En los humanos, no sirve de nada.

Lo que causa la piel de gallina es la contracción de unos músculos diminutos llamados arrectores pilorum que están en la base de cada vello.

En animales más peludos, como las ratas, gatos y chimpancés, esa reacción al frío tiene un propósito real: hacer que el pelaje sea más tupido para dar más resguardo.

Pero con nuestra piel prácticamente desnuda, que se nos paren los pelos no sirve para protegernos del impacto de la temperatura.

Otra función del fenómeno es que puede hacer que el animal parezca más grande y por ende más fuerte y aterrador, un efecto que es parte de la respuesta a la lucha o huida que provoca la adrenalina.

Aunque la piel de gallina no nos hace ver más grandes o aterradores, probablemente heredamos esta reacción ahora superflua.

Eso puede explicar por qué a algunas personas se les eriza la piel cuando escuchan música o experimentan emociones fuertes.



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