Todos sin excepción tenemos miedo de algo. Pero… ¿Qué es el miedo? ¿De donde sale? ¿Por qué a unas personas les dan miedo unas determinadas cosas y a otras personas otras diferentes? y… ¿Por qué a veces nos dan miedo cosas que sabemos que no suponen ningún peligro?


El miedo cumple una función muy adaptativa que es avisarnos de que hay algún peligro y de que por lo tanto tenemos que hacer algo para remediarlo. Sin embargo no todo lo que tememos (me atrevería a decir que ni la mitad) supone un peligro real entonces ¿Por qué seguimos teniendo miedo?


La respuesta es sencilla, no somos miedos, no nacemos con miedos. Nacemos con la capacidad de sentir miedo y en función de nuestra historia personal aprendemos frente a qué cosas debemos sentirlo.


¿Crees que si dejan a un bebé al lado de un León que se está echando la siesta sentirá algún tipo de temor o seguirá jugando igual que lo hacía en su cuna? Yo voto por la segunda opción… El bebé no sabe que el león es peligroso y que si quiere le puede convertir en su aperitivo, lo cual es cuanto menos “un poco” doloroso e incómodo. Entonces ¿Qué razón hay para temer a ese dulce león que duerme plácidamente?


Puede que haya algunos miedos innatos como a los estruendos, a los golpes, a no tener cubiertas las necesidades básicas, etc… sin embargo la inmensa mayoría de los miedos no vienen de serie, si no que se aprenden después del nacimiento.


¿Cómo aprendemos a tener miedo?


Aprendemos a tener miedo por asociación. Asociamos determinados estímulos con algo que puede ser peligroso, causarnos daño o con determinadas reacciones fisiológicas de activación.


En el caso del experimento mostrado en el vídeo se asocia un estímulo que provoca una respuesta de miedo con otro que en un principio no la provocaba pero que por asociación comienza a provocarla. Albert aprende que cada vez que aparece el ratón pasa algo malo, algo que no le gusta y que le asusta, por lo tanto concluye que el ratón debe ser un aviso de algo malo y por tanto algo que debe temer.


Sin embargo la manera en la que aprendemos a tener miedo a determinadas cosas no siempre es tan clara y tan explícita, de hecho, la mayor parte de las veces asociamos cosas sin darnos cuenta de que este proceso se está dando. Recibimos determinados mensajes, anticipamos determinadas consecuencias, sentimos determinadas emociones, que sin quererlo ni beberlo puede quedar asociadas a cualquier estímulo del medio.


De pequeños nos dicen que la gente es mala y que no debemos hablar con desconocidos, que si te portas mal te quedarás solo y nadie querrá jugar contigo, que cuando no haces lo que te piden estás desobedeciendo y desobedecer es algo malo que debe ser castigado. No es de estañar que encontremos tanta gente tímida, con fobia social, manteniendo relaciones que no le compensan por miedo a la soledad, soportando trabajos que no son de su agrado o haciendo lo socialmente establecido por miedo a disgustar a su entorno.


Además tenemos días malos, en los que estamos tristes, ansiosos o recibimos noticias que no nos gustan para nada. Y aunque no nos apetezca nada esos días también tenemos que salir a la calle, ir a trabajar, y tomar contacto con el mundo que nos rodea pudiendo asociar estas emociones con cualquier estímulo del medio. Imagina que acabas de recibir una noticia que te genera una gran ansiedad, (se a muerto un familiar, tu pareja quiere el divorcio, suspendiste la oposición, te van despedir del trabajo, etc…) sales de tu casa super activado y te metes al metro donde encima hay mucha gente y hace calor (cosa que favorece el agobio y el malestar), puede que no pase nada y al cabo del rato te relajes, pero también puede que el metro se quede asociado con esa activación, haciendo que la próxima vez que entres al metro te sientas ansioso y de esta manera aprendas a tener miedo al metro. (Esto mismo puede ocurrir con cualquier otra cosa o lugar)


Además nos gusta poco la incertidumbre, y en las situaciones que no podemos controlar tendemos a anticipar consecuencias negativas. He oído a muchas personas decir que prefieren pensar en negativo porque así si el resultado es positivo se llevan una alegría y si no, al menos el golpe no es tan fuerte. Tengo que decirte que esto no es cierto, pensando así solo conseguirás sentirte mal mientras anticipas lo mal que te van a ir las cosas, y te volverás a sentir mal si finalmente te salen tan mal como pensabas. Tampoco te voy a decir que veas todo de color de rosa y que pienses que toda va a salir genial (aunque si tengo que elegir una opción por supuesto me quedo con la segunda), simplemente que no le des vueltas a las cosas que no puedes saber. La incertidumbre es algo que no suele gustarnos, sin embargo la vida está llena de incertidumbre, por lo cual no está de más aprender a tolerarla.


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