiones del grito de Independencia. Esto es un anuncio de que la misión comunicativa del gobierno federal a partir de ya, será emitida en mayor espectro por la televisión estatal y con contenidos serios y formativos. Lo vimos en las intervenciones de comentaristas que sabían de cultura histórica e inscribieron con cuidado artesanal, la independencia a sus procesos históricos causales. Y, por si fuera poco, a esto se suma a la crisis de las televisoras que han visto muy disminuidos sus ingresos por los añadidos de crisis de interés por sus programaciones, crisis de ingresos desde gobierno, crisis por el desarrollo de Internet, redes sociales y empresas de series televisivas que se multiplican. La televisión como la conocimos, de medio de control informativo y de contenidos, se está terminando. Ahora los consumidores controlan su propia barra de entretenimiento y de acceso informativo.

Otro: La pasarela para la recepción de la bandera que la televisión se encargaba de transmitir. Una pasarela harto simbólica que reunía empresarios, políticos de control, políticos de sometimiento. Una pasarela que describía paternidades y parentelas políticas, afinidades, apetitos de elogios y relumbrón, apegos y deudas, incluso servía de pasarela de modas, joyas, peinados, perfumes caros, restiramientos de cirugías, casimires importados, relojes barrocos y maneras de supinación muy de pena ajena. Eso se acabó: Vimos solamente a la pareja presidencial sola, absolutamente sola. ¿Anuncia eso algo? Por supuesto que sí. Anuncia autonomía total, un carácter lo suficientemente maduro para no necesitar de elogios, aplausos ni besamanos de la clase política dominante. No se le debe a nada a nadie de ese estrato socio-político. Y avisa que así serán las cosas. Ni presiones, ni negocios políticos, ni acuerdos, ni coro de refuerzos, ni rastro de una tradición monárquica descompuesta en el poder político. El presidente, ahí dentro, avanza solo para comunicarse con su único interés, la gente de fuera, los miles de personas que hervían de alegría por ver una imagen que muy pocos esperaban: un luchador social que se partió el alma por estar en esa ventana y desplazar esa pasarela de descomposición moral por la legitimidad que se enorgullecía por ver materializado un sueño, el de elegir un presidente que los representa cabalmente.

Otro: la pareja en la ventana. ¿Porqué dejar el recurso de mostrarse en familia en la fiesta eminentemente popular? Algunos de mente conservadora lo vieron mal, pero todos entendimos que la familia es aparte del poder político, es una dimensión emocional distinta. Si el grito en estos tiempos pretende reproducir a un hombre como el cura Hidalgo que alentó a un movimiento revolucionario por la liberación, eso no es un tema familiar, es un tema político de refrendo con el símbolo originario, un llamado a la liberación de los opresores. Eso anuncia, que los próximos años, la lucha contra la opresión continuará en el mismo tono, erradicar la corrupción, romper con el modelo poder económico-poder político, pugnar por una distribución de la riqueza que favorezca a los que menos reciben de esa riqueza que se produce en términos de mayor proporción por los trabajadores y campesinos.

Y el grito: Se mencionó a entidades sociales, anónimas, a conceptos, a energías comunales. Y se rubricó con tres vivas que dejaron ver un tono emocional que no se había visto: un grito que reorienta las voluntades, que las dirige, que las acentúa moralmente. El último grito, casi un rugido, que recogía nuestro coraje contenido, nuestra carga de rabia por las injusticias, que manifestaba un categórico acto de presencia, de fuerza y de decisión. Un grito que verdaderamente representó lo que nos silenciamos por tanto tiempo: un grito de aquí estoy, aquí arriba, donde ustedes me pusieron. A nueve meses de presidir la Nación, el grito de Independencia, después de décadas, vuelve a ser un grito de legitimidad.

" El grito de años, pero años de lucha y transformación" Octavio Almada


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